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Este año se celebra el centenario de Democracia y educación, del filósofo y pedagogo John Dewey, cuya apuesta por potenciar los intereses individuales de los niños, en el marco de una comunidad inclusiva y colaborativa, sigue agitando el debate en Estados Unidos.

Muchos de sus planteamientos fueron sumamente influyentes en la segunda mitad del siglo XX y pasaron a formar parte del actual sistema escolar (relacionar el conocimiento con aspectos cotidianos, con la propia experiencia, por ejemplo).

Sus detractores, sin embargo, han ido ganando terreno en las últimas tres décadas. Los cuestionamientos tomaron fuerza en 1983, cuando el Departamento de Educación de EEUU publicó el informe “A Nation of Risk”, en el cual se señalaba la “creciente ola de mediocridad” que asolaba a las escuelas norteamericanas, advirtiendo que más temprano que tarde el país sería superado en poder y riqueza por otras naciones. Según el reporte, el problema radicaba en la anticuada visión de Dewey.

El movimiento reformista, que comenzó a articularse tras esta publicación, busca impulsar un plan escolar estándar para todas las escuelas, a diferencia del modo personalizado propuesto por el filósofo. La derecha ha sido su principal detractora, aunque los demócratas también se han mostrado a favor del cambio.

La revista Aeon publicó un extenso ensayo que defiende el modelo de Dewey. Nicholas Tampio, autor del texto, afirma que “la educación progresista enseña a los niños a perseguir sus propios intereses y a tener voz en su comunidad. En el siglo XX, este tipo de jóvenes participaron en los movimientos contra la guerra de Vietnam y por los derechos civiles. Fundaron Greenpeace y Students for a Democratic Society, escucharon a los Beatles y asistieron a Woodstock, y establecieron comunidades artísticas y tiendas de productos orgánicos. Aunque Dewey no fue beatnik ni hippie ni tampoco una figura de la contracultura, su filosofía de la educación anima a los jóvenes a luchar por un mundo donde todos tienen la libertad para expresar su propia personalidad. El movimiento reformista no solo busca que los niños rindan exámenes estandarizados sino que intenta suprimir un espíritu rebelde que a menudo da dolores de cabeza a las élites económicas y políticas”.

John Dewey nació en 1859 en Vermont y fue académico en las universidades de Chicago y Columbia. Si bien el problema de la educación surge en sus primeras obras, hay un acontecimiento que agudiza su crítica: cuando tuvo escoger un colegio para sus hijos, la situación lo angustió. Por ello, forma parte de la fundación del Colegio Laboratorio de la Universidad de Chicago, donde su mujer, Alice, asumirá posteriormente como directora. Barack Obama, Arne Duncan (subsecretario de educación) y Rahm Emanuel (alcalde de Chicago) han enviado a sus hijos a esta escuela.

Dewey, escribe Tampio, “sostenía que el futuro de la democracia de Estados Unidos dependía de ofrecer una educación personalizada e integral a todos los niños y no solo a los hijos de los ricos, inteligentes y bien conectados”.

Texto completo en:

https://aeon.co/essays/dewey-knew-how-to-teach-democracy-and-we-must-not-forget-it

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