Intimidad entre extraños

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Septiembre 4, 2018

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En siete partes muy bien hilvanadas, fluidas, La poesía terminó conmigo construye además un gran fresco del campo cultural chilenos de fines de los 70 y comienzos de los 80, de manera que el lector pueda comprender esa mezcla de contracultura y erudición que fue Rodrigo Lira.

por lorena amaro

La biografía es un género que se cultiva con escafandra: puede demandar años de archivo, entrevistas y escritura. En La poesía terminó conmigo, Roberto Careaga ofrece un espléndido ejemplo de dedicación y profunda generosidad biográfica; el suyo es un libro notable y es una de las pocas biografías literarias de las que disponemos en Chile, en que pocos héroes culturales han sido retratados y menos aún con la minuciosidad y el cuidado que él ha puesto en siete años de trabajo.

La historia de Lira trasciende el ámbito literario para impactar en nuestro imaginario colectivo. Un joven poeta con aspiraciones vanguardistas, asediado por una enfermedad psiquiátrica y también por las tentativas fracasadas, decide suicidarse cuando el país se encuentra bajo una larga dictadura. Ha golpeado las puertas de las vacas sagradas de la poesía, ha hecho una fugaz y extraña aparición en un concurso de talentos de televisión, se ha convertido en una figura conocida de los patios del Pedagógico. Hasta ahí llega el relato esquemático que conoce la mayoría, y que Careaga quiebra para introducir las incertidumbres, las muchas posibles lecturas que merece toda vida. En su texto asoman diversas caras del poeta, algunas terribles, otras incluso joviales; Careaga narra haciéndose casi invisible, aunque también se arriesga a imaginar sueños y momentos muy íntimos de la vida de su protagonista.

En su texto asoman diversas caras del poeta, algunas terribles, otras incluso joviales; Careaga narra haciéndose casi invisible, aunque también se arriesga a imaginar sueños y momentos muy íntimos de la vida de su protagonista.

En siete partes muy bien hilvanadas, fluidas, construye además un gran fresco del campo cultural chileno de fines de los 70 y comienzos de los 80, de manera que el lector pueda comprender esa mezcla de contracultura y erudición que fue Rodrigo Lira.

Careaga describe a Lira y sus amigos como “jóvenes de izquierda” que “no lo andaban gritando” y Chile era “un pésimo lugar para tener 20 años”.

Es este mismo lenguaje sencillo pero expresivo el que emplea para acercarse a la obra del autor: “Quiere decirlo todo y se pierde en las ramas, atorado de retórica”, explica. Y más adelante: “Puede que sea la fundación de un pilar que sostiene su obra: el cotilleo literario. Fue más sofisticado, pero siempre ocupó sus poemas para mapear la escena literaria, reírse de ella, parodiarla. Usó su poesía para apoyar sobre ella un rifle y disparar contra las vacas sagradas”.

Careaga logra algo muy poco frecuente y distintivo de una buena biografía: que el lector sienta la intimidad de una vida ajena, una sensación que el biógrafo inglés Michael Holroyd describe como una potente “intimidad entre extraños”. Procurando entender a su personaje, nos muestra la inclinación de Lira por la vida militar, las mujeres con las que se relacionó, sus tentativas universitarias, la relación quebrada con su familia y, también, una de las pocas certidumbres del texto, el lamentable diagnóstico de esquizofrenia del psiquiatra Arístides Rojas Ladrón de Guevara, quien le diera electroshock. Consultado por Careaga, el médico explica que “Rodrigo Lira era lunático y en las noches de plenilunio se volvía loco, más loco que de costumbre”. No es necesario que el biógrafo agregue nada: deja al lector que juzgue hasta qué punto Lira no recibió la ayuda que necesitaba.

Hijo descarriado que tienta el sinsentido, Lira ocupa hoy un lugar impensado en la historia literaria chilena y este libro contribuye a releer su poesía. Escribe Careaga: “Rodrigo fue protagonista. Pero ese no era su papel en la literatura chilena. En ninguna parte, en realidad. Él era el secundario peligroso. El outsider que disparaba desde los márgenes. Si llegaba al escenario era para arruinar la fiesta”.

Esta biografía permite presenciar esa escena incómoda, el desborde de un poeta en “el límite del lenguaje”, que parodiando a Parra y Lihn dice: “Porque escribo estoy así. Por/ Qué escribí porque escribí ‘es/ Toy vivo, la poesía/ Terminóo con-/ migo”.

 

La poesía terminó conmigo. Vida de Rodrigo Lira, Roberto Careaga, Ediciones UDP, 2017, 303 páginas, $16.000.

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