Julio 21, 2017

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El director de 327 cuadernos, el documental que recoge los últimos días del escritor Ricardo Piglia y la elaboración de sus elogiados Diarios de Emilio Renzi, dice que los documentales de escritores son una extensión de géneros literarios fundamentales del siglo XIX, como los epistolarios y los diarios.

por matías hinojosa

El documentalista Andrés Di Tella estuvo en Chile para celebrar los 10 años de la Cátedra Abierta Roberto Bolaño. Durante la ocasión, en la que conversó con el escritor Diego Zúñiga, se refirió a su relación de amistad y trabajo con Ricardo Piglia, quien fue, por lo demás, el primer invitado a este ciclo de charlas en 2007.

La presencia de Di Tella en el marco de una actividad cuyos invitados suelen ser escritores, no resulta para nada extraña, pues la literatura ha sido su modelo y un tema que ha cruzado buena parte de su filmografía. Esta tensión entre cine y literatura está muy presente en 327 cuadernos, su película de 2015, donde Di Tella siguió a Ricardo Piglia durante la revisión de sus diarios de vida. Sin ser un documental biográfico, la cinta es una reflexión sobre la imposibilidad de dar cuenta de una vida completa. Una reflexión sobre el género mismo del diario.

Ahora, gracias a YouTube y otros soportes visuales podemos ver y escuchar a nuestros escritores favoritos. ¿Cómo ve esta relación entre literatura y video?

La verdad es que nunca llegamos a conocer a nadie: Ricardo Piglia me decía que leyendo sus propios diarios se encontraba con un desconocido, que sentía como si fueran de otro. Y ahí está un poco la explicación de por qué termina entregándole su vida a un personaje de ficción como Emilio Renzi. A mí me parece que ese gesto encierra la idea de que ni siquiera uno mismo sabe quién es. Cuando hice 327 cuadernos quise mostrar a un Ricardo Piglia distinto del que se ve en los programas de televisión o en otros registros en video, el Ricardo que aparece en los silencios, en ciertas pausas, en la duda. El lenguaje del cine permite, y esto va más allá del documental, la expresión de la personalidad, es decir, que Ricardo Piglia no está moldeado solamente a partir de ese silencio en que lo vemos hojear sus cuadernos, sino también se expresa en el viento que mueve los árboles o en una tormenta. Esas imágenes también expresan parte de su personalidad. Yo digo que la película es un documento, pero a la vez es una fábula, porque construye al personaje a través del lenguaje cinematográfico y te permite a vos, como espectador, llenar los vacíos. A mi me interesa el misterio de las personas y creo que los registros en video que hay sobre escritores solo nos permiten conocerlos hasta cierto punto.

En 327 cuadernos muestra, durante varios minutos, archivos en video de Pablo Neruda, García Lorca y Borges.

Sí, es muy interesante ese material, porque Borges aparece haciendo bromas, fumando, no sé, no se parece al Borges de las entrevistas, porque yo creo que hay una falsificación esencial en eso. Un escritor cuando es entrevistado asume una pose.

Esas imágenes de Borges lo muestran en una faceta que parece no estar relacionada con el Borges que uno imagina a partir de sus libros. Pienso que, por esa razón, su película tiene mucho valor como documento. Antes del siglo XX no existían estos materiales.

No sé, me parece que los documentales sobre escritores forman parte de todo el aparato que ya existía antes del siglo xx, por ejemplo, en el género de la biografía o de las cartas, que a mí, personalmente, me interesa muchísimo. Siempre me ha gustado, puede ser por mi espíritu de documentalista, encontrar qué hay de verdadero en lo que están contando en una novela, cuál es la relación entre esa persona y el narrador.

“Una cosa que me gusta mucho de él es la representación del destino individual, la vida privada, cruzada por la política, la historia, como algo más grande que uno”.

La figura del escritor se repite en su filmografía.

Creo que en algún punto la literatura me ha influenciado más que el cine. Eso se debe, también, a que me gusta buscar inspiración fuera del medio en el que trabajo. En vez de buscar referencias dentro del propio cine, me resulta más productivo buscar en el arte contemporáneo, por ejemplo, o en la literatura. Digamos que, en mi caso, me resulta más estimulante robarle el fuego a un escritor que a otro cineasta.

Ricardo Piglia aparece en varios de sus trabajos, ¿qué le atrajo de él?

En realidad, es una casualidad. Pero bueno, todo es así. En estricto rigor, 327 cuadernos surgió de que yo quería hacer un diario, como el diario de Piglia pero cinematográfico; entonces me compré una cámara y, sin saber usarla del todo, empecé a filmar cosas, y una de las cosas que grabé fue a Ricardo cuando se estaba yendo de Princeton, el momento en que levanta su oficina y saca sus libros. Ricardo en ese momento me dice que quiere volver a Buenos Aires para leer sus diarios y ver qué hace con ellos; yo también le cuento mi idea y llegamos al acuerdo de hacerlo juntos: “Tú haces tu diario y yo hago el mío”. Él me decía que eso le servía para generar una demanda, para establecer un plazo, porque era algo que le costaba mucho hacer y que venía postergando hace tiempo.

¿Y qué elementos de su obra influyeron en usted?

Una cosa que me gusta mucho de él es la representación del destino individual, la vida privada, cruzada por la política, la historia, como algo más grande que uno. También busco provocar en el espectador, como él, la pregunta sobre “¿qué es lo que estoy viendo?”, “¿qué es lo que está pasado acá?”, pero sin quedarse solo en lo teórico o ensayístico, sino que al mismo tiempo que den ganas de seguir viendo. Creo que en mis películas aparece eso, no solo estoy contando una historia, sino que la narración se vuelve sobre sí misma. Me parece que la clave es cuando lo ensayístico está mezclado con la emoción. En el caso de 327 cuadernos, intenté dar la sensación de que la película se armaba en el momento, como si fuera un trabajo en proceso, que no estuviera terminada. Y también expresar la idea de que, pese a filmar el diario de un escritor, que es toda una vida, te pierdes un montón de otras cosas.

Le inquieta el tema de lo que se pierde, lo que queda fuera.

Sí, me inquieta personalmente, pero me interesa la idea de que se puede dejar mucho espacio al espectador, me parece que hay que generarlo para que él se meta con sus propias asociaciones, con sus propias emociones, en definitiva, con su propia vida.

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