Junio 9, 2017

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El periodista financiero Duff McDonald ha arremetido en su libro The Golden Passport contra el MBA más apetecido de todo el mundo. Muchos de los problemas asociados al sistema de capital, plantea este autor, estarían asociados al enfoque con el cual la escuela de Harvard está preparando a sus estudiantes.

por matías hinojosa

La Escuela de Negocios de Harvard ha estado en los últimos meses en el centro del debate. Su curso de maestría es uno de los más prestigiosos y apetecidos por los ejecutivos de todo el mundo (en 1978, The New York Times se refería a su diploma como “un pasaporte de oro” a una “vida de clase alta”, debido a las perspectivas laborales y a los millonarios sueldos a los que podían aspirar sus egresados). Sin embargo, en su libro The Golden Passport el periodista financiero Duff McDonald critica el enfoque del programa, que a su juicio está inspirado en un modelo que tiene como único horizonte la obtención de beneficios. Los graduados del MBA de Harvard serían los responsables de los problemas asociados al sistema de capital, como la desigualdad económica y el cambio climático, entre otros asuntos.

Las deficiencias de la escuela habrían quedado al desnudo durante la crisis económica de 2008, la cual se debió, entre otros factores, a la mirada de corto plazo compartida por buena parte de los directorios de Wall Street, quienes, por otra parte, una vez desatada la catástrofe financiera tampoco habrían estado a la altura de las circunstancias.

“Cuando los estudiantes entran a la escuela de negocios, creen que el propósito de una corporación es producir bienes y servicios para beneficio de la sociedad”, escribe McDonald, pero cuando se gradúan “creen que (el propósito) es maximizar el valor para los accionistas”. La razón sería muy simple: “El dinero se volvió demasiado bueno”.

McDonald centra sus ataques en el MBA de Harvard, pero lo cierto es que sus opiniones competen a todas las escuelas de negocios del mundo, cuyos programas de especialización están fuertemente influenciados por la visión que propone esta casa de estudios.

“Cuando los estudiantes entran a la escuela de negocios, creen que el propósito de una corporación es producir bienes y servicios para beneficio de la sociedad”, escribe McDonald, pero cuando se gradúan “creen que (el propósito) es maximizar el valor para los accionistas”. La razón sería muy simple: “El dinero se volvió demasiado bueno”.

El perfil de los profesores –muchos de ellos provenientes de la empresa privada–, sumado a la creciente demanda por los graduados del MBA por parte de las grandes firmas de Wall Street y los millonarios sueldos que ofrecen estas empresas, serían los motivos que han terminado por torcer la perspectiva educativa adoptada por la escuela, consiguiendo satisfacer las necesidades de estas corporaciones pero desestimando los intereses de la sociedad en su conjunto.

El profesor Michael J. Jensen es, según McDonald, el responsable de este fracaso moral por el que atraviesa actualmente la maestría. Jensen, que fue contratado por la universidad en 1985, es conocido por defender la “teoría del agente principal”: la idea de que los directorios de las empresas deben trabajar en pos de la obtención del máximo beneficio de los accionistas, sin considerar las consecuencias, o externalidades, que aquellas decisiones puedan traer para la sociedad. O lo que él llama “estrategias de beneficios inmorales”. Para el autor, el que Jensen “secuestrara por ideología el estudio de las finanzas sirvió como un repudio cínico de todo lo que había llegado antes de él a la escuela”.

Las opiniones planteadas por el analista han conseguido gran repercusión en medios como The Economist y Financial Times. Por otro lado, se cuestiona la poca ponderación en sus planteamientos, depositando una responsabilidad desmedida en una sola escuela de negocios.

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