Enero 15, 2018

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Ha escrito sobre el “Tao” o “camino” de nada menos que la física, según su libro más famoso, éxito de ventas internacional y que se sigue publicando en todo el mundo. El autor, con casi 80 años, continúa vinculando disciplinas. Es un invitado estelar en el Congreso Futuro que se lleva a cabo desde hoy hasta el 21 de enero. Su conferencia tendrá lugar el día miércoles 17.

por patricio tapia

Una tarde de 1970, sentado junto al mar, Fritjof Capra sintió que las olas y la arena formaban un movimiento cósmico que lo hizo pensar en la danza del dios bailarín Shiva —encerrando los ritmos y ciclos de la creación, la destrucción, el ocultamiento y la revelación—, sobre la que había estado leyendo. Pronto vio una relación entre el baile de Shiva y el de las partículas subatómicas. No era del todo extraño, ya que Capra (nacido en Viena en 1939) era un científico, formado y doctorado en física moderna.

Aquella danza cósmica sería una metáfora central de su libro más conocido, El Tao de la física (1975). Pero pronto Capra seguiría ampliando sus intereses y alcances teóricos, conectando la física con la filosofía (occidental y oriental), psicología y sociología, biología y arte, influyendo en esos distintos ámbitos así como en la cultura New Age. Libros como El punto crucial (1982), La trama de la vida (1996) y Las conexiones ocultas (2002) muestran esas ampliaciones. En La ciencia de Leonardo (2007) y Learning from Leonardo (2013) ve al artista y pensador renacentista como un pionero y precursor de las teorías de sistemas y de la complejidad.

Los físicos derivan su conocimiento de los experimentos; los místicos de visiones meditativas. Ambas son observaciones, y en ambos campos estas observaciones son reconocidas como la única fuente de conocimiento.

Científico, ecologista, educador, activista, Capra conecta los cambios conceptuales disciplinarios con cambios más amplios en la sociedad. Una visión científica unificada de la vida es lo que propone junto a Pier Luigi Luisi en The Systems View of Life (2014). La ecología y la “ecoalfabetización” ha sido otra de sus preocupaciones: es director fundador del Center for Ecoliteracy, en Berkeley, California.

 

¿Cómo fue que se interesó por el pensamiento indio?

Durante la década de los 60 hubo un gran interés en la filosofía, el arte y la espiritualidad de la India tanto en Europa como en Estados Unidos. Pasé mis dos primeros años como investigador posdoctoral de física en París, entre 1967 y 1968, y fue allí donde leí por primera vez el Bhagavad Gita, el clásico texto hinduista. Más tarde leí libros de Alan Watts, T.D. Suzuki y otros autores que escribieron sobre el misticismo oriental. Practiqué la meditación y también experimenté con drogas psicodélicas. A través de estas experiencias descubrí por primera vez algunos sorprendentes paralelismos entre la cosmovisión de la física moderna y las ideas básicas de las tradiciones místicas orientales: el hinduismo, el budismo, el taoísmo, etc.

 

Cuando enseñaba y hacía investigación en física, el misticismo oriental debe haber sido visto como un pasatiempo totalmente independiente y “no científico”.

Es verdad. De hecho, incluso después de la publicación de El Tao de la física en 1975, la mayoría de mis colegas científicos miraron mis comparaciones entre la física y el misticismo con un ligero desconcierto y no las tomaron en serio. Durante los últimos 40 años, sin embargo, sus actitudes han cambiado drásticamente. Después de la publicación de El Tao de la física, aparecieron numerosos libros en los que físicos y otros científicos presentaban exploraciones similares de los paralelismos entre la física y el misticismo. Otros autores extendieron sus investigaciones más allá de la física, encontrando similitudes entre el pensamiento oriental y ciertas ideas sobre el libre albedrío, muerte y nacimiento, y la naturaleza de la vida, la mente, la conciencia y la evolución. Además, se han establecido los mismos tipos de paralelismos con las tradiciones místicas occidentales. Algunas de las exploraciones de paralelismos entre la ciencia moderna y el pensamiento oriental fueron iniciadas por maestros espirituales orientales. El Dalai Lama, en particular, organizó una serie de diálogos con científicos occidentales sobre “mente y vida” en su casa en Dharamsala.

La ciencia de Leonardo era una ciencia de las formas vivientes, de patrones y procesos interconectados. En mi libro sostengo que Leonardo da Vinci fue un pensador sistémico, un ecologista y un pionero del ecodiseño y la biomimética.

 

En todo caso, física cuántica y budismo zen no eran cosas fáciles de relacionar. ¿Cómo se le ocurrió hacerlo?

Al principio, los enfoques de los físicos y los místicos también me parecieron bastante diferentes. Pero a medida que exploré los paralelos que había descubierto, me di cuenta de que, de hecho, los dos enfoques comparten algunas características importantes. Para empezar, su método es completamente empírico.  Los físicos derivan su conocimiento de los experimentos; los místicos de visiones meditativas. Ambas son observaciones, y en ambos campos estas observaciones son reconocidas como la única fuente de conocimiento. Los objetos de observación son, por supuesto, muy diferentes en los dos casos. El místico mira dentro y explora su conciencia en varios niveles, incluyendo los fenómenos físicos asociados con la materialización de la mente. El físico, por el contrario, comienza su investigación sobre la naturaleza esencial de las cosas estudiando el mundo material. Al explorar reinos cada vez más profundos de la materia, él toma conciencia de la unidad esencial de todos los fenómenos naturales. Más que eso, también se da cuenta de que él mismo y su conciencia son parte integral de esta unidad. Así, el místico y el físico llegan a la misma conclusión; uno empezando desde el reino interior, el otro, desde el mundo exterior. La armonía entre sus puntos de vista confirma la antigua sabiduría india que brahman, la realidad última afuera, es idéntica a atman, la realidad adentro. Otra similitud importante entre los modos del físico y el místico es el hecho de que sus observaciones tienen lugar en ámbitos que son inaccesibles para los sentidos ordinarios. En la física moderna, estos son los reinos del mundo atómico y subatómico; en el misticismo, son estados de conciencia no comunes en los que se trasciende el mundo sensorial cotidiano. En ambos casos, el acceso a estos niveles de experiencia no comunes es posible solo después de largos años de capacitación dentro de una disciplina rigurosa, y en ambos campos los “expertos” afirman que sus observaciones a menudo desafían expresiones en el lenguaje ordinario.

Charlas destacadas

Las entradas para Congreso Futuro se encuentran agotadas. Sin embargo, su señal de streaming ofrecerá en vivo la transmisión de estos encuentros. En esta séptima versión, en la que se presentarán 130 expositores, destacan las intervenciones del siquiatra Claudio Naranjo (“La política por la consciencia”, martes 16, 10:25), del profesor de Desarrollo Sostenible y economía estable Tim Jackson (“Prosperidad en un planeta finito”, viernes 19, 10:25), del astrónomo Eric Mazur (“Cambiar para educar”, viernes 19, 11:15) y de la socióloga y antropóloga Riane Eisler (“Encarcelar o liberar la conciencia”, 20 enero, 17:00).

 

¿Cómo pasó del enfoque en la física teórica a las ciencias de la vida y luego al pensamiento social?

El Tao de la física fue ampliamente leído y apreciado casi inmediatamente después de su publicación, y recibí muchas invitaciones para dar conferencias y seminarios sobre este tema. Durante estas conferencias conocí a personas de todos los ámbitos de la vida —médicos, enfermeras, psicólogos, biólogos, antropólogos— quienes me dijeron que un cambio de paradigma similar al que discutía en mi libro también estaba sucediendo en sus campos. Esto me llevó a ampliar mi enfoque, y en mi segundo libro, El punto crucial, discutí el cambio de una visión del mundo mecanicista a una visión del mundo holística y ecológica en la biología, la medicina, la psicología y la economía. Mientras estaba escribiendo El punto crucial, me di cuenta de que los problemas que ahora investigaba —salud, educación, derechos humanos, justicia social, poder político, protección del medioambiente, gestión de empresas de negocios, economía, etc.— todo tiene que ver con los sistemas vivos; con seres humanos individuales, sistemas sociales y ecosistemas. Con esta percepción, mis intereses de investigación pasaron de la física a las ciencias de la vida, y comencé a armar un marco conceptual que me permitiera debatir los sistemas vivos en todas sus dimensiones, usando ideas de la teoría de sistemas vivientes, teoría de la complejidad y ecología.

 

En su libro más reciente menciona cuatro dimensiones en los sistemas sociales: materia, proceso, forma y sentido. ¿Podría resumir sus puntos de vista al respecto?

En los últimos 30 años, una nueva concepción de la vida ha surgido en la primera línea de la ciencia. En su núcleo hay un cambio profundo de metáforas: desde ver el mundo como una máquina hasta entenderlo como una red. Efectivamente, en The Systems View of Life, que escribí con Pier Luigi Luisi, presento una síntesis de esta nueva concepción de la vida, una síntesis que integra la dimensión biológica de la vida con sus dimensiones cognitiva, social y ecológica. Ahora, cuando se observan los diversos modelos y teorías sistémicas en las ciencias de la vida, se ve que hay dos tipos principales, describiendo los sistemas vivos en términos de redes o en términos de flujos. Mi síntesis, básicamente, es una síntesis entre esas dos perspectivas. La perspectiva de red usa el lenguaje de topología, teoría de grafos, etc.; la perspectiva del flujo utiliza el lenguaje de la física y la química. Los llamo las perspectivas de la forma y de la materia, y encontré que podía unificarlas agregando una tercera perspectiva, la perspectiva del proceso. Luego, pasando a los sistemas sociales humanos, me di cuenta de que la conciencia y la cultura humanas requerían una cuarta perspectiva a ser integrada en mi síntesis. Esta cuarta perspectiva la llamo la perspectiva del sentido. Me temo que esto puede sonar bastante abstracto, pero eso es todo lo que puedo hacer en una respuesta breve.

“Lo más importante a tener en cuenta sobre la situación mundial actual, en mi opinión, es que los principales problemas de nuestro tiempo —la energía, el medioambiente, el cambio climático, etc.— no pueden entenderse aisladamente. Son problemas sistémicos, lo que significa que todos están interconectados, son interdependientes”.

 

Pero si todavía no se llega a una teoría unificada de la física, ¿sería posible una visión científica unificada de la vida?

Esta visión científica unificada de la vida es lo que Luisi y yo presentamos en nuestro libro The Systems View of Life. Lo llamamos una visión sistémica porque requiere un nuevo tipo de pensamiento sistémico: pensar en términos de patrones de relaciones y contexto. También estoy enseñando la visión de sistemas de la vida en un nuevo curso en línea (ver http://www.capracourse.net). Consiste en 12 conferencias pregrabadas y un foro de discusión en línea en el que participo regularmente. Estoy muy entusiasmado con esta nueva forma de enseñar. En cada curso tengo entre 150 y 200 participantes de más de 50 países de todo el mundo, incluidos varios participantes de Chile.

 

Su trabajo ha sido decididamente interdisciplinario. Después de varios y muy distintos libros, ¿cuál diría que es su campo?

Sí, mi trabajo reciente ha sido interdisciplinario o, mejor aún, transdisciplinario. Mi campo en la actualidad es la concepción sistémica de la vida. Me llamo a mí mismo físico y teórico de sistemas.

 

Por otra parte, ha mantenido un interés de larga data en Leonardo da Vinci. ¿Ha sido una especie de inspiración?

Definitivamente. He estudiado los aspectos científicos de la obra de Leonardo da Vinci durante 10 años y he escrito dos libros sobre él. El primero, La ciencia de Leonardo está disponible en una edición en español. La ciencia de Leonardo era una ciencia de las formas vivientes, de patrones y procesos interconectados. En mi libro sostengo que Leonardo da Vinci fue un pensador sistémico, un ecologista y un pionero del ecodiseño y la biomimética.

“La transición a un futuro sostenible ya no es un problema técnico ni conceptual. Es un problema de voluntad política y de liderazgo”.

¿Cómo ve la crisis ambiental y el futuro: con esperanza, miedo, ambos?

Lo más importante a tener en cuenta sobre la situación mundial actual, en mi opinión, es que los principales problemas de nuestro tiempo —la energía, el medioambiente, el cambio climático, la desigualdad económica, la violencia y la guerra— no pueden entenderse aisladamente. Son problemas sistémicos, lo que significa que todos están interconectados, son interdependientes y requieren las correspondientes soluciones sistémicas, soluciones que no resuelven ningún problema de forma aislada sino que se ocupan de él en el contexto de otros problemas relacionados. En las últimas décadas, los institutos de investigación y los centros de aprendizaje de la sociedad civil global han desarrollado y probado cientos de soluciones sistémicas de este tipo en todo el mundo. En nuestro libro, dedicamos aproximadamente 60 páginas a detalladas discusiones sobre las más efectivas de esas soluciones. Ellas proporcionan evidencia convincente de que la transición a un futuro sostenible ya no es un problema técnico ni conceptual. Es un problema de voluntad política y de liderazgo. La Tierra es nuestro hogar común y crear un mundo sustentable para nuestros hijos y para las generaciones futuras es nuestra tarea común.

 

El Tao de la física, Fritjof Capra, Sirio, 2010, 420 páginas, $20.830.

 

La ciencia de Leonardo, Fritjof Capra, Anagrama, 2011, 416 páginas, $10.950.

 

La trama de la vida, Fritjof Capra, Anagrama, 2009, 368 páginas, $14.320.

 

The Systems View of Life, Fritjof Capra y Pier Luigi Luisi, Cambridge UP, 2014, 510 páginas, U$ 24.99.

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