Una América sin historia

La publicación de tres volúmenes que recogen la poesía de Godofredo Iommi –de un proyecto que contempla seis– permite acceder a una obra que dialoga con textos clásicos (Dante, Virgilio), pero que posee un carácter vanguardista muy propio de los años 60. Llama la atención, sin embargo, que tanto para referirse a la Conquista o a los años 70 del siglo pasado, Iommi prescinda del dolor y la muerte, como si el lugar oracular del poeta obligara a pasar por alto la historia.

por Jorge Polanco I 31 Diciembre 2019

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Godofredo Iommi ocupa un lugar incierto en el panorama de la poesía chilena. El 2016 comenzó a editarse por la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Valparaíso su obra escrita. Hasta el presente año se han publicado tres de los seis volúmenes contemplados: Hay que ser absolutamente moderno (2016), Bordes de los oficios (2018) y América, Américas mías (2018). En cuidadas ediciones, tanto en el aparato crítico como en el formato, estos libros dan cuenta de la desconocida obra del artista, uno de los fundadores del grupo Amereida. El bello diseño plasma además una gráfica terrestre que insinúa otro aspecto de Amereida: una propuesta visual, geográfica y paisajística que se materializa en el habitar poético.

A pesar de la influencia de la Escuela de Arquitectura de la UCV desde sus fundamentos en los 60, al instaurar la poesía como orientación programática, Iommi ha sido conocido solo por anécdotas extraliterarias. Estas publicaciones sitúan por primera vez su valor como intelectual y poeta. El silenciamiento de su trabajo proviene en parte del repliegue en dictadura del proyecto experimental “La ciudad abierta”. Al comparar las primeras ideas inspiradas en la transformación vital con el distanciamiento público en los 70 de los acontecimientos políticos en Chile, se notan las consecuencias de la poesía fundacional. La ruptura de la dictadura superó el tono iluminado y místico de la escuela, derivado de una comprensión sutilmente heideggeriana del “genio” poético, implicando con ello que la escritura de Iommi no se conociera más que por los iniciados. La pretensión vanguardista recayó en un extraño silencio ante la violencia del régimen. En los escritos de Iommi de esos años —como puede apreciarse en las fechas de los textos— pervive un aislamiento respecto de la situación concreta de Chile, a pesar de proponer en los primeros documentos una relación explícita con América y el país. Ese mutismo resalta aún más si lo contrastamos con la obra de otros poetas en el mismo período.

Lo más interesante de lo publicado por Iommi no son precisamente sus poemas. En el tercer volumen, América, Américas mías, se incluyen himnos épicos sobre nuestro continente y los conquistadores. Si bien el referente clave es Rimbaud, en estos poemas se nota un temple romántico a la manera de Hölderlin y, en la insistencia del viaje, una influencia del tono de Baudelaire.

En 1983 edita “Épica Americana”, un texto que dista mucho en complejidad y noción del espacio político del poema, si se coteja, por ejemplo, con otro trabajo de ese mismo año: El paseo Ahumada de Enrique Lihn.

Lo más interesante de lo publicado por Iommi no son precisamente sus poemas. En el tercer volumen, América, Américas mías, se incluyen himnos épicos sobre nuestro continente y los conquistadores. Si bien el referente clave es Rimbaud, en estos poemas se nota un temple romántico a la manera de Hölderlin y, en la insistencia del viaje, una influencia del tono de Baudelaire.

En cambio las odas náhuatl —presentadas como teatro— contienen una experimentación mayor. Quizás este sea el aspecto crucial de la escritura de Iommi: las palabras performativas. Aquellas que se plantean como puesta en escena, acciones o manifiestos poéticos, a las que habría que sumar la arquitectura, el peculiar Land Art de la escuela en el pensamiento del territorio y, por cierto, los viajes por América.

El discurso poético es el ámbito donde el poeta Iommi destaca, sobre todo aquellos textos que dan cuenta de una propuesta de lectura acerca de la modernidad y el quehacer poético. Entre ellos resalta “Hay que ser absolutamente moderno”, compilado en el primer volumen, donde se ofrece una interpretación original sobre la “Carta del vidente” de Rimbaud. El uso de las epístolas como recurso poético es también un rasgo sugerente: la recuperación del envío como procedimiento donde el lenguaje incorpora las señas del lector público.

Sin embargo, políticamente algunas de las propuestas que asoman en América, Américas mías parecen complejas. El ensayo “Introducción al primer poema de Amereida” (unión entre América y Eneida), es cuestionable en varios pasajes por su concepción del continente. Sutilmente, a partir de la soterrada alusión a Virgilio y Dante, Iommi elude implícitamente a los primeros habitantes de esta región; concibe América como un regalo o saludo, respecto de la que corresponde crear una poesía fundacional. En la presentación, Bruno Cuneo señala acertadamente que América no solo fue una donación, sino también un botín. Y en el saludo “aquí estoy”, como se piensa el hallazgo americano, ha corrido mucha sangre; algo que el poeta tampoco observa en Chile en el período de esta escritura. El lugar de revelación del oficio poético apuesta por un destino y un pasado como regalo, sin constancia concreta de la historia del dolor donde ha surgido el poema americano. Habrá que esperar los siguientes volúmenes para sopesar esta visión parcelada.

 

América, Américas mías, Ediciones e[ad], 2018, 225 páginas, $16.000.

 

Borde de los oficios, Ediciones e[ad], 2018, 207 páginas, $15.000.

 

Hay que ser absolutamente moderno, Ediciones e[ad], 2016, 132 páginas, $13.000.