El MIR: una historia pendiente

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De armas tomar. Vidas cruzadas por el MIR reúne el testimonio de seis personas de diverso origen y función dentro de este grupo, cuyas vidas fueron atravesadas por el torbellino de su acción política. Pese a los puntos bajos del libro, todo este trabajo de búsqueda resulta de gran utilidad para historiadores y analistas, porque contribuye al acopio de elementos que entregarán en algún momento los distintos relatos que el tema merece.

por ana pizarro

El interés por el MIR en perspectiva histórica es relativamente reciente y en general, se ha manifestado en publicaciones, cuando no pequeñas, bastante marginales. En su momento de formación y mayor actividad, desde 1969 y luego en parte importante del período de la dictadura, estuvo bastante presente en los periódicos desde la mirada de sus detractores. En los últimos años, publicaciones sobre sus líderes o innumerables artículos de prensa relativos a situaciones puntuales en el país renuevan su interés con una mirada histórica que lleva a tesis académicas y publicaciones mayores. Está también la presencia pública de muchos de sus participantes. Pero el del MIR es un relato que aún no se escribe sino parcialmente y desde una perspectiva a veces de poco valor investigativo. No es el caso de este libro de Soledad Pino, que es un escrito a partir de entrevistas hecho con seriedad profesional.

En los últimos años, publicaciones sobre sus líderes o innumerables artículos de prensa relativos a situaciones puntuales en el país renuevan su interés con una mirada histórica que lleva a tesis académicas y publicaciones mayores. Está también la presencia pública de muchos de sus participantes. Pero el del MIR es un relato que aún no se escribe sino parcialmente y desde una perspectiva a veces de poco valor investigativo.

Aquí se trata de una perspectiva que enfoca seis caras de un caleidoscopio, cuya multiplicidad y movimiento están por armarse. Cada uno de estos es la faceta que entrega una entrevista. Se trata, pues, de personas de diverso origen, con diversa función dentro de la perspectiva del Movimiento, en general de relatos disímiles, cuyas vidas fueron atravesadas por el torbellino de la acción política de este grupo político, situada, a su vez, en años álgidos de la vida del país y el continente. Lo que aúna a los personajes es la relación con la historia del MIR, menor o mayormente cercana. Así, la primera es el relato de un militante de base, de extracción popular: “Tenía dudas severas de que pudiéramos hacer la revolución con gente que nunca había pasado hambre, y en el MIR había mucha burguesía”. La segunda, sorprendente, es la de un torturador confeso: “En el mundo militar todos nos declarábamos antimarxistas sin tener ni la más pálida idea de lo que eso significaba”. La tercera, de un empresario ligado a personas del MIR: “Estando en prisión tuve un cambio sustancial: me volví bastante insensible”. La cuarta es la de la pareja de Alfonso Chanfreau y uno de los casos emblemáticos de la tortura: “Yo iba sentada en una micro y de repente vi colgada en un kiosco la portada con la cara de ese sujeto; me dio una especie de fatiga, creo que mi cuerpo resintió el miedo que yo no reconocía conscientemente que tenía”. La entrevista siguiente es la de un ex miembro de la dirección del MIR que alude a su historia, sus aciertos, sus fuertes críticas a la organización: “Se me aclaró la película, vi que el MIR estaba básicamente destruido y nosotros seguíamos hablando de derrocar la dictadura y constituir un gobierno popular”. Este testimonio deja ver, entre líneas, algo que me parece importante: el humor negro que permite el distanciamiento necesario para la reflexión.

La entrevista final es el relato de vida de dos hermanos (quien habla es Alexandra) que viven la infancia y parte de la adolescencia a cargo de su abuela en distintos países, porque sus padres han vuelto clandestinos al país a formar parte de la resistencia armada. A diferencia de las demás, y por su propia naturaleza, esta entrevista toca más hondo en lo emocional. No hay aquí victimización, a pesar de que se trata de vidas trastrocadas por las circunstancias, porque la experiencia de crecimiento con la abuela es altamente positiva. Sabemos que no fue así en otros casos.

Como vemos, esta es la muestra de un universo polifacético cuyas piezas están lejos de constituir hoy un relato histórico coherente. Entiendo que hay historiadores que están trabajando en esto. Hay en estas entrevistas distintas perspectivas etarias, ideológicas, acontecimientos que pertenecen a diversos tiempos, personajes que actúan en diferentes lugares del Movimiento. No es posible evaluar los relatos de la misma manera. Hay momentos en la evolución del MIR que lo caracterizan (y responsabilizan) de manera diferente: el primero parece ir hasta la muerte de Miguel Enríquez; las conducciones siguientes le imprimieron otro perfil al Movimiento.

Por todas estas razones, también me parece que la periodista nos debe un análisis que vaya más allá de lo metodológico. También hubiéramos querido que la agudeza de Ascanio Cavallo (autor del prólogo) nos entregase elementos mayores en respaldo de su tesis, pues en esta épica pienso que hubo muchos héroes: todos esos jóvenes y menos jóvenes generosos que fueron hombres y mujeres de su tiempo, torturados y muertos por pensar (equivocadamente o no) que podía haber un mundo de mayor equidad.

Todo este trabajo de búsqueda, sin embargo, es de gran utilidad para historiadores y analistas, porque contribuye al acopio de elementos que entregarán en algún momento los distintos relatos que el tema merece.

 

De armas tomar. Vidas cruzadas por el MIR, Soledad Pino, Catalonia-Periodismo UDP, 2016, 188 páginas, $12.100.

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