Documento de una generación

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Los bigotes de Mustafá, una novela de juventud con algo de candidez entusiasmada, puede ser leída como el documento sincero y afectivo de una generación, la de aquellos que nacieron en torno a la fecha del Golpe y que llegaron a la adolescencia sin haber conocido más gobierno que una dictadura.

por lorena amaro

A Jaime Pinos se lo conoce en el ambiente literario como un poeta de calidad, autor de Criminal y Almanaque, buen conocedor de la poesía de sus contemporáneos y generoso con los más jóvenes, a quienes comenta en el conjunto de textos Visión periférica. Ejercicios críticos (2015). Pero antes de todo eso, antes de ser poeta, antes de ser crítico, Pinos incursionó por una vez en la novela con Los bigotes de Mustafá (1997). Por entonces comenzaba a gestarse La Calabaza del Diablo, proyecto en el que Pinos colaboró activamente, tanto con la publicación de este primer libro bajo ese sello como en la redacción de la revista homónima, que marcó una época para los lectores chilenos.

A 20 años de la publicación de aquella primera novela y a 10 de que muriera Pinochet (aludido en esta obra como “El Jefe Supremo”), Los bigotes de Mustafá es reeditada por LOM, una editorial comprometida desde hace décadas, como la propia escritura de Pinos, con la crítica política y social. Esta reedición debe ser leída en este contexto. Constituye un gesto de recuperación de la memoria: Los bigotes de Mustafá, una novela de juventud con algo de candidez entusiasmada, puede ser leída como el documento sincero y afectivo de una generación, la de aquellos que nacieron en torno a la fecha del Golpe, y que llegaron a la adolescencia sin haber conocido más gobierno que una dictadura.

Cuando se publicó el texto, Pinos tenía 26 años y esa juventud se deja sentir en las páginas de la novela: un grupo de amigos opositores a la dictadura, casi recién salidos del colegio, se autodenomina “La Logia” y se reúne a escuchar discos, fumar “hipotálamos” y tramar acciones poético-políticas contra el Jefe Supremo. Quien lleva la cuenta de los días en un “Anecdotario Magistral” es el “Escriba”. Al ritmo de Fito Páez, Silvio Rodríguez, Charlie Parker y Chet Baker, esta libreta revela los deseos de aquellos jóvenes ansiosos por vivir libre y lúdicamente la amistad, los proyectos, las luchas.

FichaCritica

La narración se establece a partir del momento en que el Escriba encuentra sin querer el cuaderno (“seguramente buscaba algún libro de Cortázar”, dice literal y simbólicamente) y estructura lo que nunca antes pudo conseguir: una novela. Al material hallado se suman recortes de prensa e imágenes que permitirán completar la historia de un tiempo, el del año del plebiscito, 1988: “Hago esto para ayudar a la memoria a recordar. A recordar ese tiempo que ahora parece tan lejano y está apenas a la vuelta de la esquina. Ese tiempo en que todo era tan distinto”.

Emplazado ya en la decepcionante década de los 90, cuando la memoria de las luchas está todavía fresca pero parece lejana, el Escriba relee y reescribe porque este ejercicio “puede servir como una pista de quiénes éramos entonces para ayudarnos a saber quiénes cresta somos hoy en día”. Es, entonces, la búsqueda obsesiva de una generación que perdió el sentido histórico que animó a la generación de sus padres, desde el momento en que el cambio de mando del 89 se reveló como una forma de continuidad económica y social, con el poder militar todavía muy presente.

La novela no está del todo lograda. Además de instalarse ciertos estereotipos de género (las mujeres “brujas”, intuitivas, afectivas; los hombres políticos e intelectuales), el final resulta acelerado e ingenuo. Sin embargo, quien la lea encontrará una serie de aciertos de observación, que exhalan el aire enrarecido y vil de la dictadura: “Encender el televisor y ver desde la pantalla al animador de las tardes sabatinas que sonríe y le pregunta al concursante a quemarropa: ¿dispara usted o disparo yo? Usted. Redoble de tambores. El animador alza el revólver de fogueo. ¿Está seguro? Close up al rostro tenso del concursante. Casado, cinco hijos, cesante hace seis meses. ¿Está seguro? Los millones, el auto cero kilómetro, el viaje al Caribe (…) El animador que empieza a jalar lentamente el gatillo”. Fotos, noticias, anécdotas de un tiempo que revive en la escritura de Pinos con proximidad y que se agitan en el sótano de la memoria: “Descalificada canción peruana. Polémica entre los organizadores del Festival de la Canción desató la canción peruana, que repite 18 veces la palabra NO en el estribillo…”.

El lenguaje, sencillo y musical, está al servicio de las modestas anécdotas de los personajes. Los encarcelamientos y la represión se viven cotidianamente, como el retorno del exilio o el entrenamiento de guerrilla. La novela de Pinos vive como un documento, que interpela afectivamente a los jóvenes de entonces. Por lo mismo, porque es el canto a una generación y se trata de una especie de edición conmemorativa, LOM pudo cuidar un poco más la revisión de las numerosas erratas (“Billy Halliday”, “Charly Parker”) que burlan la construcción de esa memoria y distraen de las principales preguntas que plantea el libro: cómo se escribe una novela, y sobre todo cómo se puede salir de “la Gran Amnesia”.

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