Lejos del centro

Un verdor terrible, de Benjamín Labatut, está poblado de personajes excéntricos y descentrados. Seres desplazados a los bordes del abismo, carentes de cualquier equilibrio tolerable, que brillaron en la física o las matemáticas (Karl Schwarzschild, Niels Bohr, Alexander Grothendieck, Erwin Schrödinger). Al dar cuenta de los trabajos y los días de estas vidas científicas, el texto se acerca a una colección de momentos en que la humanidad ha osado medir el caos, para entender, con amargura y horror, que su fuerza no se puede calibrar.

por José Ignacio Silva A. I 16 Diciembre 2020

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El momento en el que aparece el libro Un verdor terrible, última entrega del escritor nacional Benjamín Labatut, la humanidad coloca en la ciencia todas las esperanzas de salvación ante la imparable pandemia y, en menor medida, ante la urgente toma de conciencia respecto del calentamiento global. En tanto, en el mundo del libro la difusión científica se hace con rótulos amigables como “pop” o “entretenida”, de fácil transmisión. El libro de Labatut también propaga la ciencia, pero echando mano a episodios más oscuros de la labor investigativa.

De entrada, conviene señalar que este conjunto de crónicas, compuestas, da la impresión, en épocas diversas, es “una obra de ficción basada en hechos reales”, como detalla su autor en un apartado final, donde entrega más explicaciones de las necesarias. Esto, porque luego de unas cuantas carillas, el talante del libro se elucida solo. Así, Labatut narra las consecuencias que tiene el dilucidar hasta el último átomo, pasando por lo pavoroso que puede ser el azar aplicado al trabajo científico.

Conviene señalar que este conjunto de crónicas, compuestas, da la impresión, en épocas diversas, es ‘una obra de ficción basada en hechos reales’, como detalla su autor en un apartado final, donde entrega más explicaciones de las necesarias. Esto, porque luego de unas cuantas carillas, el talante del libro se elucida solo.

Y lo hace con una escritura ordenada y rítmica, y la narración, sus motivos y argumentos, fluyen diáfanos. La prosa avanza sin contratiempos, dejándose leer con acentos y estilos aquilatados. “Si el arsénico es un asesino paciente, que se esconde en los tejidos más profundos de tu cuerpo y se acumula allí durante años, el cianuro te roba el aliento”, asevera Labatut en la crónica inaugural del volumen, en la que se relata el descubrimiento del pigmento azul de Prusia y del cianuro, su derivado. El escritor se apoya en la historia conocida para narrar, pero lo que parece guiar el libro es lo que asevera en algún punto el físico alemán Karl Schwarzschild: la mente civilizada aborrece lo que no puede comprender. De esta manera, Labatut retrata momentos en los que la reputada ciencia se ha cruzado, por ejemplo, con la muerte y la locura de los campos de exterminio, cuando en paralelo científicos como Niels Bohr o Erwin Schrödinger buscaban explicar el orden universal con números, ecuaciones, matrices u otro soporte parecido. Así puesto, es harto curioso cómo el mencionado Karl Schwarzschild, volcado hasta la obsesión a la tarea de que la física fuera capaz de esclarecer la armonía universal, no dudara un segundo en abandonar el laboratorio y enrolarse en el ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial. Cabe preguntarse, ¿cómo la ciencia sucumbió tan fácil ante la patriotería belicista?; porque si bien hay una queja ante el sinsentido de la carnicería resultante, ¿cómo no fue posible ver eso antes?

Mirado con apuro, este libro podría catalogarse como un compendio de semblanzas científicas, donde las circunstancias descritas se prestan para la caricatura del científico loco. Algo más ajustado a la realidad (y el respeto), sería describir a quienes transitan por estas páginas como seres excéntricos, descentrados de lo habitual, de lo civilizado. Seres alejados de la urbanidad y las buenas costumbres diarias, desplazados a los bordes del abismo, carentes de cualquier equilibrio tolerable. Al dar cuenta de los trabajos y los días de estas vidas científicas, Un verdor terrible se acerca a una colección de momentos en que la humanidad ha osado medir el caos, para entender, finalmente, con amargura y horror, que su fuerza no se puede calibrar.

Aunque las crónicas de Labatut no escatiman en padecimientos, fracasos, temores y delirios, también hay triunfos. Mal que mal, los nombres que pueblan estas páginas son adalides de la historia de la ciencia, titanes que conquistaron nuevos territorios y abrieron el campo para el conocimiento humano.

Aunque las crónicas de Labatut no escatiman en padecimientos, fracasos, temores y delirios, también hay triunfos. Mal que mal, los nombres que pueblan estas páginas son adalides de la historia de la ciencia, titanes que conquistaron nuevos territorios y abrieron el campo para el conocimiento humano. Pero el autor no cae en el panegírico fácil, pues nunca se pierde la vulnerabilidad y fragilidad de los prodigios, quienes, rescata el escritor, sacian el hambre de conocer el mundo de la misma forma instintiva y delirante que los poetas. Ese paralelismo entre poesía y ciencia es uno de los buenos momentos de lectura que regala Un verdor terrible, como cuando se describe el concepto que acuñó Alexander Grothendieck, el matemático apátrida, para describir lo que estaba en el centro de las matemáticas, “el corazón del corazón”. “Grothendieck quería atrapar el sol en una mano, desenterrar la raíz secreta capaz de unir innumerables teorías sin ninguna relación aparente”, apunta Labatut, quien se pregunta “¿Qué nuevos horrores nacerían de una comprensión total como la que él (Grothendieck) buscaba? ¿Qué haría el hombre si fuera capaz de tocar el corazón del corazón?”.

Tal vez la forma más socorrida y floja de elogiar la obra de un autor es tildarla de “inclasificable” (más flojo todavía si el autor se encarga de exponer con pelos y señales el linaje de su libro). Pues bien, tras revisar Un verdor terrible no caben dudas de que Benjamín Labatut es plenamente conciente de lo que va moldeando, con razonable certeza del resultado final. Un libro de crónicas científicas, no edificantes ni pedagógicas como se usa ahora, sino reveladoras de los contornos más oscuros de un puñado de mentes brillantes.

 

Un verdor terrible, Benjamín Labatut, Anagrama, 2020, 212 páginas, $20.000.