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Estrenada el año pasado en el Royal Court Theatre de Londres, la obra Campo minado es una de las más esperadas del Festival Stgo a Mil (las cuatro funciones que se darán en el GAM ya están agotadas). En esta entrevista Lola Arias cuenta cómo fue trabajar con veteranos de guerra argentinos e ingleses, antiguos enemigos que hoy parecen tener más en común entre ellos que con el resto de sus compatriotas que no vivió la experiencia de la guerra.

por matías hinojosa

Seis ex soldados (tres argentinos y tres ingleses) se encuentran en el escenario para reconstruir sus vivencias durante la Guerra de las Malvinas. No son actores, sino veteranos reales, que sufrieron en carne propia el infierno de esos 73 días en el frente de batalla. A 34 años del conflicto que tuvo enfrentados a ambos países, Campo minado, el nuevo trabajo de la dramaturga Lola Arias, enseña a través de estas historias el rostro humano de la guerra.

Este es el tercer montaje de la autora argentina que se presenta en nuestro país, luego de Mi vida después y El año en que nací. En ellos abordó los días de la dictadura militar, argentina en el primero y chilena en el segundo, a través del testimonio de un grupo de jóvenes que relataban la historia de sus padres utilizando fotografías, archivos y videos. En Campo minado vuelve a este registro documental, pero consiguiendo algo que en principio parecía imposible. “Lo especial de la obra es ver qué pasa cuando reúnes a viejos enemigos y les haces reconstruir juntos una misma historia”, dice la escritora, quien ya está en Chile para presentar este montaje y su libro Mi vida después y otros textos.

¿Cómo se te ocurrió enfrentar sobre el escenario a ex combatientes de las Malvinas?

El proyecto comenzó hace muchos años. El 2013 me llamaron para ser parte de una muestra que se llamó Después de la guerra, en Londres, donde artistas de todo el mundo trabajamos en torno al tema. Ahí reuní a veteranos argentinos para hacer una video instalación, en la que reconstruían su historia de la guerra en los lugares que viven y trabajan hoy. Uno era cantante de ópera, otro psiquiatra, otro un mecánico de autos, o sea, personas muy distintas pero que les tocó ir a la guerra porque a los 18 años estaban haciendo el servicio militar. Cuando mostramos ese trabajo, surgió la pregunta de qué habrá pasado del otro lado, qué efectos habrá tenido para los ingleses. Ahí fue cuando pensé hacer la obra con ingleses y argentinos juntos, y comenzamos un proceso de investigación para dar con los seis protagonistas.

En esa selección, ¿qué criterio usaste?

Por el lado argentino, busqué personas que hayan estado en posiciones y lugares distintos. Hay uno que estuvo en el hundimiento del Belgrano, de donde resultaron muertos la mitad de los soldados argentinos de esa guerra; hay otro que se presentó como voluntario, de hecho, toda su vida está muy marcada por eso, desde que volvió tuvo depresiones, tratamientos psiquiátricos, intentos de suicidio. Y el tercero fue un soldado que no sabía disparar y que lo único que quería era salir de ahí, escondiéndose todo lo que pudo, pensando solo en volver a casa. En el caso inglés fue lo mismo: tuve que buscar personas que estuvieran dispuestas a encontrarse con sus antiguos enemigos para construir una historia común. Entre ellos, hay uno que es psiquiatra, otro que es profesor de niños con problemas de aprendizaje y un gurkha que es guardia de seguridad.

¿Sus experiencias, independiente de quienes hayan resultado vencedores, tienden a parecerse?

La experiencia de la guerra es algo muy radical y es lo que los une. De hecho, ellos mismo te dicen que tienen mucho más en común con su enemigo que con otras personas que no pasaron por esto. Matar y ver morir a sus compañeros es algo que los iguala y los hermana de alguna manera, que yo, sabiéndolo de una manera teórica al principio, no tenía idea de lo que significaba en realidad. Realmente están unidos por eso. Y esa experiencia personal, por supuesto, tiene matices en cada uno de ellos. Cada uno tiene su propio relato: la muerte del compañero, tener que llevar los cadáveres, ver morir a alguien. Cada uno fue marcado por distintas situaciones.

Siendo tú una artista argentina, ¿fue difícil convencer a los ingleses?

Siempre hubo desconfianza y creo que sigue hasta hoy. Está la sensación de que la obra muestra más el sufrimiento argentino que el inglés. Obviamente que esto no es así, pero es imposible pensar que tengo una posición neutra: soy una persona con una biografía y estoy atravesada por este episodio de la historia. Tampoco es una obra reivindicativa, porque no toma una postura política en relación al conflicto de la soberanía. Ese no es el centro de la obra, sino que trabaja sobre el efecto de la guerra en esas personas. De hecho, en el conflicto de la soberanía es el único tema donde ellos no tienen mucho que decir. De alguna manera, cada uno sigue defendiendo lo que pensó en su momento; de lo contrario, nada de lo que vivieron tendría sentido. La desconfianza pasa por una cierta interpretación de los acentos emocionales por los que transita la obra.

Campo minado se estrenó en Londres y luego en Buenos Aires. ¿Cómo viste la reacción del público en ambos países?

Me di cuenta de que en Inglaterra era un tema inexistente, olvidado. Era como si estuviéramos desenterrando una guerra menor, algo sin importancia. Pero a la vez el efecto era muy fuerte, porque tomaban consciencia de las consecuencias que tuvo ese pequeño episodio y que tenía que ver con el gobierno de Thatcher. Esta fue una guerra que a Margaret Thatcher le sirvió para ser reelecta; ocurrió en un momento en que ella estaba perdiendo popularidad. Esa reelección, por lo demás, terminó cambiando el rumbo político y social de Inglaterra, de manera que tuvo consecuencias importantes. Cuando terminaba la función, el público inglés aplaudía de pie y había mucho interés por conversar posteriormente con los veteranos. Y en el lado argentino se preguntaban “por qué tenemos que estar acá escuchando la versión de los ingleses”. De hecho los veteranos argentinos, antes del estreno, recibieron mensajes de otros ex soldados que les decían “yo no iré a ver esa obra, no voy a ir a aplaudir a los ingleses”. En Argentina hay todavía un resentimiento muy presente, pero a la vez un desconocimiento total de lo que fue la guerra al otro lado. Una de las diferencias que vi, es que en Inglaterra se reían mucho, porque la obra tiene humor. En cambio en Argentina no se movía ni una mosca. Al final, sin embargo, se dan cuenta de que no es la historia de la guerra, sino que es la guerra contada por estas personas y que es algo muy emocional, donde no hay bandos.

 

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