El hotel de la señora Palfrey

Prohibido morir aquí reúne los mejores elementos de la literatura de Elizabeth Taylor: su capacidad para señalar rasgos ínfimos donde destella la humanidad de sus personajes, y el talento con que retrata la desaparición de toda una clase social inglesa. Lleno de sombras terroríficas sobre la vejez y la soledad, esta vibrante novela logra suspender hasta el final la pregunta sobre si estamos leyendo una tragedia o una comedia.

por Rodrigo Olavarrìa I 13 Febrero 2020

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Cuando murió en 1975, la escritora inglesa Elizabeth Taylor contaba una docena de novelas a su nombre, más de medio centenar de relatos publicados y era conocida como “la Jane Austen del siglo XX”. Pero ese halagador cliché periodístico estaba basado en una simplificación de su trabajo: más que a su habilidad en la detección del detalle luminoso, refería a su predilección por el estudio de la esfera íntima social inglesa.

La última novela que Taylor publicó en vida, Mrs. Palfrey at The Claremont (1971), fue editada en 1986 por Bruguera con el título El hotel de Mrs. Palfrey. Y en un mercado ansioso por desempolvar y marquetear tesoros olvidados, como Stoner de John Williams o los cuentos de Lucia Berlin, esta novela fue recuperada por la editorial argentina La Bestia Equilátera, titulándola como Prohibido morir aquí. Pero este no es un redescubrimiento, la verdad es que Elizabeth Taylor nunca ha dejado de vender ni de ser relevante. Prueba de ello son las adaptaciones cinematográficas de Mrs. Palfrey at The Claremont (2005) y Ángel (2007), esta última realizada por François Ozon, y la avalancha recuperativa en que entonces se embarcaron Anagrama, Ático de los Libros y Gatopardo.

Puede sonar a que quiero disminuir el valor de Prohibido morir aquí. Nada más lejos de mi interés. Lo que me impulsa es señalar que la literatura de Elizabeth Taylor siempre ha gozado de buena salud, quizás por la forma única en que su obra reúne la capacidad de señalar rasgos ínfimos donde destella la humanidad de sus personajes, cualidad que la emparenta con Chéjov, y el talento con que retrata la desaparición de toda una clase social inglesa y las relaciones interpersonales entre sus miembros.

La impresionante simpleza con que la trama de este libro se desarrolla, así como la facilidad con que se lo lee, lo hacen comparable a una miniserie producida por la BBC. Sin embargo, la profundidad del tratamiento, la dulzura y la crueldad empleada para trazar los rasgos de sus personajes, la luz tragicómica que ilumina los días de la señora Palfrey y Ludo Myers, lo vinculan con la mejor literatura.

En Prohibido morir aquí, la señora Palfrey, viuda de un agente colonial inglés, abandona la casa que compartía con su marido para refugiarse en un hotel de Cromwell Road, el Claremont. Esta vida de hotel es una parada obligada para ancianos cuyas rentas les permiten conservar algo de dignidad, antes de ser forzados a vivir en un asilo o en el cuarto posterior de un pariente. Puede que sea una situación vagamente autobiográfica, quizás por eso Taylor es capaz de retratar con tanta belleza este último destello de independencia amenazado por la vejez.

En el hotel Claremont, la señora Palfrey se ve obligada a frecuentar a otros como ella, el señor Osmond, la señora Burton y la señora Arbuthnot, su némesis, una veterana artrítica y cruel, que la inicia en la política interna del Claremont, un sistema según el cual el huésped más triste es el que nunca recibe visitas. La señora Palfrey señala que su nieto Desmond vive en Londres y debiera visitarla en cualquier momento, pero el nieto nunca llega y su situación empieza a volverse incómoda. Eso, hasta que conoce a Ludo Myers, un joven escritor que le ofrece una perfecta coartada para escapar de la competitiva señora Arbuthnot, haciéndose pasar por su nieto durante una cena frente a todos los huéspedes del hotel Claremont.

Si bien esta novela no es el tipo de libro que cambia la vida de sus lectores, sí es una que resonará profundamente en la imaginación de estos. Prohibido morir aquí es un libro lleno de sombras terroríficas sobre la vejez y la soledad, pero está escrito de una forma luminosa y cómica que ni en el momento de mayor crueldad deja de ofrecer un haz de dulzura y humanidad, logrando suspender hasta el final la pregunta sobre si estamos leyendo una tragedia o una comedia.

La impresionante simpleza con que la trama de este libro se desarrolla, así como la facilidad con que se lo lee, lo hacen comparable a una miniserie producida por la BBC. Sin embargo, la profundidad del tratamiento, la dulzura y la crueldad empleada para trazar los rasgos de sus personajes, la luz tragicómica que ilumina los días de la señora Palfrey y Ludo Myers, lo vinculan con la mejor literatura. Es en ese punto intermedio que Elizabeth Taylor triunfa.

 

Prohibido morir aquí, Elizabeth Taylor, La Bestia Equilátera, 255 páginas, $14.000.