El manifiesto de Scorsese

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Molesto por la crítica que le hicieron a su película Silencio en el Times Literary Supplement, el director Martin Scorsese envió un ensayo a ese mismo medio en el que rebate los prejuicios en torno al cine: que no deja nada a la imaginación; que no es arte porque participan demasiadas personas; que está mezclado siempre con intereses comerciales. Pero sobre todo, reflexiona acerca del rol del espectador en el cine. Para él no es un sujeto pasivo. Es más, habla de un “evento fantasma”: cuando el cineasta y el espectador se comunican “en esos intervalos de tiempo entre las imágenes que duran una fracción de fracción de segundo, pero que pueden ser vastos e interminables”.

por matías hinojosa

“Standing up for cinema” es el título del ensayo donde Martin Scorsese realiza una defensa del arte cinematográfico, reivindicándolo como una experiencia colaborativa, en la que participa tanto el realizador como el espectador. Estas ideas fueron apuntadas a propósito de Silencio, su última película, la cual motivó una crítica publicada en el Times Literary Supplement en la que el comentarista Adam Mars-Jones afirmó que “incluso el libro más implacable se filtra en la vida del lector, mientras que una película suspende la vida del espectador por la fracción de tiempo que dura” y que “en un libro el lector y el escritor colaboran para producir imágenes, mientras que el director de cine solo las entrega”.

Scorsese, cuya película está basada en la novela homónima de Shūsaku Endō, escribió una carta a TLS, que se publicó el 17 de marzo, en la que rectificó un error cometido por el crítico en su reseña, en relación a uno de los personajes de la película, aprovechando también de dar su opinión respecto a esta perspectiva. “Esto me parece”, escribió, “una visión extremadamente limitada y limitante del cine como una forma de arte”. Stig Abell, editor de la revista, invitó al director a escribir un texto más largo, como una manera de profundizar en este planteamiento y abrir el debate.

“No soy escritor ni teórico. Soy cineasta. Vi algo extraordinario e inspirador en el cine cuando era muy joven. Vi imágenes que me emocionaron, pero que también iluminaron algo dentro de mí”, comienza diciendo en su ensayo.

Y sigue: “A menudo, cuando las personas hablan de cine, se refieren a imágenes individuales. El coche rodando por la escalera de Odessa en El acorazado Potemkin, por ejemplo. Peter O’Toole soplando el fósforo en Lawrence de Arabia. John Wayne levantando a Natalie Wood en sus brazos cerca del final de Más corazón que odio. La sangre saliendo del ascensor en El resplandor. La explosión de combustible en Petróleo sangriento. Estos son momentos absolutamente extraordinarios en la historia del cine. Pero, ¿qué ocurre cuando separas estas imágenes de las que vienen antes y después? ¿Qué sucede cuando las sacas de los mundos a las que pertenecen? Queda registro de su cuidada realización, pero algo esencial se pierde: la fuerza que las precede y lo que viene después de ellas (…) Es importante recordar que la mayoría de estas imágenes son en realidad secuencias de imágenes: Peter O’Toole soplando el fósforo es seguido por la salida del sol sobre el desierto, el coche cayendo por las escaleras es solo una parte del caos y de la brutalidad del ataque acometido por los cosacos. Y más allá de eso, cada imagen cinematográfica separada está compuesta por una sucesión de fotogramas que crea la impresión de movimiento. Son la fijación de instantes en el tiempo. Pero en el momento en que los juntas, sucede algo más. Cada vez que vuelvo a la sala de montaje, siento la maravilla de esto. Una imagen se une con otra imagen, y un tercer evento fantasma sucede en la mente (tal vez una imagen, tal vez un pensamiento, tal vez una sensación). Algo ocurre, algo absolutamente único a esta combinación particular o encuentro de imágenes en movimiento”.

 

Silencio (2016)

 

Para Scorsese, este “tercer evento fantasma” se presenta en el espectador, en su apreciación individual de la película, de manera que su rol no se limitaría simplemente, como plantea Mars-Jones, a la de un receptor pasivo de las imágenes. “Aquí es donde el acto de creación se encuentra con el acto de ver y maravillar, donde se comunican el cineasta y el espectador, en esos intervalos de tiempo entre las imágenes filmadas que duran una fracción de fracción de segundo pero que pueden ser vastos e interminables. Aquí es donde una buena película cobra vida como algo más que una sucesión de representaciones bellamente compuestas de un guión. Esto es cine. ¿Existe esta imagen fantasma para los espectadores que no son conscientes de este procedimiento? Yo creo que sí”.

Luego de establecer este papel activo del espectador, Scorsese se refiere a la poca estima que suele recibir el cine cuando se le compara con otras expresiones artísticas: “Con los años, me he acostumbrado a observar cómo el cine es desestimado por toda una serie de razones: por estar contaminado por consideraciones comerciales; no puede ser un arte porque hay demasiadas personas involucradas en su creación; es inferior a otras formas de arte porque ‘no deja nada a la imaginación’ y simplemente lanza un hechizo temporal sobre el espectador (lo mismo nunca se dice del teatro, la danza o la ópera, cada una de las cuales requiere que el espectador la experimente dentro de un determinado lapso de tiempo). Curiosamente, me he encontrado en muchas situaciones en las que estas creencias se dan por sentado”.

El cineasta además matiza la idea, planteada por Mars-Jones, de que toda adaptación cinematográfica implicaría una “distorsión” del original. Dice Scorsese: “A veces, la idea es tomar elementos de una novela y elaborar una obra independiente de ella (como hizo Hitchcock con Extraños en un tren de Patricia Highsmith). O tomar los elementos cinematográficos de una novela y crear una película de ellos (supongo que esto fue el caso de ciertas adaptaciones de las novelas de Raymond Chandler). Y algunos cineastas intentan traducir una novela a sonidos e imágenes, para crear una experiencia artística equivalente. En general, yo diría que la mayoría de nosotros responde a lo que hemos leído y en el proceso se trata de crear algo que tenga vida propia independiente de la novela de origen”.

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