Abril 20, 2018

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por julia kristeva

El Nouvel Observateur ha optado por publicar un largo artículo titulado “Julia Kristeva ex agente de la KGB búlgara”, que se dedica a atribuirme el papel novelesco de agente de inteligencia de los servicios secretos búlgaros entre 1970 y 1973. En apoyo de tal acusación está la divulgación de un informe proveniente de los “archivos” de la policía búlgara, que mencionaría mi participación en actividades de inteligencia bajo el seudónimo fantasioso de “Sabina”.

Ya he negado públicamente el contenido de estos reportes y estas informaciones imaginarias. El artículo publicado me obliga a hacerlo de nuevo: sostengo que nunca he participado en actividades de este tipo, cuya revelación repentina y tardía es perjudicial para la comprensión y la difusión de mis investigaciones en los campos del psicoanálisis, la lingüística, la filosofía y el cuestionamiento político del totalitarismo, especialmente en mi análisis de la obra de Hannah Arendt. Tales afirmaciones socavan el crédito de mis trabajos y en el plano personal, repito, ellas despiertan viejas heridas.

Tales afirmaciones socavan el crédito de mis trabajos y en el plano personal, repito, ellas despiertan viejas heridas.

Salí de Bulgaria con una beca del gobierno francés, en condiciones difíciles, dejando a mi familia, y con la conciencia de que las tomas de posición que adoptaría al otro lado de la cortina de hierro expondrían a mi familia y especialmente a mi padre a los caprichos de un régimen totalitario.

Esta historia es antigua, pero hoy me resulta muy doloroso constatar que las prácticas dudosas de las policías secretas al servicio de estos regímenes siguen siendo formidablemente activas y tóxicas. El descrédito que el juicio de la historia ha infligido a estos regímenes no parece haber afectado a la firmante de su artículo. El fichaje de personas sin su conocimiento, el hecho de atribuirles dichos, roles y funciones sin obtener su acuerdo, y armar archivos sobre sus supuestas actividades son métodos ahora conocidos, pero no lo suficientemente conocidos.

Investigadores y periodistas en los antiguos países comunistas hoy en día protestan vigorosamente contra estas falsificaciones y su uso por comisiones tendenciosas. Me hubiera gustado encontrar en el artículo dedicado a estos “archivos” una traza de este discernimiento crítico, en lugar de la credulidad y la fascinación respecto de estos escombros del pasado.

Estos “archivos” son fósiles ideológicos repudiados y combatidos por las democracias: ¿por qué tenerles una fe tan ciega ahora?

Basta leer las frases inverosímiles que el dossier me atribuye, en la forma de discurso indirecto, sobre Aragon y el surrealismo, sobre la “Primavera de Praga”, o sobre las “acciones de ayuda propalestina” frustradas por “la propaganda francesa en manos de organizaciones sionistas”, por ejemplo, a la vista de mis bien conocidos escritos y posiciones públicas sobre estos temas, en esa época como ahora; y, last but not least, la recuperación íntegra (¡20 páginas traducidas al búlgaro!) de mi entrevista con Jean-Paul Enthoven sobre los “disidentes” en el número 658 de Nouvel Observateur, 20-26 de junio de 1974, que hace de mí una persona bajo vigilancia más que una “agente”, para constatar que esta manipulación está entretejida de chismes referidos y pseudo-fuentes mediáticas sobreinterpretadas, sin ningún valor probatorio en esta penosa farsa.

Además, el crédito que el artículo dedicado a mí da a la información archivada en un edificio estalinista, participa —y eso me asusta— en la perpetuación sin complejos de estos métodos totalitarios. ¡Como me hubiera gustado que el descubrimiento de estos archivos fuera una oportunidad para que un semanario como el suyo se indignase ante empresas tan abyectas! En cambio, leí una forma irreflexiva de justificación de estas prácticas mediante su publicación ingenua y complaciente.

Estos “archivos” son fósiles ideológicos repudiados y combatidos por las democracias: ¿por qué tenerles una fe tan ciega ahora? ¿Cómo no dar el paso atrás que imponen una vez más tales métodos, y aprender las lecciones para el presente y el futuro? Siempre debemos hacernos la pregunta: ¿quién se beneficia con esto?

 

Aparecido en Le Nouvel Observateur el 9 de abril de 2018. Traducción de Patricio Tapia.

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