Febrero 22, 2018

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Las familias de Leopoldo Lugones y José Donoso recorren un camino que, con fuertes diferencias y matices, se aproximan. Saben de bronces y miserias, de suicidios y transgresiones, como lo demuestra la lectura de Cuervos de la memoria, la biografía de la bisnieta de Lugones, y Correr el tupido velo y Diarios tempranos, la selección de textos íntimos de José Donoso.

por hernán ronsino

Las imágenes muestran un pueblo en España que celebrará a su poeta. Le van a rendir, como se dice, su merecido homenaje inaugurando un busto. Los preparativos están en marcha; las filas de sillas montadas en la plaza central; la gente que llega lentamente; la voz del locutor oficial probando el sonido para luego comenzar con su encendido discurso poniendo al poeta, muerto pero inmortal en sus versos, en el bronce. De pronto, después de mostrar a la mujer y a dos de los tres hijos del poeta sentados en primera fila, esas imágenes del homenaje desaparecen y, con el sonido del locutor oficial de fondo, ahora se ve el busto del poeta en una habitación, envuelto en un plástico y apretado por unas sogas tensas, amordazado.

Es el comienzo de El desencanto, un documental de Jaime Chávarri, que cuenta la historia de la familia Panero. Pero la narración no se centra en la biografía del “poeta del régimen franquista”, sino más bien en los efectos que la muerte del poeta deja en su mujer, Felicidad Blanc, y sus tres hijos (Juan Luis, Leopoldo María y Michi), también poetas. La figura, entonces, del busto de Panero amordazado y oculto se vuelve, a lo largo del documental, una imagen angustiante y poderosa que corroe los cimientos de la trama familiar. Y va tensando, por un lado, al poeta querido por su pueblo, al hombre público, del otro Panero, el que será materia del documental: el padre terrible y ausente.

Lugones se suicidará en febrero de 1938, en El Tropezón, un hotel en el delta del Tigre, tomando cianuro, “el suicidio de las sirvientas”, como afirmó en relación a la muerte, un año antes, de Horacio Quiroga.

La escena inicial de El desencanto –el homenaje público, por un lado, y el secreto familiar por otro– condensa muy bien la temática que se puede explorar en otras dos grandes figuras de la literatura latinoamericana del siglo XX, Leopoldo Lugones y José Donoso, en donde la vida y la obra de estos autores se entrelazan y, a su vez, impactan con violencia en el corazón mismo del núcleo familiar. Al igual que en la desgarrada historia de la familia Panero, los Lugones y los Donoso recorren un camino que, con fuertes diferencias y matices, se aproximan. La publicación, en ambos casos, de relatos biográficos que alumbran “los secretos de familia” abre, además, la posibilidad de pensar en paralelo esos dos universos íntimos y literarios.

Los Lugones

La tensión entre el poeta héroe y el padre villano encarnaría la misma doble faz que en el cuento de Borges porta el personaje de Kilpatrick. Ese líder rebelde irlandés que es a la vez héroe y traidor. Al final del cuento se hace referencia a un bisnieto de Kilpatrick que, a 100 años de la muerte del héroe, se pone a escribir una biografía sobre su bisabuelo. En ese trabajo de investigación sobre el pasado familiar e histórico de Irlanda, Ryan descubre el relato del traidor, pero decidirá seguir ocultándolo.

Como en el final del cuento de Borges, Tabita Peralta Lugones publica, en 2014, el libro Cuervos de la memoria, una biografía de la familia Lugones escrita por la bisnieta del poeta. Pero a diferencia de Ryan, Tabita contará y alumbrará las escenas más oscuras del “héroe”. La historia de los Lugones es parte de una secuencia que entrelaza de manera compleja y minuciosa, la intimidad con la violencia política.

Leopoldo Lugones no es solo el poeta más importante de comienzos del siglo XX en Argentina, también es quien, como intelectual de peso, transforma desde las conferencias que da en el teatro Odeón de Buenos Aires en 1913, y que luego se publicarán en el libro El payador, al poema Martín Fierro en un poema épico. Y al gaucho Martín Fierro en el héroe argentino. Incluso el mismo Lugones, autor de La guerra gaucha, quedará canonizado como el poeta nacional: el día del escritor se celebra en su homenaje. Es decir, Lugones, el Poeta, como lo nombra Tabita, al igual que Kilpatrick, sabe de bronces y miserias.

El propio Donoso cuenta en sus diarios lo que significó para algunos familiares sentirse expuestos en las novelas. Y es, precisamente, un efecto semejante el que sufre Pilar al trabajar con los papeles de su padre y publicarlos.

Hay dos etapas en su obra que son llamativas por los contrastes. Por un lado, el joven Lugones, el que junto a José Ingenieros funda la revista La Montaña, cercana a una postura anarquista; y, por otro lado, el Lugones de la década del 20 y comienzos del 30, el autor de La grande Argentina y La patria fuerte, textos fascistas que apoyan y estimulan el golpe militar que el general Uriburu dará, finalmente, en 1930. Hay allí dos caminos antagónicos encarnados en una misma biografía: el libertario y el represivo. Lugones se suicidará en febrero de 1938, en El Tropezón, un hotel en el delta del Tigre, tomando cianuro, “el suicidio de las sirvientas”, como afirmó en relación a la muerte, un año antes, de Horacio Quiroga. En esa contradicción de caminos y en ese último gesto se funda una genealogía familiar, que irá repitiendo y profundizando los elementos que habitaban en la propia vida del poeta.

Polo es el único hijo de Lugones. Un verdadero personaje siniestro. En la década del 20 estará a cargo de un reformatorio de menores y, a causa del maltrato y los abusos que aplica a los niños internos, será destituido y condenado a prisión. Tabita cuenta que el poeta le pedirá de rodillas al presidente Yrigoyen por la libertad de su hijo, cosa que ocurrirá. Luego del golpe militar, Polo ocupará un lugar en la policía secreta de Buenos Aires. Y desde allí comenzará a aplicar un método de tortura que, según algunos dicen, crea el propio Polo: la picana eléctrica. Pero Polo además ejercerá sobre su padre una vigilancia intensa: observándolo y persiguiéndolo para, luego, denunciarlo. Ante los rumores de un romance entre el poeta y una de sus alumnas, Polo acorrala a su padre obligándolo a dejar de ver a su joven amada. Esa escena (el hijo despechado, amenazando al padre) será lo que termine de empujar a Lugones al suicidio. Una suma de fracasos políticos y sentimentales. Y la imposibilidad de terminar de escribir la Historia de Roca. Luego de la muerte de su padre, Polo será el gran albacea de esa obra. Y ejercerá, así, el rol de censor: quemará los papeles que lo comprometen, como dice Tabita, y habilitará solo alguna parte de la obra. En 1971, Polo, encerrado en su casa del barrio de Villa Devoto –disparándose varias veces, abriendo el gas– se suicida repitiendo el gesto de su padre.

Pirí Lugones, hija de Polo, madre de Tabita, ampliará los efectos familiares. Una mujer que estará marcada por la enfermedad (la tuberculosis ósea la dejará renga), la violación (a los 12 años es abusada por su padrastro) y, finalmente, la tortura (Pirí será secuestrada y torturada con el invento de su padre y desaparecida en la última dictadura argentina). Pirí encarnó un formato de mujer que representaba muy bien las luchas de los años 60 y 70. Una mujer rebelde, una mujer que escapaba del molde esperado. Trabajó como editora y traductora en la legendaria editorial Jorge Álvarez (donde se publicó por primera vez a Puig, Saer, Piglia y Walsh). Fue pareja de Rodolfo Walsh. Y, según cuenta Tabita, en las sesiones de tortura Pirí les gritaba a sus torturadores: “Ustedes qué saben, torturador era mi viejo”. De Lugones se abre, así, un derrotero de represión, continuado por su hijo, y de rebeldía por parte de su nieta. Las dos grandes dimensiones lugonianas (el joven Lugones, anarquista; y el último Lugones fascista). En consecuencia, la violencia familiar se desplazará, también, como violencia política. La dinámica será entonces centrífuga, de adentro hacia fuera. De lo íntimo hacia lo público. Una dinámica que pone, todo el tiempo, en el centro de la escena a los cuerpos atravesados por las esquirlas de un siglo trágico.

Los Donoso

En 2009, Pilar Donoso publica, al igual que Tabita Peralta Lugones, una intensa y profunda biografía familiar sobre la base de la lectura de los cuadernos personales de su padre, José Donoso: Correr el tupido velo. Y a diferencia, también, del personaje de Borges, contará lo que no se cuenta del “héroe”. O, mejor, lo que el héroe nunca quiso mostrar, pero dejó por escrito en sus cuadernos y diarios personales.

Hay un mandato que se quiebra con la publicación de Correr el tupido velo. Y Pilar Donoso sabe que desnudar al padre la enfrenta, como dice, a pérdidas irreparables y “habrá más”.

Si bien no habrá en esa lectura de la hija grandes revelaciones, sí descubrirá en los diarios personales a un padre que se abre en toda su intimidad tormentosa y contradictoria con respecto, incluso, a su propia hija. Por eso mismo, Pilar Donoso descubre y siente que, tal vez, la escritura de esta biografía sea “una forma de la venganza”. Hay un mandato que se quiebra con la publicación de Correr el tupido velo. Y Pilar Donoso sabe que desnudar al padre la enfrenta, como dice, a pérdidas irreparables y “habrá más”.

Como se sabe, uno de los grandes temas de la obra de Donoso es la exploración del universo familiar: el trabajo minucioso de análisis y de crítica que hace de la familia chilena, lo realiza desde los mundos imaginarios que construye, es decir, desde la escritura. Lo monstruoso en Donoso ocurre en el plano de la imaginación, en su literatura. A partir de ciertas experiencias biográficas y corporales –en especial con la enfermedad, con la necesidad de estar enfermo– monta un universo de fabulación y perversidad. “La locura me ordenó los materiales y me dio la forma del libro”, dice en una entrevista a propósito de la escritura de El obsceno pájaro de la noche. Esa misma organización familiar que desnuda y critica, podríamos decir, se edifica sobre dos elementos medulares: el secreto y la jerarquía. Develar un secreto, hacerlo público o no respetar el mando jerárquico trae, sin duda, consecuencias terribles. Cecilia García Huidobro, editora de Diarios tempranos. Donoso in progress, dice que “en Chile suele ser inaceptable que los secretos no queden en familia”. El propio Donoso cuenta en sus diarios lo que significó para algunos familiares sentirse expuestos en las novelas. Y es, precisamente, un efecto semejante el que sufre Pilar al trabajar con los papeles de su padre y publicarlos.

Por lo tanto, a diferencia de los Lugones, que ponen en acto la monstruosidad de generación en generación, como un efecto que se replica a través de la figura del suicidio; en Donoso, en cambio, lo monstruoso vive en el plano literario hasta que el efecto de la lectura de los diarios personales impacta en su hija. De los diarios brotará el movimiento que lleva a lo trágico; de lo imaginario a la puesta en acto: la hija leyendo los diarios y escribiendo –como en la escena fantaseada por el padre en la cita que abre la biografía– para tener, como efecto final, el suicidio.

A diferencia de los Lugones, que ponen en acto la monstruosidad de generación en generación, en Donoso lo monstruoso vive en el plano literario, hasta que el efecto de la lectura de los diarios personales impacta en su hija.

Es curioso que, tanto en Diarios tempranos –que cubre la primera etapa de los cuadernos– como en Correr el tupido velo –que abarca la segunda parte–, la escritura íntima esté mediada por la edición, por un lado, de Cecilia García Huidobro que va guiando y ordenando su lectura y, en el segundo caso, por la selección de su propia hija. Es decir, los papeles íntimos de Donoso se hacen públicos a través de una mediación. Es, tal vez, en relación con esta mediación que estos libros reflejan, de algún modo, dos facetas muy distintas de la escritura íntima de Donoso. Por un lado, el primer volumen de los diarios, muestra a un escritor que ensaya, una y otra vez, los libros que desea escribir; devela, más bien, al mundillo literario o los vaivenes familiares, pero sin involucrar de un modo comprometido a su mujer y a su hija, aún pequeña. La familia es la de los padres, los tíos o tías y abuelos; todo ese universo que fantasea con retratar en una trilogía que cuente la vida de los Yáñez. Por eso Cecilia García Huidobro plantea que, para Donoso, “el diario es el doble del escritor” y que allí no hay ningún secreto terrible que develar. Pero, en cambio, en Correr el tupido velo la hija descubre una intimidad del padre nunca vista antes por ella. La formación de una familia propia es la que se ve retratada desde sus entrañas y sus complejidades. Si la publicación de Diarios tempranos, planeada y meditada por el autor para que apareciera muchos años después de su muerte, colabora en la construcción del escritor “héroe”, es decir, en mostrar en la escena pública cómo pensaba y procesaba una novela, qué cosas leía y con quién entraba en contacto; Correr el tupido velo, que también, en cierto modo, es un libro calculado por el autor, opera con otro efecto al de los Diarios tempranos: construye, más bien, la sombra de ese escritor “héroe”.

Finalmente, podríamos decir que Cuervos de la memoria funciona, entonces, como un libro documental, una historia de reconstrucción familiar escrito por Tabita Peralta Lugones desde una distancia generacional, para comprender y cicatrizar. En cambio, Correr el tupido velo, por su dinámica y los efectos que tuvo, encaja en la obra donosiana; está atrapado en sus efectos; imaginado, incluso, por su autor. Sería, después de Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, el último eslabón de la obra de Donoso que se cierra sobre sí mismo, hacia lo íntimo, con la fuerza no solo de un efecto literario (un efecto de realidad) sino con un impacto real (un efecto en la realidad) a propósito del suicidio de Pilar. De modo que la lógica familiar y literaria, a diferencia de los Lugones, tendría una dinámica centrípeta, que busca el centro para cerrarse sobre sí mismo; circula desplazándose en los rincones de la propia casa, entre el secreto y la jerarquía –como en Coronación, como en Casa de campo–, hasta estallar en su interior desde la locura, la transgresión o el suicidio.

 

Cuervos de la memoria. Los Lugones, luz y tinieblas, Tabita Peralta Lugones, Ediciones de la flor, 2014, 288 páginas, $21.000.

 

Correr el tupido velo, Pilar Donoso, Alfaguara, 2009, 442 páginas, $18.000.

 

Diarios tempranos. Donoso in progress, 1950-1965, José Donoso, Ediciones UDP, 2016, 712 páginas, $20.000.

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