Mayo 7, 2018

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En 2015 la profesora e investigadora dio por finalizados sus talleres de cine para niños que se realizaron durante 30 años en diversas poblaciones del país. Desde entonces se ha dedicado a recopilar y organizar los archivos de los más de 35 talleres, los que hoy pueden ser vistos en Galería Macchina de la Universidad Católica.

por manuela yáñez

En la galería de arte contemporáneo de la UC, se está llevando a cabo la muestra “30 años del taller de cine para niños (1985-2015)” que exhibe el trabajo realizado por los alumnos de la profesora Alicia Vega. El taller, que comenzó como un proyecto independiente y privado el año 1985, tenía por objetivo acercar el mundo del cine a niños de diversos sectores marginales de la capital y de regiones. Allí aprendían desde cómo funciona el movimiento en la imagen cinematográfica hasta cómo crear una trama. Para esto se implementó un programa que incluía trabajos manuales, juegos, visionado de películas, ejercicios creativos, todo con un enfoque al trabajo comunitario. “Me pareció que el cine era un campo muy propicio para que ellos no solo recibieran un aporte cultural, sino que también de llenar vacíos que en esa época eran muy duros para ellos”, señala Alicia Vega.

La exhibición es un archivo histórico que, recopilado por la académica, busca dar cuenta de un trabajo silencioso pero exhaustivo, en el cual los niños no solo conocieron el mundo del cine, sino que también lograron generar instancias de convivencia que estimulaban el trabajo en equipo.

“Acá hay una presentación del trabajo de los niños que se ha hecho durante todos estos talleres. Hay mesones que están destinados al juego, que si viene un niño o un adulto y quiere activar el zootropo lo puede hacer, si quiere ver una película de celuloide la puede mirar al trasluz -y ver como era antes-, y si quiere activar un traumatropo, también lo puede hacer”, cuenta la profesora.

 

 

A través de un método de alta estimulación creativa, Vega invitó a los niños a trabajar de manera gratuita y por tiempo definido en sus dinámicas de aprendizaje, las que tenían dos modalidades: la versión de verano con un mes de duración, donde los alumnos acudían diariamente y el taller de seis meses, el cual se realizaba una vez por semana.

”Lo que nosotros transmitimos a través del taller de cine, junto con el equipo de monitores, es un rigor para trabajar, es tener una meta clara, es poder entusiasmar a los niños con un proyecto que a ellos les importe”, agrega, haciendo hincapié en la condición de vulnerabilidad y en el restringido acceso a la cultura por parte de aquellos niños y niñas.

La exposición se encuentra abierta al público de martes a sábado, de 12 a 19 horas, en el Campus Oriente (Jaime Guzmán Errázuriz 3300, Providencia). Entrada gratuita.

Como parte de las actividades, el día martes 15 de mayo, a las 16.00 horas, en el Cine UC (Alameda 390), se proyectará la película Cien niños esperando un tren, de Ignacio Agüero.

A pesar de haber concluido los talleres, Alicia se ha preocupado de crear una instancia para darle continuidad al proyecto comunitario y de educación artística. “Con Ignacio Agüero, director del documental Cien niños esperando un tren, pensamos en crear una fundación que llevara mi nombre y que pudiera a través de ella, entregar toda la experiencia que se ha acumulado en estos años de trabajo en distintas poblaciones de Santiago y de sectores rurales”, declara. Es precisamente a través de la Fundación Alicia Vega que surgió la iniciativa de crear esta muestra.

Consultada por las nuevas herramientas que proporciona la tecnología en el proceso educativo, Vega le otorga un importante rol debido a la facilidad de acceso a películas y contenido multimedia, “todo el cine está dispuesto para que uno lo pueda ver, y eso es maravilloso”. Sin embargo, también rescata el hecho de que “no hay que perder de vista tampoco la magia que procura el trabajar en los talleres con sus propias manos, y esa es una de las alegrías que les hemos dado a los niños durante estos años. Es una de las bases que a mí me llena, el haber contribuido a que los niños fueran descubriendo por sí mismos las maravillas que hace el movimiento en la imagen”, finaliza.

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