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Mujeres cuyo rostro y piernas no vemos, pintadas a la manera clásica, empezaron a aparecer por las calles de Santiago. El gesto resulta atípico, al ver que el graffiti y el muralismo siempre ha tenido un carácter más social. Sin embargo, su autor lo ve distinto: “El principal objetivo de pintar en las calles es democratizar el arte. Quise sacar mi trabajo del taller y depositarlo en las calles, porque siento que los espacios dedicados a la difusión artística (galerías y museos) tienen un espectro de visitantes muy restringido”.

por constanza gutiérrez

Apareció un día de 2014 en la esquina de Santo Domingo con Miraflores y su foto empezó a correr por Internet: de espaldas, contra un fondo negro, tres cuartos de una mujer rubia con trenzas se alzaban desde el pavimento. Destacaba entre otros murales pintados en la calle porque no correspondía con la usual definición de graffiti, aun cuando está en un lugar público y fue pintado con spray: no hay palabras, por ejemplo. Es solo una imagen, una imagen realista, muy parecida a una foto. Un cuadro manierista en medio de la calle.

La obra se llama Ganza y la pintó Javier Barriga (1987), que desde hace tiempo quería pintar murales, pero nunca había tenido un espacio a su disposición. Un día se juntó con dos amigas a almorzar en un restorán que está precisamente en la esquina donde ahora está Ganza y, en medio de la conversación, les dijo que necesitaba solo una oportunidad para demostrar que se la podía con un mural. Pero a casi nadie le regalan las oportunidades, y las dos amigas lo ayudaron a crearla: con su ayuda envió una carta a la municipalidad de Santiago, quienes lo citaron a una reunión y aprobaron su proyecto. Luego buscó auspicio, hasta que dio con la empresa Watts, quienes corrieron con los gastos para pintar su primer mural y, además, hicieron un video donde se muestra el proceso de la obra, en el que la marca tiene presencia mediante placement o posicionamiento, es decir, insertando el producto en el video sin interferir en su narrativa.

¿Siempre quisiste diferenciarte del graffiti o del mural con motivo social?

Mis murales (y ese en especial) están cargados de un propósito social, que es, de hecho, el principal objetivo de pintar en las calles, además de entretenerme: democratizar el arte. Quise sacar mi trabajo del taller y depositarlo en las calles, porque siento que los espacios dedicados a la difusión artística (galerías y museos) tienen un espectro de visitantes muy restringido. No es muy difícil que la experiencia de visitar una exposición resulte frustrante y que la persona concluya que no entiende el arte. Los textos de las exposiciones a veces resultan indescifrables, pretenciosos y desconectados de la vida cotidiana. Por eso quise pintar en las calles.

El mundo del grafitti es increíble, he sentido el apoyo desde siempre, comparten mi trabajo, lo comentan, como si todos fuésemos parte de un mismo proyecto. Además han sido muy respetuosos, ya que de ellos depende la permanencia de mi trabajo en la calle.

¿Por qué elegir el realismo en un mundo en el que existe la fotografía?

Desde sus inicios la pintura ha estado vinculada a la óptica. Siempre ha existido la fotografía, lo nuevo son las cámaras. Utilizo la fotografía como herramienta al servicio de la pintura, sobretodo para instalar el dibujo, pero me resulta imposible serle fiel hasta el final: siempre hay que inventar, solucionar creativamente. En la fotografía la luz entra por un lente y es captada por un medio fotosensible, mientras que en la pintura entra por el ojo y es procesada en el interior, mediada por tus recuerdos, emociones y sensibilidades. Los procesos son completamente distintos. Hay pinturas que tratan de asemejarse a una fotografía, pero no es mi caso. Trato de representar lo que veo, y la fotografía me ayuda a recordarlo con más exactitud, pero la traducción que hago es pictórica, y dialoga con las soluciones que he visto en otras pinturas, asumiendo también que soy hijo o víctima de la cultura de la imagen digital, y que mi ojo fue educado bajo esta mirada.

Javier empezó a pintar con su abuela cuando todavía estaba en el colegio. Después de clases, iba a su casa a pintar naturalezas muertas y, más tarde, niñas que le gustaban. Al salir del colegio estudió diseño en la Universidad Católica, pero lo que continuó haciendo fue pintar mujeres: “La mujer es un universo que nunca conoceré por dentro, jamás sabré realmente cómo se sienten, y eso despierta mi intriga, me permite fantasear”. Las mujeres de sus pinturas no tienen cara, ni piernas. Tampoco sabemos dónde están: se perfilan delante de un fondo negro. Dice que no es muy fan del color, su trabajo es gris con colores tierra. La ropa que visten ellas suele ser blanca o beige, elegida por Barriga de entre la ropa de su abuela, las abuelas de sus amigas, vestuario teatral y ropa usada, donde busca transparencias, vuelos y encajes, “porque funcionan bien con la luz con la que trabajo”.

¿Por qué evitas pintar la cara de tus retratadas?

Cuando no se muestra el rostro no hay identidad. De espalda la gente se parece, de frente somos todos diferentes. Busco que mi modelo se parezca a alguien, que despierte algún recuerdo, confunda y siembre la duda. Además, al darle la espalda al espectador, este se sitúa en un espacio de protección para la contemplación, similar a cuando uno mira a alguien a través de un reflejo.

 

JavierBarrigaobras

China, Museo a cielo abierto de San Miguel.

 

¿Por qué estas mujeres no tienen cuerpo de la mitad para abajo?

Esto tiene su raíz en uno de mis más grandes maestros, Caravaggio. Admiro mucho sus escenas de cuerpos de tres cuartos, una característica que también toma Georges de La Tour, otro pintor que ha influenciado mi obra. Por ahora prefiero que no exista un suelo, no hay nada que de cuenta de un espacio físico, lo que genera una atmósfera más psicológica, enfocando la atención en el gesto, que sucede generalmente en la interacción entre las manos y el pelo.

Quiero llevar el desnudo al espacio público en gran formato, rescatando las técnicas de los antiguos para representar la naturaleza humana en su magnificencia, y hacer frente a la publicidad y su oscura estrategia de apropiación de nuestras calles para vendernos un producto a través de la utilización del cuerpo humano.

Para él, dice, todo se remonta a la cultura clásica. Ha pasado toda su vida estudiando a los pintores antiguos y al decidir pintar en la calle supo que ese sería su aporte a la escena: el rescate. “No hay una tradición importante de pintura precolombina, salvo la pintura rupestre supongo, pero yo soy más academicista que arqueólogo. Esto explica mi técnica, fruto del estudio de las metodologías empleadas en la época del Renacimiento”.

Ante la pregunta por la decisión de pintar mujeres rubias, responde: “Es cierto que mis modelos no tienen rasgos que correspondan con los de la mujer chilena, son rubias, y eso despierta un extraño sentimiento de discriminación en algunas personas. Hay una razón formal de por qué pinto rubias, y es porque la luz rebota mejor en su cabello y se generan más matices, ayudando a separar al sujeto del fondo negro. Por otro lado, todas mis modelos son chilenas, yo soy chileno, pero no tengo ninguna intención de formar parte de la gráfica localista que retrata los pueblos originarios solo para ser condescendiente”.

¿Cómo ha sido la recepción de tu obra —cuyo referente está en el pasado— entre otros pintores y graffiteros?

El mundo del grafitti es increíble, he sentido el apoyo desde siempre, comparten mi trabajo, lo comentan, como si todos fuésemos parte de un mismo proyecto. Además han sido muy respetuosos, ya que de ellos depende la permanencia de mi trabajo en la calle. ¿Pintores? Conozco muy pocos. Solo podría mencionar a Sebastián Salvo, Boris Correa y Salvador Amenábar, de quienes he aprendido mucho, y sé que respetan lo que hago. No tengo mucho diálogo con otros pintores, y no creo que se interesen mucho por mi trabajo; la figuración es muy poco común hoy en día, por lo que a un pintor que hace monitos con acrílico seguro le va a parecer aburrido lo que hago.

Como pintor, ¿cuál es tu proyecto a largo plazo?

Quiero llevar el desnudo al espacio público en gran formato, rescatando las técnicas de los antiguos para representar la naturaleza humana en su magnificencia, y hacer frente a la publicidad y su oscura estrategia de apropiación de nuestras calles para vendernos un producto a través de la utilización del cuerpo humano.

 

(Imagen de portada: Ganza, ubicado en Santo Domingo con Miraflores)

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