Enero 22, 2018

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El psiquiatra chileno fue uno de los invitados estelares de la última versión de Congreso Futuro, donde a teatro lleno dio la conferencia “La política de la conciencia”. En esta entrevista repasa los temas que han atravesado buena parte de su obra: la civilización patriarcal, el pensamiento científico, la sabiduría y lo sagrado.

por matías hinojosa

Por segundo año consecutivo Claudio Naranjo se presentó en Congreso Futuro. A teatro lleno, dio su conferencia “La política por la conciencia” y, como en la edición anterior, su intervención se convirtió en uno de los momentos altos del encuentro. El atractivo de su pensamiento se debe a que confluyen en él las tradiciones intelectuales y espirituales de Occidente y Oriente. Y sus diagnósticos son el corolario de una capacidad única para abarcar grandes períodos históricos.

La explicación de la crisis por la que atraviesa la sociedad –dice Naranjo– no se halla en las circunstancias presentes, ni tampoco en la actitud del hombre moderno frente a la vida y el mundo. Esta situación se remonta a un mal originario: en el nacimiento de la civilización está el fundamento del problema. Mira la sociedad del mismo modo en que el psicoanálisis mira la psiquis del sujeto, es decir, identifica en ella un desarrollo psicológico, el cual está marcado por un trauma de origen, cuyo conocimiento saca a la luz el motivo de su neurosis. Bajo esta perspectiva, la sociedad aún no alcanza su madurez. Mejor, se ha quedado estancada durante siglos en una etapa previa. Para crecer –piensa el psiquiatra– hace falta reconocer este mal que nos aqueja esencialmente, al igual que el individuo que para curarse necesita identificar aquella herida que condiciona su psiquis. Para resolver esta disfuncionalidad colectiva, la sociedad debe morir tal como la conocemos y renacer por medio de la toma de conciencia.

Usted plantea derribar la mentalidad patriarcal y en su lugar instaurar una organización “heterárquica”. ¿Cómo sería esta nueva sociedad?

En ella están equilibrados los tres principios que en la historia hemos conocido sucesivamente. El comienzo de la historia fue filiarcal, en la medida en que la cultura de los cazadores recolectores no era autoritaria, como en el patriarcado, ni tribal, como en el Neolítico y los pueblos matrísticos. Muchas personas han idealizado la sociedad matrística, pero creo que se debe al olvido de que esta fue una dictadura de grupo. Me parece que el patriarcado surge como una revolución contra la rigidez de este modelo: la democracia pura es muy lenta de adaptarse a las cosas rápidas y hubo que adaptarse rápidamente cuando el hambre colectivo, por el calentamiento de la Tierra, le puso fin a la abundancia del Neolítico. Ahí empezó la gente a volverse predadora y los hombres fueron los líderes de ese movimiento predador. Creo que somos una sociedad esencialmente canalla y la tenemos muy idealizada. Todas las religiones han surgido para idealizar el patriarcado, mostrándolo como más suave y bueno. De modo que hemos tenido una sucesión de filiarcado, matriarcado y patriarcado: tres desequilibrios dictados por la historia debido a la necesidad de adaptarse al mundo. Ahora ya nos resulta obsoleto el invento de la violencia para dominar y el espíritu de conquista ya lo tiene todo conquistado, pero habría que conquistar la conquista. Habría que encontrar el que frene esta desenfrenada conquista de todo. No ha existido históricamente. Yo digo que la civilización es un error colectivo de la humanidad, que tuvo su sentido en una época, pero ahora tenemos que inventar algo mejor.

“Creo que somos una sociedad esencialmente canalla y la tenemos muy idealizada. Todas las religiones han surgido para idealizar el patriarcado, mostrándolo como más suave y bueno. De modo que hemos tenido una sucesión de filiarcado, matriarcado y patriarcado: tres desequilibrios dictados por la historia debido a la necesidad de adaptarse al mundo”.

La civilización patriarcal tiene una base firme y con el transcurso de la historia se ha ido más bien complejizando. Pero usted es optimista y se muestra esperanzado en que esto…

… Tengo fe en la catástrofe.

… en que esto pueda cambiar.

Eso es una fe o una esperanza un poco loca, mejor sería que la gente que tiene poder cambiara de rumbo a tiempo y el cambio de rumbo consistiría en esta política de la conciencia, en una fe de que el mundo se puede arreglar a sí mismo, tal como el cuerpo se arregla a sí mismo con una sabiduría organísmica. Pero los individuos que funcionan en modo automático, que han sido educados para obedecer impulsos muy simples, no están facultados para usar su creatividad y resolver conjuntamente el problema del mundo.

Usted dice que se debe volver a un primitivismo que el hombre perdió.

Se lo puede llamar primitivismo, pero en el sentido de dejar de ser tan arrogantes, creer que uno lo sabe todo. Por ejemplo, darle a la ciencia la voz cantante, como si la ciencia fuera la cumbre de la sabiduría. Eso es erróneo. Los científicos se han vuelto demasiado pretenciosos en tener las respuestas y los pensadores históricamente han sido humanistas, han sido los filósofos, los fundadores de las religiones, los profetas. Estaríamos mejor que con el mandato de la ciencia, si ampliáramos nuestro saber en esta dirección.

Lo que la ciencia no puede llevar al plano experimental, simplemente lo desecha.

Steven Pinker escribió un grueso libro sobre los mecanismos de la mente. Cuando lo leí, recuerdo haber ido al índice para ver qué decía sobre la conciencia y me encontré que había solo una página sobre este tema. Pero decía algo muy interesante: que la ciencia es como las águilas, o sea que tiene muy buen ojo, pero pésimo oído. Y el ser humano también: tiene un ojo científico muy agudo, pero hay cosas que el ojo no conoce y que conviene reconocer, que corresponden al otro hemisferio cerebral, no al hemisferio científico, sino al hemisferio intuitivo.

¿A qué asuntos se refiere?

Nuestro deseo de ser razonables nos impide ir hacia la completitud de nuestra conciencia. Tenemos que invitar a ese lado que tiene que ver con la fe, pero no la fe de la que se ha apropiado la religión, que también pretende que tengamos fe en esto o en aquello y que ya tiene codificado lo que es la verdad en forma análoga a la ciencia.

“Los científicos se han vuelto demasiado pretenciosos en tener las respuestas y los pensadores históricamente han sido humanistas, han sido los filósofos, los fundadores de las religiones, los profetas. Estaríamos mejor que con el mandato de la ciencia, si ampliáramos nuestro saber en esta dirección”.

¿Cuándo se dio cuenta de las limitaciones de la ciencia? Porque su primera formación se dio en este campo.

Tuve una crisis vocacional cuando pasé al cuarto año de medicina. Yo había entrado a medicina por el saber, estaba sediento de él. Yo decía que buscaba la verdad. Y después me di cuenta de que la verdad que buscaba no la tenía la ciencia. A lo que me refería era a una verdad metafísica, que es la verdad que buscan los filósofos, pero tampoco sentí que la tenían los filósofos, por mucho que la buscaran. Terminé sintiendo que habían ciertos seres que habían encontrado esa verdad a través de su propia experiencia, y esos eran los sabios. Hay gente que llega a saber de una manera que no viene de los libros de los filósofos ni de los científicos. Hay gente que se hace sabia. Yo conocí a una de ellas en Chile, en mi juventud, se llamaba Tótila Albert.

¿Ve una distancia demasiado grande entre la sociedad y el saber?

El mundo está idiotizado, el mundo no ve, el mundo no es sabio. Pero la neurosis es como un llamado del alma que lo oyen las personas que no la han perdido del todo. Es como un dolor de oído que a uno le indica que debe ir a visitar a un especialista, para que le diga por qué le duele. El dolor avisa, la neurosis avisa que uno tiene que corregir algo. Hay personas que andan por ahí como lobotomizadas, sobre todo hoy que se dan tantos medicamentos, que curan los síntomas apangándole el cerebro a la gente. Los neurolépticos.

¿Se intenta resolver el problema con menos conciencia?

Eso es: la medicina de hoy quita conciencia. Los laboratorios químicos están en una franca guerra con la psicoterapia.

Esta ampliación de la conciencia a la cual invita su pensamiento, ¿es también una invitación a restituir el sentido de lo sagrado? ¿Van acompañadas ambas búsquedas?

Van acompañadas, esa es una manera de decirlo. El proceso de desarrollo de la conciencia es una metamorfosis completa, como las orugas que se vuelven mariposas. La persona transformada tiene un espíritu de la veneración, del sentimiento de lo sagrado, llámeselo Dios o no se le llame Dios, se le personifique o no se le personifique, se abre a una captación del misterio. Las concepciones de lo divino varían en distintos culturas: en el yoga, por ejemplo, se piensa que Dios es la profundidad de la propia mente, que la profundidad de la mente ya no es individual sino que es una conciencia que está dentro de todos nosotros.

Hay varias interpretaciones para dar cuenta de la misma experiencia.

Lo sagrado es algo que los seres despiertos captan, y que no captan todavía los seres que están en la crisálida y aún no se vuelven mariposas.

“Dicen los sufíes que uno debe resolver los problemas de su vida personal con el dedo meñique de una mano. Esto quiere decir que uno debe tener la capacidad para comprender lo que le pasa sin gastar demasiada energía”.

¿Y la experiencia del ser, me refiero a la liberación absoluta de la mente, no está en contraposición con la vida práctica?

La vida práctica también es parte de la educación para ser un hombre completo. El ser es una experiencia que acompaña la plenitud del desarrollo y la plenitud del desarrollo no se logra solo a través de esta trascendencia. No hay una incompatibilidad entre una cosa y la otra, es como un aspecto de la vida más, por lo que también es práctico. Dicen los sufíes que uno debe resolver los problemas de su vida personal con el dedo meñique de una mano. Esto quiere decir que uno debe tener la capacidad para comprender lo que le pasa sin gastar demasiada energía.

¿Eso es el desarrollo de la intuición?

La intuición, la sabiduría también. Saber cómo ponerse frente a las situaciones. Si uno tiene el negocio del espíritu como más allá de todos los negocios humanos, le va mejor en los negocios humanos. Si uno está buscando el ser y lo va encontrando a través de esfuerzos apropiados, porque esos esfuerzos van hacia comprender la propia vida emocional, comprender los demonios interiores, uno va experimentando una satisfacción y una visión que ayuda en la vida diaria. Para encontrar el ser no se necesita solo la sabiduría, sino que la compasión y la compasión es la vida en relación. En el budismo es el concepto del bodhisattva que es uno que termina de trabajar en sí mismo y necesita trabajar en el mundo. Arreglarle la cabeza a los otros es parte del mismo proceso de arreglarse la propia.

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