Agosto 30, 2018

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Pedro de Valdivia tiene el mérito de haber escogido el emplazamiento de la capital. Vicuña Mackenna, por su parte, impulsó importantes obras destinadas a embellecerla. Pero, más allá del aporte de ambos, la ciudad que estos imaginaron poco tiene que ver con la metrópolis actual. En ese contexto, los nombres de Juan Honold y Juan Parrochia toman fuerza como los verdaderos articuladores del Santiago contemporáneo: mientras el primero desarrolló el plan intercomunal, el segundo fue quien diseño los planos del Metro.

por iván poduje

¿Quién es el padre de Santiago? Cada vez que surge esta pregunta saltan varios nombres al ruedo. Algunos citan a Pedro de Valdivia, por haber escogido el emplazamiento de la capital, pero entonces ni siquiera existía ciudad y el conquistador murió sin tener la menor idea de lo que ahí ocurriría.

Más consenso existe respecto al rol de Benjamín Vicuña Mackenna, que en sus cuatro años como intendente (1872-1875) inició grandes obras destinadas a embellecer Santiago y a resolver asuntos de higiene, conectividad y vivienda pública. De ahí provienen el parque del cerro Santa Lucía, la canalización del río Mapocho, los primeros esbozos del Parque Forestal y su Camino de Cintura diseñado para conectar barrios y separar la ciudad formal de los arrabales, que él asociaba a los peores vicios.

Sin embargo, la ciudad que modeló Vicuña Mackenna poco tiene que ver con la metrópolis actual, y más con el centro histórico o la comuna de Santiago. Por ello, algunos expertos sostienen que el verdadero padre de Santiago es el ingeniero vienés Karl Brunner, contratado por el gobierno de Chile en los años 30 para diseñar un plan de “ensanche” o crecimiento planificado. Brunner fue el primero que pensó una ciudad intercomunal, conectada mediante un complejo sistema de avenidas diagonales que nunca concretó, salvo por la Diagonal Paraguay, y con regulaciones que sí logró materializar y a las que debemos la uniforme altura de nueve pisos del centro, además del extraordinario Barrio Cívico, que encajona La Moneda y remata en el parque Almagro con el paseo Bulnes.

Cuando trabajé con Honold en la Intendencia no podía nombrar a Parrochia. Se desencajaba y lo acusaba de apropiarse del PRIS y sus ideas, y de iniciar obras sin estudios de factibilidad, como el caso del Metro o la autopista Kennedy, construida en medio de chacras.

Con todo, el plan de Brunner se vio sobrepasado por el explosivo crecimiento urbano que ocurre entre 1930 y 1952, cuando Santiago duplicó su población debido a las migraciones generadas por la gran depresión y la crisis del salitre. Con sus límites superados, y un cordón de pobreza rodeando la ciudad, la cuestión social se toma la agenda y surge la figura del arquitecto Juan Honold, quien en 1958 desarrolla como proyecto de título un plan para integrar esta periferia con infraestructura y servicios.

Honold se va al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) para concretar su proyecto, lo que da lugar al Plan Intercomunal de Santiago de 1960 (PRIS), de donde surgen los famosos cordones industriales, 10 parques metropolitanos, el anillo Américo Vespucio, las costaneras del Mapocho y 15 subcentros para atender la periferia en cruces de Vespucio con Kennedy (Parque Arauco), Vicuña Mackenna (Plaza Vespucio), Gran Avenida (hoy Intermodal La Cisterna) o Ruta 68 (hoy ENEA).

En el MOPT, Honold conoce a Juan Parrochia, un arquitecto que se suma al equipo y termina firmando los planos oficiales del PRIS. Parrochia era otro talento inquieto: en 1969, con 39 años, diseña el primer plan de metro y ferrocarriles. Cinco años después suma a esta red un sistema de autopistas y avenidas, tomando los trazados del PRIS y otros como la Autopista del Sol, Tobalaba, el anillo orbital y la Norte Sur.

Parrochia se dedica en cuerpo y alma a concretar su plan, y queda a cargo del proyecto del Metro. La historia cuenta que da inicio a las obras de la Línea 1 sin permiso ni presupuesto, para asegurarse de que no se seguiría postergando, lo que me confirmó en una conversación que tuvimos hace 15 años, donde se quejó que Honold le había robado sus ideas. La rivalidad entre ambos era conocida. Cuando trabajé con Honold en la Intendencia no podía nombrar a Parrochia. Se desencajaba y lo acusaba de apropiarse del PRIS y sus ideas, y de iniciar obras sin estudios de factibilidad, como el caso del Metro o la autopista Kennedy, construida en medio de chacras.

Si superponemos los planes de Honold y Parrochia, la similitud con el Santiago contemporáneo es sorprendente tanto en sus grandes ejes de transporte, como en sus principales parques, líneas de Metro o subcentros. Y a diferencia de Vicuña Mackenna o Brunner, el tamaño de ciudad que ellos imaginaron es similar al que existe hoy. Pese a su rivalidad, o quizás por ella, Honold y Parrochia son los padres del Santiago moderno. A ellos les debemos la grandeza de esta ciudad, que contrario a lo que muchos piensan fue cuidadosamente planificada en sus trazos generales hace más de 50 años, gracias al talento y empuje de estos dos enemigos íntimos.

 

Imagen de portada: Alameda con San Francisco en 1935 (Enrique Mora, Cenfoto).

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