Lobos en la corte británica

Crítica de tv
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por pablo riquelme

Los líos de faldas del rey Enrique VIII de Inglaterra han sido fuente inagotable para las intrigas novelescas y cinematográficas, que se han concentrado en el perfil lascivo del Rey y en el desplante casquivano de sus amantes. El affaire más famoso es el que mantuvo con Ana Bolena, su segunda esposa (del total de seis que acumuló durante 38 años de reinado), pues llevó al monarca de la dinastía Tudor a enfrentarse con el Papa Clemente VI –aliado político de Catalina de Aragón, la primera mujer de Enrique–, y finalmente a cortar los lazos de la isla con la Iglesia de Roma.

El guión de Wolf Hall, del dramaturgo Peter Straughan (adaptación de dos novelas de Hilary Mantel, En la corte del lobo y Una reina en el estrado) relata la pasión de Enrique y Ana desde el punto de vista de un outsider de la corte: Thomas Cromwell, un abogado de origen humilde que usa su olfato político para ascender socialmente, ganarse el oído de Enrique y convertirse en su mano derecha.

Wolf Hall comienza en 1529. Enrique lleva dos décadas reinando y dos años tratando de disolver su matrimonio con la hija de los reyes católicos españoles, Catalina de Aragón –que no ha podido concebir un heredero hombre–, para casarse con Ana Bolena. La misión de anular la alianza está en manos del padrino político de Cromwell, el cardenal Wolsey, quien no logra la venia del Papa y cae en desgracia por su fracaso. Cromwell aprovecha su momento y despliega todo su talento, todo su pragmatismo y sigilo, para moverse entre los lobos de la corte y mover las piezas que le permitirán acumular más poder. Según la serie, es él quien alienta a Enrique a no arrodillarse ante el Papa (“Usted debe convertirse en el único líder supremo de este reino”) y a independizarse de Roma, instalando así los cimientos de la Inglaterra protestante, que competiría con España y Francia por el liderazgo europeo. La serie finaliza en 1536, cuando Bolena, que tampoco pudo darle un heredero a Enrique, es ejecutada por traición tras un juicio amañado por Cromwell.

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Más allá de los elogios a la puesta en escena y a las actuaciones, Wolf Hall fue acusada de tergiversar la historia y ser tendenciosamente anticatólica. Esto es patente en la rivalidad política e intelectual de Cromwell con Tomás Moro; mientras el primero es representado como un patriota moderno que sintoniza con el bajo pueblo y que se niega a usar la tortura para conseguir sus propósitos, Moro es caracterizado como un inquisidor reaccionario, más leal a Roma que al rey inglés. Por otra parte, Wolf Hall también abrió un debate intelectual que invitó a reevaluar los nefastos efectos que dejó la reforma protestante en la isla, cuya génesis sería más política que religiosa.

Considerando que la serie –estrenada en 2015– no esperó la novela que le falta a Mantel para completar su trilogía sobre Cromwell, cabe preguntarse cuál es su significado hoy en día. En el contexto del Brexit (el abandono del Reino Unido de la Unión Europea), la serie parece querer exaltar la diferencia de una Inglaterra autónoma, que navega con timón propio y de espaldas a Europa. Sin embargo, la clave está en el montaje paralelo de la secuencia final, cuando Cromwell prepara y observa la decapitación de Ana Bolena. Sus ojos trémulos al conversar con el verdugo y al ver morir a la reina –él se da cuenta que morirá de la misma manera– parecen preguntarse si acaso ha luchado por la causa correcta y si la sangre derramada ha valido la pena.

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