Contra los embrujos del lenguaje

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Las nuevas traducciones de Conferencia sobre la ética y Observaciones sobre La rama dorada de Frazer, de Ludwig Wittgenstein, nos permiten conocer sus ideas sobre los engaños del lenguaje y los espejismos que la filosofía es capaz de generar. Mientras en el primer libro trata la imposibilidad de resolver las grandes interrogantes de la vida a través de ecuaciones epistemológicas, en el segundo arremete contra la mirada reduccionista de Frazer, cuyo planteamiento en La rama dorada sería un ejercicio dogmático incapaz de entender las diferentes formas de vida.

por mike wilson

Wittgenstein hizo notar que la ciencia no sirve en lo absoluto para las grandes preguntas de la vida, que quizá nos da respuestas sobre cómo es el mundo, pero no nos puede decir qué es. En el Tractatus Logico-Philosophicus afirma: “Nosotros sentimos que incluso si todas las posibles cuestiones científicas pudieran responderse, el problema de nuestra vida no habría sido más penetrado”.

No es un discurso anticiencia, pero sí busca poner la ciencia en su lugar y desnudar nuestra presunción de que todo es cognoscible. Pensamos que si no hemos podido responder a las preguntas de la vida es porque nuestras ciencias aún no han alcanzado las respuestas. Ese es el error. La experiencia en sí es el sentido manifiesto en ser y no en saber, y esto elimina la posibilidad de que la ciencia pueda aproximarse a lo aludido. Si la ciencia lo intentara, pasaría a ser religión o filosofía, y caería en otro error.

Wittgenstein arremete contra los engaños del lenguaje y los espejismos que la filosofía es capaz de generar. Esta idea es en esencia lo que distingue a Wittgenstein y lo convierte en uno de los filósofos más relevantes del siglo XX. Es por esto que se valora la aparición de nuevas traducciones de dos textos magistrales: Conferencia sobre la ética y Observaciones sobre La rama dorada de Frazer, prologadas con lucidez por Carla Cordua. Ella le da contexto a ambos libros, los sitúa en su momento histórico y hace ver la vigencia de estas preocupaciones en la actualidad.

Frazer pretende subordinar la magia, la religión y los ritos de lo que él llama “culturas primitivas”, y arrastrar identidades enteras a su esfera de (in)comprensión, para, así, clasificar lo que no corresponde. Impone ciencia donde no la hay.

Para Wittgenstein, la función más virtuosa de la filosofía sería liberarnos de los embrujos del lenguaje. Los grandes misterios de la vida no se preguntan, y no por un afán de eludir dichas preguntas sino porque no pertenecen al lenguaje. En su texto Sobre la certeza, por ejemplo, recalca que las respuestas al problema de la vida no son epistémicas, o sea, se hacen presentes en el no-pensamiento, en la disposición prerreflexiva: la verdad es el lecho sobre el cual fluye el río del pensamiento.

En Conferencia sobre la ética replantea lo que se entiende por ética. Se aleja de la definición de G.E. Moore y da una visión más amplia de la ética. Hace la equivalencia entre ética y estética, y nos tienta a pensar este asunto desde la perspectiva del Wittgenstein tractariano, pero es importante notar que escribe esta conferencia más de una década después del Tractatus.

A esta altura su pensamiento filosófico está en vías de transformarse en el segundo Wittgenstein, el de Investigaciones filosóficas. En Conferenciaorienta la ética hacia lo absoluto, hacia aquellas cosas que trascienden un mundo limitado, a las grandes interrogantes de la vida, a su propósito, a la eternidad y la muerte. Son los “qué es” del mundo, las cosas místicas que no se saben, cosas que en el lenguaje producen cortocircuitos cuando hechos se confunden con creencias, cuando “formas de vida” no logran diferenciarse y contrabandean lenguaje y sentidos que no corresponden. El resultado es producto de nuestra adicción a las ecuaciones epistemológicas.

Un año después de Conferencia… comienza a escribir lo que sería Observaciones sobre La rama dorada de Frazer, donde critica la mirada reduccionista de Frazer. Resumiendo, a Wittgenstein le parece que La rama dorada es una estupidez, un ejercicio dogmático incapaz de entender las diferentes formas de vida y que no hace más que arrojar una luz anómala sobre algo que no le pertenece a la ciencia antropológica. Frazer pretende subordinar la magia, la religión y los ritos de lo que él llama “culturas primitivas”, y arrastrar identidades enteras a su esfera de (in)comprensión, para, así, clasificar lo que no corresponde. Impone ciencia donde no la hay. Es como querer hablar del sonido del color rojo, insistir en su cualidad auditiva y presumir dominio sobre la experiencia de ver el rojizo del color, porque uno ha escrito 12 volúmenes sobre el sonido de dicho color.

Según Wittgenstein, Frazer es culpable de provocar cortocircuitos en el pensamiento y ser un reduccionista por excelencia. Simplemente no comprende y disfraza su incomprensión con el lenguaje de su disciplina, un lenguaje sin sentido cuando se impone a formas de vida y gramáticas incompatibles. Es aquí donde se prefigura el concepto de que situaciones como esta hacen que el lenguaje se vaya de vacaciones.

 

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Conferencia sobre ética, Ludwig Wittgenstein, Ediciones Tácitas, 2016, 63 páginas, $5.000.

 

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Observaciones sobre La rama dorada de Frazer, Ludwig Wittgenstein, Ediciones Tácitas, 2016, $5.000.

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