José Donoso, la letra y el cuerpo

Tras leer sus novelas, ensayos y por sobre todo sus diarios, queda la impresión de que toda la vida del narrador giró en torno a la pasión por la literatura, sea la escritura o la lectura. Esta última fue muy intensa durante la creación de El obsceno pájaro de la noche, novela que este 2020 cumple 50 años de su publicación y que fue la que más tiempo le tomó (y bilis y equilibrio y salud). Günter Grass, Simone de Beauvoir, los autores del boom latinoamericano y muy especialmente Joseph Conrad estaban en su “taller”, sirviéndole como estímulo pero también provocándole envidia. La editora de sus diarios comparte aquí un glosario de lecturas, arbitrario y desde luego incompleto, que se puede encontrar en las anotaciones que van de 1958 a 1970.

por Cecilia García-Huidobro Mc I 29 Octubre 2020

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Se ha puesto de moda en estos tiempos distópicos el atractivo y algo esnob ejercicio de hacer versiones en vivo de pinturas famosas que dan vuelta por las redes sociales como una nueva versión del “calza o no calza” de la campaña del plebiscito. Viendo algunas de estas recreaciones no he podido dejar de imaginar a José Donoso como un doble del cuadro El bibliotecario, de Arcimboldo. Después de leer ensayos suyos, los libros autobiográficos y sobre todo sus diarios, se me figura la personificación de ese señor adusto, de barba parecida a la suya que al borde de un cortinaje posa convertido todo su cuerpo en trozos de libros.

En febrero de 1962, por ejemplo, anota en su dia­rio: “He leído una brutalidad últimamente: Los premios de Cortázar, que me pareció inteligente y frívola, y sin mayor pero. Las afueras de Luis Goytisolo-Gay; Nue­vas amistades de García Hortelano; Primera memoria de Ana María Matute; La región más transparente y Las buenas conciencias de Carlos Fuentes; Montevideanos de Benedetti; Uno de Elvira Orphée; El llano en llamas de Rulfo. Creo que eso es todo: ahora tengo a Stiller y Salka Valka de Laxness. ¿Qué he sacado de toda esta lectura? En primer lugar porque priman los autores latinoamericanos y españoles, un reencuentro con el idioma (…) en general debo tratar de leer mucho, mu­cho español, aprovechando las buenas novelas nuevas que hay. No sé todavía el resultado –creo que debería leer clásicos españoles para adquirir una auténtica sinuosidad, riqueza de estilo, pero esto me lo he estado diciendo desde que soy un niño y jamás me decido”.

“He leído una brutalidad”, escribe y describe, como si quisiera dar cuenta del menú imprescindible del que debe alimentarse todo escritor. Una dieta que a ratos puede llegar a enfermarlo. Enfermarlo de envi­dia, habría que agregar. José Manuel Zañartu, amigo cercano de Donoso en la década del 50, con quien in­cluso compartió casa en el Cajón del Maipo, se impre­sionaba de lo mucho que leía, pero sobre todo le llama la atención cómo le afectaba un libro que le gustaba: “Quedaba completamente desesperado, encontraba que todo lo de él era pésimo y lo que estaba escribien­do lo encontraba peor todavía”.

Algo de eso reveló en Historia personal del boom, donde habla de libros casi tanto como de envidia. En realidad todo el relato se estructura en torno a esa pasión. Ya en el epígrafe, tomado de La desheredada de Pérez Galdós, lo explicita: “Deme usted una envidia tan grande como una montaña, y le doy a usted una reputación tan grande como el mundo”.

En las primeras líneas de su ensayo plantea que la existencia del boom se debe principalmente a quie­nes se han dedicado a negarlo. Es una creación, según Donoso, “de la his­teria, de la envidia y de la paranoia”. Afirmación que despliega a lo largo del texto con anécdotas, argumentos e historias. Sin excluirse a sí mismo. Dice que leer La región más transparente “fue un impulso vital, un incenti­vo feroz para mi vida de escritor, el acicate de la envidia, de la necesidad de emular, que, mezcla­dos con el asombro y la admiración, airearon mi cerrada casa”. Algo se­mejante describe con La ciudad y los perros, asegu­rando que el estímulo que recibió no fue solo debido a la envidia que me produjo su calidad, ni al alboroto que se armó al comenzar su tremenda difusión. En lo puramente literario (…) el peruano jugaba extraños y perturbadores juegos con el punto de vista: experi­mentaba conscientemente, intelectualmente”.

Dice que leer La región más transparente, de Carlos Fuentes, ‘fue un impulso vital, un incentivo feroz para mi vida de escritor, el acicate de la envidia, de la necesidad de emular, que, mezclados con el asombro y la admiración, airearon mi cerrada casa’.

Para Donoso, un buen libro es un cross a la mandí­bula, por citar la expresión de Roberto Arlt. Recibe el golpe, pero luego, a la hora de escribir, toma impulso para intentar dar otro mayor. Aunque cuesta imagi­narlo, Donoso tuvo clases de box en su juventud, por lo que algo sabía de ganchos, hook, swing y otros puñe­tazos clásicos que muy pronto adaptó al acto creativo.

Por eso me gusta la analogía con la pintura de Arcimboldo, porque grafica que la literatura era parte de su cuerpo; sin metaforizar, claro. Sabidas eran sus frecuentes ataques de úlcera que le sobrevenían luego de terminada una novela, como si se hubiera vaciado por dentro, como si perdiera toda identidad una vez finalizado un proyecto literario, como si el cuerpo no fuera otra cosa que el soporte para la escritura.

En las primeras páginas de Conjeturas sobre la me­moria de mi tribu reconoce que “hacia el final de la es­critura de un libro suelo sentir un trueno en el sismó­grafo que oscila con mi habitual temor ante el término de un texto. ¿Por qué esta sensación de catástrofe para mi salud cuando entrego una novela? ¿Por qué esta sensación de merma del oxígeno de la fantasía, de pa­seo por los ribetes de la muerte, de carencia, de ser un pobre hombre vulnerable e inerme?”.

Menos conocidos son sus temores cuando estaba volcado a escribir, donde el fantasma de la muerte lo visita y, por ende, lo amenaza con impedirle concluir el libro. Cuando ya vislumbra el final de su mayor novela, hacia fines de 1968, escribe en su diario: “Lo importante sería que vendiera El obsceno pá­jaro en Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Italia, y quizás Alema­nia. Eso me daría una buena estabilidad. Y ahora pienso que no es imposible. Por eso, porque quiero termi­narlo, tengo miedo de volar y no quiero mo­rir, aunque la idea me ha estado obsesionan­do con una especie de certeza salvaje ahora, la víspera de mi viaje a Estados Unidos, y atormentándome más allá de toda ponderación”.

De algún modo la escritura así concebida y, más extremo aún, así vivi­da por Donoso, nunca concluye. Escribe para vivir y lee para vivir, como si fuera un loop. José Donoso no fue otra cosa toda su vida que un convaleciente de la literatura.

No siempre lo aguijonea la envidia, ese intenso deseo por lo que es de otro, según el psicoanálisis. En ocasiones Donoso escribe fustigado por la molestia, en contra de registros que le parecen débiles o fran­camente malos. De modo que ya sea por disgusto o seducción, parece estar casi siempre asediado por sus lecturas, que desmenuza para encontrar sus secretos. Porque también escribe premunido de ellas. Engulle, mastica, digiere y metaboliza. Mejor, canibaliza sus permanentes lecturas para alimentar su proceso crea­tivo. “Me gustan tan poco los novelistas que se limi­tan a contar un cuento como los que se limitan a ha­cer piruetas formales. Me apasionan, en cambio, los escritores cuya materia vital estalla desde el centro de un hallazgo formal y es simultánea a este”, señaló en una entrevista a la Revista Libre en 1971. Por eso en cada libro que leía, como un niño en una playa, se de­tenía a recoger los más diversos recursos, hallazgos, trucos con los cuales luego hacía detonar su propia escritura.

 

El bibliotecario (1566), de Giuseppe Arcimboldo.

Se podría pensar, entonces, que en el revés de su obra hay una serie de títulos que actuaron como un soplo que desencadenó su imaginación hasta forzarlo a estrujarse al máximo. Es lo que le ocurre luego de leer un nuevo título de su amigo Fuentes, en el año 1967: “Acabo de terminar de leer Cambio de piel de Carlos Fuentes, y me siento alborozado y sorprendi­do, asqueado y rabioso, con una visión mayor de la literatura y la vida y un hambre por entender mejor la unidad de este libro, dialéctico, paradojal, oscuro como un poema, ecléctico, imitativo, y antes que nada riquísimo. Más que nada, siento envi­dia por la labia y la inteligencia de Fuentes. Y la pena de tener que con­formarme con ser solo José Donoso. Tengo que hincarle las uñas de una vez al Pájaro. Ese es el problema”.

De pronto ese no conformarse con ser solo José Donoso implicaba absorber toda buena novela que caía en sus manos.

“Consultar en Simone de Beauvoir en el capítulo sobre la menstruación y brujería”, anota en su diario el 3 de julio de 1965, aludiendo así a una matriz folklóri­ca y a la tendencia histórica de demonizar a la mujer: bruja era calificada quien no se amoldaba a los roles dictados por la sociedad. Los estereotipos con los que se ha estigmatizado a la mujer son hoy ampliamente estudiados y reconocidos, como ocurre con el libro de Roberto Suazo Víboras, putas, brujas. Pero no era así en 1965, cuando Donoso lee y escribe esta referencia.

Joseph Conrad le parece “más pequeño de lo que yo lo creía, y también más entretenido”. Sin embargo, es una referencia permanente que desdice en cierta forma ese comentario liviano, como al pasar, como si no estuviera sobre su escritorio. En 1964 anota: “Des­pués me largo a la segunda parte, which is what I want, con Joseph Conrad in mind –that flow of the beginning of Victory. ¿Podré?”.

Dos años después medita sobre lo que está escri­biendo. “En esos 10 o 15 años, Jerónimo se transforma en otras personas, who bully him, que lo maltratan, a quienes teme por sobre todas las cosas, y que lo obli­gan a huir de un sitio a otro continuamente. Creo que este tiene que ser el ‘motivo’ de la parte relativa a Humberto. Dar, sobre todo, ese Lord Jim sensation, el tipo que huye y huye para borrar una huella, y no lo puede hacer porque está huyendo de sí mismo”. Un par de días después, el 2 de febrero de 1966, vuelve sobre lo mismo: “Tengo que meditar sobre ‘la culpa’ y Lord Jim, porque creo que ahí radica todo lo que tengo que decir. El tipo que huye y huye y huye, que se da cuenta que no puede borrar ‘eso’ de sí mismo, y que se tiene que destruir a sí mismo para desha­cerse de ‘eso'”.

En esos momen­tos Donoso barajaba la idea de que hubie­ra cuentos (tales, dice él) dentro del marco general del Pájaro, a la manera de las matrioskas: “‘Tale’ de Humberto, compui­sing todo el mundo Jerónimo de Azcoi­tía; ‘Tale’ de Iris Ma­taluna. El tono es el de Marwole en Con­rad”. Pasa el tiempo, avanza la escritura del Pájaro, y el autor polaco sigue revoloteándolo: “Debo releer a Conrad para ver el uso de Marlowe como narrador. Leer Lord Jim y otras cosas”, anota el 1 de febrero de 1968, dos años antes de que aparezca el libro.

Para Donoso, un buen libro es un cross a la mandíbula, por citar la expresión de Roberto Arlt. Recibe el golpe, pero luego, a la hora de escribir, toma impulso para intentar dar otro mayor. Aunque cuesta imaginarlo, Donoso tuvo clases de box en su juventud, por lo que algo sabía de ganchos, hook, swing y otros puñetazos clásicos que muy pronto adaptó al acto creativo.

Si los infructuosos esfuerzos de Humberto Peña­loza por dejar atrás su pasado Donoso los emula a lo que llama Lord Jim sensation, otros autores orbitarán a la hora de dar vida a Boy, el niño deforme que su aristocrático padre, don Jerónimo de Azcoitía, encie­rra en una casona de campo rodeado solo de sujetos desfigurados para crear una falsa normalidad. Un es­pacio asfixiante que naturaliza lo grotesco como lo ha hecho la sociedad que retrata. Con Boy, su orgulloso padre ve concluida su dinastía, el niño monstruo es el último de los Azcoitía. La idea del final de una estirpe entronca con Cien años de soledad, publicada en 1967, al igual que con el niño traumatizado de El tambor de hojalata, la novela de Grass que apareció en 1963 en español: “Acordarme de The Tin Drum. Mi persona­je no puede ser enano, debe ser más bien repulsivo, guarted, deforme: no enano ni hunchback. Debo leer de todas maneras The Tin Drum. Creo que será muy iluminador, pero debo dejar que él tenga texturas, y yo debo conservar, más bien, mi superficie lisa, fría, a lo Ingres”.

Esta no es la única inspiración de las artes plásti­cas. En un cuaderno de 1966, se lee lo siguiente: “Ten­go que usar, definitivamente, y con cierta frecuencia dentro del libro el artificio de poner la pareja que observa y comenta, desapasionadamente, lo que está sucediendo dentro de la novela. Velázquez en Las me­ninas, Vermeer en The artist in his studio, novel writing a novel, writing a novel, espejos y laberintos barrocos”.

¿Hemos logrado salir de esos laberintos construi­dos por Donoso en El obsceno pájaro de la noche? ¿Qué imagen nos devolvería ese espejo si nos asomamos de nuevo?

Cincuenta años después de su publicación, qui­zás sea un buen momento para volver a recorrerlos con la duda de cuánto nos hemos distanciado de esa monstruosidad latente. En estos días enclaustrados, respirando miedo, con los ecos del estallido social todavía grafiteados en la ciudad, no es difícil sentir­se un personaje más de la trama. Su relectura, luego de los recientes acotamientos vividos por la sociedad chilena tan proclive a correr un tupido velo, como acostumbraba reclamar José Donoso, permite cons­tatar que estamos ante una novela de una actualidad abrumadora. Nada más escalofriantemente actual que esas identidades en movimiento, esas filiaciones mu­tantes. Nada más abrumador que el orden secreto que Donoso atisba en los recodos más complejos y dolo­rosos de su relato, hoy se nos hacen presentes como una pesadilla recurrente.

También el encierro es una oportunidad para leer a los numerosos escritores que lo acompañan en ese intenso trayecto que significó El obsceno pájaro de la noche. Por ser la novela que más tiempo le tomó (y bilis y equilibrio y salud), observar sus lecturas du­rante el período que va de los años 1959 a 1970, no solo reflejan la pasión por la lectura, sino que permite entrar en algo así como el taller del escritor. Este es un glosario, arbitrario y desde luego incompleto, que se puede encontrar en sus diarios:

[James Agee] “Importante, ahora, darle a todo esto un ambiente lírico, muy tranquilo (releer comienzo de Agee, A Death in the Family), de gran melancolía, de gran plenitud”. 3 de julio, 1965

[Bellow] “Creo que la idea del VASTO FRESCO es clisé: necesito depuración, concentración. El viaje, la ‘extensión’ de la novela tiene que ser hacia el interior de dos o tres personajes. Es importantísimo, ahora, que relea Herzog de Bellow”. 23 de octubre, 1967

[Borges] “Para la cosmogonía, etc., inventada por Jeró­nimo consultar ‘Uqbar, Tlon, Orbis tertius’ de Borges”. 27 de marzo, 1963

“‘Las ruinas circulares’ de Borges, página 60 Ficciones, propósito mágico de soñar un hombre, los espejos. Je­rónimo sueña a Boy, sueña el mundo para Boy, extrae su debilidad para hacerla poder”. 23 de abril, 1963

“El ser que nació Jerónimo de Azcoitía podría haber sido de infinitas maneras. Jerónimo que no tomó el vaso de agua el 17 de noviembre a las 3 de la tarde, es diferente al que lo tomó. Yo quiero, y creo saber, un Je­rónimo elegido de lo mejor, de sus mejores momentos, pero momentos elegidos por mí, no por él.

Esta idea, borgiana, debo desarrollarla. Todo lo que NO elegí para mi Jerónimo, me quedo, veo, yo, testigo, sirviente, lleno de ello. Me llena y se retuerce y se pu­dre y se hincha dentro de mí, y me duele, y me deforma y finalmente, me define, y al definirme, define también qué voy a elegir de Jerónimo y da otra vuelta la rueda. Bonita idea, que desde luego usaré, y desarrollaré”. 10 de febrero, 1968

[Cabrera Infante] “Para la revisión, voy a releer a Le­zama Lima o Cabrera Infante y a comprarme un buen diccionario de sinónimos. Pero antes no. ¡Y si logro terminar antes de octubre, podría presentarme al Pre­mio Planeta –oh, maravilla! ¡20.000 dólares– which may divisidle down to 10, pero en fin, se puede ir tirando! ¡Y ahorrando por primera vez en mi vida! Desde luego que metería el dinero en una casa. Cómo fuera. Una de esas casas pasadas de moda en Cuernavaca, por donde era lo del Padre Illtich. Sería estupendo. Y trabajaría un año en Iowa y volvería a Cuernavaca a escribir, otra no­vela”. 28 de julio, 1969

[Camus] “Creo que voy a leer L’Stranger otra vez y ver cómo está articulado todo eso desde el yo.

(…) Tengo que pensar más en la Madre Benita: po­sibilidad de hacerla heroína existencial: en el fondo, ya no cree en Dios más que como algo muy vago, algo de que agarrarse, no cree en la vida futura, en nada, solo cree en este orden –en luchar por mantener el terrible orden frente al caos”. 6 de febrero, 1966

[Cortázar] “Estoy absolutamente empantanado en el segundo PÁRRAFO de mi novela, creo que la ver­sión que he dejado se me pasó la mano. En fin, domani veremos si sale algo. Mientras tanto, Cortázar, bastan­te fertilizador. ¿O construir toda la novela en términos distintos? Tal vez. ¿O construir toda la novela en tér­minos distintos?”. 18 de septiembre, 1963

“Ahora voy a acometer el primer capítulo, muy cam­biado, en que habla Humberto. Acordarme de Cortá­zar”. 21 de septiembre, 1963

“Esta es una novela demasiado seria, donde la ironía es solo trágica. No sé si no deba tratar de hacer de alguno, de don Jerónimo, un ser un tanto cómico. O una de las permutaciones de Humberto –el poeta de capa y de chambergo, quizás– en un personaje muy divertido. ¿Será posible? En todo caso, en la segunda versión, tengo que tener claramente en cuenta las posibilidades cómicas de este asunto. Releer Cortázar: Mme. Trepat y Talita, y el tono general: no es necesa­rio, pero ver qué posibilidades se abren. También ten­go inquietud por la parte idioma. Esto también tengo que rehacerlo todo, especialmente ahora, en esta ver­sión de la novela”. 8 de febrero, 1968

[Dinesen] “Se me ha ocurrido otra cosa mucho mejor. Hacer que sean novelas ‘dentro’ de novelas, como las de Isak Dinesen. FRAMES. Creo que esto está bien”. 24 de enero, 1966

“Quiero que EL ÚLTIMO AZCOITÍA sea una cosa realmente truculenta y cómica, Mack Sennett casi showhall comedy de alto disfraz. Por ejemplo, convertir a todos los personajes en seres de costume piece ¿Por qué no hacerlo ‘histórico’, y muy Isak Dinesen? Fue al fin y al cabo la idea inicial”. 3 de diciembre, 1968

[Dos Passos] “El Mudo, Rita, la Iris: puede ser una escena genial (comentario del mundo en monólogo interior). Puede ser como el ‘camera eye’ de Dos Pas­sos”. 8 de abril, 1968

[Alberto Edwards] “Leer La fronda aristocrática de don Alberto Edwards”. 3 de marzo, 1963

[Faulkner] “Ahora tengo que darle mucha muchísima más importancia a la alienación de Iris por la cabeza: debo contarme cuentos, debo entrar en la conciencia, sin miedo, de Iris, ver todo el drama desarrollándose desde su punto de vista, de su propio interior: Faulk­nerianamente”. 28 de agosto, 1968

[Ferrater] “Look at Ferrater’s definition of imagination. See his sources, what point does imagination play, for ins­tance, in Heidegger, in Sartre”. 12 de junio, 1967

[Fielding] “¿Por qué no construir la tercera parte, en forma tradicional de novela –viaje, novela lineal en que el personaje va encontrando personajes, epi­sodios y los va dejando atrás– luego reunirlos en un manojo, al final de esa tercera parte? ¿Tom Jones, etc.? Tiene que ir en BUSCA de algo, de alguien: ¿de un ideal –ideal negativo– de la autodestrucción, inhabilitado en algo, alguien? Veremos. Acordarse, que las novelas de este tipo TOM JONES son, en tantos sentidos, novelas de la búsqueda de su padre”. 9 de agosto, 1967

[Fuentes] “No sé bien qué hacer. Artemio Cruz lo ha removido todo, la precisión no literaria del estilo, por ejemplo, me hace cambiar todo el comienzo del capí­tulo dos. Creo, en todo caso, que este capítulo debo tomarlo con muchísima más calma, ir viendo paso a paso de qué debo y quiero incluir, no lanzarme como a una piscina tremenda. Por ningún motivo apurar­me”. 10 de julio, 1963.

“… leyendo Zona Sagrada, hay una siutiquería de la que no puedo hacerme parte. TENGO, sí, que enriquecer mi idioma; pero tengo que controlarlo más que Carlos –yo no soy de Indoamérica”. 23 de octubre, 1967

[García Márquez] “Importante para la introducción: no hacerla realista y García Márquez. Tratarla un poco en ‘art Nouveau’, en barroco, en exageraciones, en lo­curas. Ese es el tono que le hará falta (releer Fuentes y otros locos del idioma) –y entonces, paulatinamente, descender desde ese idioma-locura, desde ese mun­do-locura, hasta lo natural, lo cotidiano, el idioma contemporáneo y normal del funeral de la Brígida y los problemas de la Capellanía”. 13 de abril, 1968

“Esta forma es un poco más interesante, pero no me parece perfecta todavía. Debo consultar Cien años de soledad”. 10 de julio, 1968

[Gombrowicz] “Leyendo Pornografía de Gombrowicz. La idea de que la juventud, la adolescencia es ‘pura anarquía’ puedo aplicarla yo a la extrema vejez. Y esa fascinación de ‘voyeur’ de la adolescencia, es lo que ha retenido a Humberto en el convento. (…) También, la voz narrativa en Pornografía me interesa vivamente”. 3 de octubre, 1968

[María Graham] “Creo que lo primero es fijar the lo­cation de la conseja o leyenda. Pienso en el río Maule, que son tierras que algo, por lo menos, conozco. La fecha, alrededor de 1822, el año de la permanencia de Mary Graham en Chile, para poder así usar algunas de sus descripciones y su ‘sensación’ de lo que era Chile en esa época”. 11 de julio, 1968

[Graves] The White Goddess, Robert Graves, The Death of Tragedy (George Steiner), son libros que necesito leer”. 20 de enero, 1965

[Hemingway] “Leyendo el artículo de Hemingway se me aclara la relación Humberto–Jerónimo, que es mi re­acción respecto a la virilidad de Hemingway, mi envi­dia y admiración de ella. Jerónimo, entonces, tiene que ser un ‘outdoorsmen, como Hemingway, una especie de papá de la Diana Vergara (¿relación con boxeador – part owner de Firpo?) con realidad los ingredientes son:

Perico Vergara

Jerónimo

Hemingway

Todo lo que odio, me produce admiración y envi­dia. Esto va a ser más o menos fácil relatando en pri­mera persona”. 6 de abril, 1966

[Hermann Hesse] “Creo que ahora, por fin, me va a salir el ‘Azcoitía’, y creo que en la forma de una novela corta. Puede resultarme maravilloso y com­pletamente decisivo para mi producción; me pongo sin duda en la línea creadora Borges-Cortázar-Kafka, etc. Creo que a Carlos Fuentes puede llegar a sobre­cogerlo de maravilla, que es lo que yo quisiera, y me gustaría hacer que ‘Azcoitía’ saliera lo más posible de Chile. Creo que puede ser un libro único, con algo a lo Hermann Hesse (¿Narciso y Goldmundo?). Sí, tal vez en el tono arcaizante, pero él vuelve a la Edad Media, yo, a lo nuestro americano que es el siglo pasado”. 17 de julio, 1962

[Melanie Klein] “La gente que lo rodea en la casa de ejercicios es gente que está más o menos muerta en vida –el capellán, las viejas, las monjas–, y esos niños: de alguna manera creo que la relación más impor­tante sería con los niños, que están más lejos de la muerte. Algo con respecto a ellos. Por eso es que Iris era tan justa –lo malo es que es demasiado parecida como personaje lumpen a la Geisha. ¿Algunos niños salen de noche –a los bailes y a los cines del barrio? Pero tiene que haber otro sentimiento que no envidia. Debo ver a Melanie Klein. Hay cosas que no entiendo: dos modos me seducen: el clásico, lineal, argumental de Coronación, y el romántico, sinfónico, compuesto de muchas partes distintas (Sobre héroes y tumbas) que pueden parecer desconectadas. Ahora, a mí me parece que SIENTO más la primera forma, pero me gustaría intentar la segunda”. 11 de mayo, 1964

[Lampedusa] “Me gustaría que la escena Mudo Madre Benita tuviera una acción interesante. Quizás los dos recorriendo la casa (ver El Gatopardo, escena en el des­ván) y todo lo que el Mudo aprende de la casa y de la situación a través de este extraño recorrido Mudo”. 27 de febrero, 1968

[Lezama Lima] “Estoy TRANCADO. Las diez páginas que hice hoy son PÉSIMAS y sin vuelta. Lo que debo hacer es leer leer leer, PARADISO, releer FUENTES, sentir el entusiasmo, la alegría de la palabra y de la crea­ción otra vez. Después tengo que desmontarlo todo en escena, y ver las posibilidades que presenta cada esce­na”. 10 de febrero, 1968

“Mañana voy a hojear PARADISO en busca de pala­bras”. 11 de julio, 1968

[Mann] “Leyendo Doctor Faustus aparecen mil cosas para el PÁJARO.

Deseo una estructura cerrada, perfecta para ese pri­mer capítulo, que tiene que contener”. 8 de junio, 1967

[George Meredith] “¿Cómo, cómo diablos, hacer calzar el obsceno pájaro de la noche con el Azcoitía? Tal vez buscar algo en The Ordeal of Richard Feverel, de George Meredith. (¿No sería tal vez una versión o co­mentario irónico a Richard Feverel?). Ver la posibili­dad de hacerlos encajar, por lo menos sacar una frase para quotation y para título”. 28 de agosto, 1962

[Martínez Moreno] “Leyendo a Martínez Moreno de nuevo el deleite de leer español –muy inmediato res­ponde a lo ‘literario’ y cómo se despiertan dentro de mí mil cosas al contacto del idioma tan abandonado, cómo me explico mi ‘back of response’ a gran parte de las obras leídas en inglés durante el año pasado. Mi DELEITE con Vargas Llosa y con Martínez Moreno. Desgraciadamente no con Carlos Fuentes en Zona sa­grada. 7 de agosto, 1967

[Neruda] “Conseguirme cita usada por Neruda en su discurso, del sermón de Monseñor Mariano Casano­va”. 4 de febrero, 1963

[Elvira Orphée] “Yo creo que tendría que transfor­marlo todo en un vasto fresco de la vida política e in­telectual de ambos países. Pero todavía no toco tierra. Todavía se me escabulle el motivo central, el diseño que debe ordenarlo todo. Tengo que esperar hasta Mallorca para eso y para eso me voy. En todo caso, hoy por hoy me siento muy convencido de que eso es lo que tengo que hacer: no un Uno de Elvira Orphée –otra cosa muy distinta. No, el cuento pero con perso­najes insulsos y superficiales no”. 23 de octubre, 1967

[Rilke] “Ver el ensayo de Rilke sobre su horror de las muñecas (¿estará traducido?). Quizás me sirva para aclarar el asunto de EL GIGANTE. Vamos a ver. So far so good. Leer The White Princess (¿quizás darle este tono a la ‘obra’ de Humberto?)”. 31 de enero, 1967

“I must re-read The notebooks of Malte Laurids Brigge by Rilke, before re-starting the diary of Humberto Peñaloza, specially the xxx about the mendicants –the pieces which are so like Cortazar sometimes”. 14 de mar­zo, 1967

[Russell] “Russell autobiografhy ‘para otear el frío e insondable abismo sin vida’, fue algo de ese tenor lo que sentí durante mi locura: como vi mi ‘consciencia trémula’ se aterrara del ‘frío e insondable abismo sin vida’ al asomarse a la muerte. Humberto naturalmen­te”. 14 de abril, 1969

[Sábato] “Voy a releer esta noche Sobre héroes y tum­bas, y debo sin duda hacer algo sobre la confabulación de los vagabundos que es un subtema bastante bue­no. Por ejemplo, como tema de esta segunda parte, y dirigido desde dentro de la casa de ejercicios, podría ser una verdadera maravilla –él viéndose a sí mismo como el más desprovisto de todos, y por lo tanto, el más poderoso–, ¿pero qué significa ‘poderoso’ para un individuo sin Dios?”. 6 de mayo, 1964

“Leyendo Sobre Héroes y Tumbas me doy cuenta de que, si no lo cambio mucho, mucho, toda la parte de la confabulación de vagabundos va a tener que salir. Se parece demasiado al Informe sobre Ciegos, y eso es imposible. No tiene que quedar ni un solo parentesco.

Me tengo que deshacer definitivamente de todo lo que huela a ‘confabulación’ de vagabundos: totalmen­te Sábato”. 15 de abril, 1968

“Estoy leyendo Sobre héroes y tumbas de Sábato (tema carta suya), gran novela y pésima novela al mismo tiempo vulgar y extraordinaria, como en ‘pouvre café’ en que no se hubieran mezclado bien los ingredien­tes de calidad y de vulgaridad. Mal escrito. Pero con glimpses y con insights”. Septiembre, 1969

[A. J. A. Symons] “Su problema era construir algo, al­guien, dentro de la cual su fantasía podría crecer, mul­tiplicarse, revivir, tener una existencia propia. Hablar también del Barón Corvo. (¿Quizás releer The Quest for Corvo?)”. 13 de abril, 1968

[Vargas Llosa] “Tengo que incorporar a esto mucho de lo que escribí para Humberto el año pasado, pero discretamente. Esto hay que repasarlo mucho todavía. Buscar más anécdotas, llenar esto de anécdotas, de ac­ción. Leer a Vargas Llosa con mucho cuidado”. 11 de mayo, 1964

“¿O me estaré enrollando más y más? No tengo la cla­ridad suficiente aún para darme cuenta. En todo caso, estos son los temas que estaré meditando en estos días que siguen. Espero que fructíferamente, y con algo de paz mental. Pero aún estoy en el período de caos total y oscuridad absoluta. Tengo que leer La casa verde. No sé si debo o no mantener mi posición Man, incólume, frente al caos literario y de moda Carlos Fuentes Elvira Orphée. No sé si pueda. La ambigüe­dad tiene sus méritos, pero no la composición y la oscuridad”. 29 de junio, 1967