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Cristián Jiménez y Alicia Scherson dirigen la adaptación de un cuento en el que Zambra, siempre fiel a sus obsesiones, fantasea con la idea de tener un hogar, un refugio, un espacio en el que se puede bajar la guardia y dejarse llevar por los afectos. La cinta se preestrena hoy en Matucana 100, en una función a beneficio de Jorge Becker, protagonista de la película.

por matías hinojosa

Llega a la pantalla grande “Vida de familia”, cuento de Alejandro Zambra aparecido en Mis documentos. Con guión a cargo del propio escritor y bajo la dirección de Cristián Jiménez y Alicia Scherson, la película cuenta la historia de Martín, un cuarentón sin demasiadas perspectivas y angustiado por una suma de fracasos, quien es contactado por un primo lejano para encargarle el cuidado de su casa y de su gato mientras él y su familia se van a Francia, por motivos laborales. En ese contexto hogareño, Martín comienza a orquestar en su mente la fantasía de una vida familiar. A los pocos días de instalarse en la casa, pierde al gato y, buscándolo, conoce a Paz y al hijo de ella. Martín, para conquistarla, le dice que la casa es suya y que su mujer acaba de abandonarlo, llevándose a su hija. “Este primo se apropia de la casa y de la identidad de sus habitantes”, cuenta Alicia Scherson. “Se va convirtiendo en un impostor y creando una especie de vida de familia simulada. Esta mentira se le sale de las manos y en ese transcurso se cuestiona también su postura frente a este tema; él comienza siendo muy escéptico sobre la familia y después termina cayendo en la tentación”.

Filmada durante tres meses en la casa de la propia realizadora, ubicada en el barrio Yungay, Vida de familia cuenta con las actuaciones de Jorge Becker, Gabriela Arancibia, Blanca Lewin y Cristián Carvajal.

La película ha sido seleccionada para participar en el próximo Festival de Sundance como parte de la competencia World Cinema, y tendrá su estreno en salas nacionales el 26 de enero. Pero hoy se llevará a cabo una función especial de preestreno en Matucana 100, a las 20 horas, cuyo propósito es recaudar fondos para la recuperación del actor Jorge Becker, quien fue afectado por una leucoencefalopatía que lo tiene en rehabilitación con terapias de motricidad y lenguaje.

¿Qué elementos tenía el cuento que los impulsó a adaptarlo?

Queríamos hacer una película doméstica, de pequeña escala. Era un momento donde había ciertas restricciones de presupuesto y buscábamos involucrarnos en una producción liviana, algo con pocos personajes, lo que se llama una película de cámara. Estábamos con esa idea cuando leímos el cuento y nos pareció que era apropiado para esos objetivos. Además, en la historia estaba la figura del mentiroso, que Cristián y yo habíamos trabajado antes, él en Bonsái y yo en Turistas. Todo eso cobró sentido cuando llamamos a Zambra y nos dijo que él mismo tenía ganas de armar un guión a propósito de este cuento. Así que fue una confluencia de casualidades las que empujaron el proyecto hacia adelante.

¿Cómo surgió la idea de codirigir y cuál fue el método que utilizaron?

Partió de este mismo espíritu colaborativo, relajado, doméstico. Veníamos saliendo de películas pesadas en términos de producción, yo había hecho El futuro y Cristián La voz en off, ambas coproducciones internacionales, que son bastante lentas y complicadas de llevar a cabo. Los dos teníamos ganas de volver a hacer algo entre amigos, con un equipo pequeño y colaborando. Mi guagua tenía nueve meses en ese momento (era mi primera guagua); entonces me parecía difícil enfrentar la dirección de un proyecto sola y la propuesta vino así. Y la verdad fue más fácil de lo que imaginamos, desarrollamos un método en el que nos íbamos turnando por día. Esa forma de operar sirvió para resolver los conflictos, que no hubo tantos, pero si los hubo, teníamos este sistema. Pero con Cristián nos conocemos mucho: vivimos juntos dos años, compartimos departamento, compartimos muchos gustos cinematográficos, escribimos juntos Ilusiones ópticas, entonces al final eran muchos más los acuerdos que los desacuerdos.

Ambos habían adaptado anteriormente obras literarias, tú lo hiciste con Una novelita lumpen de Bolaño, que se convirtió en El futuro, y Cristián con Bonsái, del propio Zambra. ¿De qué manera trabajaron este texto?

La diferencia fue que aquí la primera adaptación la hizo el mismo escritor. Pero como suele ocurrir con las adaptaciones, la mayor parte del trabajo tuvo que ver con completar aquello que en el cuento está en el terreno de lo abstracto o de lo ambiguo, porque el cine no tiene ese espacio de abstracción. En el cine, cualquier cosa que esté en el guión debe poder ser filmada. En todo caso, no fue tan complicado. Por ejemplo, me parece que Bonsái es una historia mucho más difícil de adaptar que esta. “Vida de familia” es un cuento con mucha trama, pasan bastantes cosas y eso es muy bueno para el cine. Como dato curioso, durante y después de la realización de la película, Zambra recibió tres ofertas de distintos países para hacer una adaptación de este mismo cuento. Eso habla de su potencial cinematográfico.

¿De qué manera esta historia conecta con la generación que nació en los 70?

Sí, con Zambra, Cristián y con la mayoría de los actores compartimos ese rango generacional. Claramente se impuso como un tema, en las reuniones de mesa, el hecho de tener 40 y estas dos posiciones que hay respecto a la familia: los que se lanzan a ella y los que la rechazan. Dos posiciones que nunca dejan conforme o totalmente convencido a quien la toma. A diferencia de la generación de nuestros padres, donde hacer familia era lo natural y quienes no optaban por esto se convertían en excéntricos o en marginados, en nuestra generación ya no es así y siempre está esa interrogante de si hacerlo o no, qué se pierde y qué se gana. La película gira en torno a ese tema, sin dar ninguna respuesta por supuesto.

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