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La obra del Bosco ha estado en el centro del debate este año. Cuando se conmemoran 500 años de su muerte, dos importantes museos han impulsado muestras que recogen un gran número de sus obras. La exitosa exhibición del museo de Noordbrabants, finalizada en mayo pasado, y la del Museo del Prado, que termina esta semana, han dado cuenta del interés que aún despiertan esas encarnaciones demoníacas creadas por el pintor holandés. Pese al consenso que hay entorno a su valor artístico, estas exposiciones han suscitado discrepancias entre los investigadores de ambos museos, ratificando de alguna manera los innumerables misterios que encierran sus pinturas.

Una de las primeras diferencias que enfrentó a los especialistas fue el número de obras producidas por el Bosco. Mientras el museo de Noordbrabants afirma que su producción total es de 24 piezas, el Museo del Prado dice que son 27. El desacuerdo tiene su origen en los estudios desarrollados por los investigadores del museo holandés, quienes usando espectroscopia infrarroja detectaron que tres de sus pinturas que suelen considerarse de manera independiente (El caminante, El carro de heno y El camino de la vida) son en realidad las partes de una sola pieza. Asimismo, dichas investigaciones arrojaron que algunas pinturas en propiedad del Museo del Prado no serían del artista, sino que se trataría de trabajos realizados por imitadores y adjudicados posteriormente al Bosco. Extracción de la piedra de la locura fue una de las piezas objetadas por los investigadores, la cual iba a ser prestada por el Museo del Prado para la muestra en Noordbrabants, trato que fue anulado por los españoles una vez conocida estas informaciones.

Lo singular de este debate ha sido el uso de tecnología aplicada a la investigación del arte. El mismo poder técnico que se posee actualmente para identificar por fotografías satelitales un sitio sin excavar en Egipto o para rastrear el avance de los terroristas en Medio Oriente, está disponible hoy para estos especialistas.

El profesor adjunto en historia del arte de la Universidad Americana de Roma y fundador de la Association for Research into Crimes Against Art, Noah Charney, expone este caso en un artículo publicado hace algunas semanas en la revista Aeon, donde se pregunta si aquel análisis tecnológico ha destruido el romanticismo que encierra la recolección de datos y el estudio de las piezas artísticas. Aquellas herramientas súper sofisticadas, que permiten una visión espectroscópica de infrarrojos y que posibilitan la visión de elementos escondidos detrás de los lienzos, parecen haber terminado con el “aura” a la cual hacía referencia Walter Benjamin en su ensayo sobre fotografía.

En el siguiente enlace puedes leer el artículo completo https://aeon.co/ideas/does-technological-analysis-destroy-the-romance-of-art-history

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