¿Choque de civilizaciones?: el cristianismo contra el mundo clásico

En La edad de la penumbra, la británica Catherine Nixey afirma que, al imponerse como religión del imperio romano, el cristianismo destruyó la cultura greco-romana, “pagana”. La obra ha sido elogiada y es un éxito de ventas, aunque algunos cuestionan su idealización de la Antigüedad. “La historia de la bondad cristiana, aunque fascinante, ha sido contada miles de veces; la historia que cuento, que es igual de importante, no ha sido contada”, dice ella en esta entrevista.

por Juan Rodríguez M. I 7 Mayo 2019

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Era el último ejemplar de Sobre la República, un texto de Cicerón, el político y filósofo romano. Estaba en manos de Agustín, san Agustín (354-430), quien decidió reutilizar el pergamino y sobrescribió el texto para anotar sus comentarios a los Salmos. Si bien escaseaban los pergaminos, el gesto de Agustín también se explica por el desprecio de aquello que para los cristianos era paganismo, según interpreta la historiadora y periodista británica Catherine Nixey en su libro La edad de la penumbra. El propio santo, según cita la autora, lo planteó en estos términos en Cartago: “¡Dios quiere, lo mandó, lo predijo, comenzó ya a llevarlo a efecto, y en muchos lugares de la Tierra ya lo ha realizado en parte: la extirpación de toda superstición de paganos y gentiles!”. Hoy, de la obra de Cicerón solo conocemos algunas partes, entre ellas los fragmentos que quedaron bajo las notas de Agustín.

Historias y palabras como esas abundan en el libro de Nixey. Su subtítulo ahorra comentarios: “Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico”. Todo, claro, a partir del año 380, cuando la nueva religión se convirtió en credo oficial del imperio romano de la mano del emperador Constantino. Otro caso citado es el de san Martín, en la actual Francia, quien “arrasaba los campos galos destruyendo templos y consternando a los lugareños a su paso”. Él es solo uno de los muchos santos y sacerdotes que derribaban lugares y estatuas de las antiguas religiones.

“Los ataques no se detenían en la cultura —escribe Nixey—. Todo, desde la comida que se ponía en el plato (que debía ser sencilla y sin especias) hasta lo que se hacía en la cama (que debía ser igualmente sobrio y sin especiar) empezaba, por primera vez, a quedar bajo control de la religión. La homosexualidad masculina se prohibió; la depilación se despreciaba, así como el maquillaje, la música, los bailes sugerentes, la comida sofisticada, las sábanas moradas, la ropa de seda… La lista seguía y seguía”.

‘La mayoría de los historiadores estarían de acuerdo en que, aunque el mundo clásico tenía momentos de intolerancia, su estructura religiosa politeísta era por naturaleza infinitamente más tolerante con otras religiones que un cristianismo que declaraba que había un Dios, una verdad, un camino’.

Hija de católicos

Nixey creció en una familia católica, pero no solo eso: sus padres, antes de casarse, fueron religiosos. Ella misma lo cuenta a través de un correo electrónico: “Fui criada por un ex monje y una ex monja. Eso cambia la manera en que ves el mundo. Hasta que fui una adolescente creí sin cuestionar todo lo que ellos me habían contado sobre la historia de la Iglesia. Cuando fui a la universidad, a formarme en estudios clásicos en Cambridge, comencé a darme cuenta de que la historia era más compleja. Eso es lo que me llevó a este proyecto: dos concepciones de mundo chocaron y quise explorarlas. Mi madre murió hace años, pero mi padre leyó el libro y lo disfrutó mucho. A pesar de haber pasado muchos años como monje, él es muy amplio de mente cuando se trata de escuchar diferentes puntos de vista sobre la Iglesia”.

Algunos críticos resienten que en La edad de la penumbra se entregue una visión del cristianismo que lo asimila al fanatismo, sin considerarlo también como “uno de los pilares de la cultura occidental”, como una religión que introdujo conceptos como la piedad y la caridad. “El cristianismo hizo mucho bien y yo lo reconozco en mi libro —responde Nixey al plantearle esa objeción—. Sin embargo, esa historia, la historia de la bondad cristiana, aunque fascinante, ha sido contada miles de veces. La historia que cuento, que es igual de importante, no ha sido contada. Aquellos cuyos templos, libros y religiones fueron destruidas por los cristianos no dejaron a nadie para contar su historia. Me pareció que vale la pena contarla. Así es que me enfoqué en ella”.

 

¿Hay una idealización del pasado greco-romano? ¿Realmente el mundo clásico era más tolerante, pluralista y pacifista que el que emergió con los cristianos?

Probablemente se ha sido demasiado amable con el mundo clásico, que podía ser extremadamente feroz y brutal. Y también irracional. Sin embargo, la mayoría de los historiadores estarían de acuerdo en que, aunque el mundo clásico tenía momentos de intolerancia, su estructura religiosa politeísta era por naturaleza infinitamente más tolerante con otras religiones que un cristianismo que declaraba que había un Dios, una verdad, un camino. La historia, en cierto sentido, habla por sí misma: hoy hay dos mil millones de cristianos en el mundo. Y no hay un solo verdadero “pagano”.

 

Alguien podría decir que gracias al cristianismo (a los copistas, por ejemplo) conocemos el mundo clásico. ¿Qué respondería?

Estoy totalmente de acuerdo. Lo que se rescató del mundo clásico fue casi enteramente salvado por los cristianos (aunque los estudiosos árabes salvaron mucho también). Es solo que no salvaron la mayoría. El 90% de toda la literatura clásica se perdió; 99% de la latina. Sí, el 1% que se salvó fue salvado por copistas cristianos, pero esa no es una gran tasa de preservación. Como lo coreó el predicador cristiano (y santo en el este) Juan Crisóstomo, los escritos “de los griegos ¡han perecido y han sido borrados!”.

 

‘A principios del siglo IV, solo 10% del imperio era cristiano. Pero en ese momento gana un converso muy importante: el emperador Constantino. Él, y los emperadores que vinieron después, comenzaron a alentar y luego a forzar a convertirse al restante 90% del imperio’.

El asesinato de Hipatia

De las numerosas historias contadas en La edad de la penumbra —filósofos exiliados, destrucción de templos, quema de libros— la que más conmueve a Nixey es la horrible muerte de una mujer: “El asesinato de la brillante filósofa y matemática Hipatia. Ella fue la más talentosa científica de sus días en Alejandría, y también una ‘pagana’; en otras palabras, una no cristiana. Pero un día en el año 415 fue tomada por un grupo de fanáticos cristianos. Creían que, porque ella usaba astrolabios y símbolos matemáticos, era un agente de Satán, un demonio del infierno. La desollaron viva. Algunas fuentes dicen que le sacaron los ojos mientras aún respiraba. Alejandría ya había sufrido una terrible pérdida a manos de los cristianos. Unos años antes, el templo de Serapis —el templo más bello del mundo, decía la gente— fue derrumbado por una multitud de celosos cristianos que consideraban que era un templo de ídolos y debía ser destruido. También es una historia terrible, pero la de Hipatia es peor”.

Nixey también matiza la idea de los cristianos como víctimas de una implacable persecución por parte del imperio romano. No pretendían eliminarlos, dice. ¿Qué pasa, entonces, con las historias de los mártires, con los crímenes de Nerón, por ejemplo? “La mayoría de la historias de mártires no son ciertas —responde la autora—. Hubo algunos mártires, y sus muertes fueron terribles, pero suman cientos y no miles. En general los romanos ignoraban a los cristianos. Si comparecían ante un gobernador, y si se negaban a hacer sacrificios al emperador, podían ser castigados, pero el crimen tenía menos que ver con la religión que con la traición”.

 

¿Hubo resistencia intelectual en Roma al avance del cristianismo?

Hay ataques filosóficos fascinantes. Un filósofo llamado Celso estaba particularmente irritado, describe el Antiguo Testamento como “basura absoluta”. Pensaba que la historia de la Creación era ridícula. ¿Por qué, se preguntaba, si Dios era todopoderoso, tuvo que dividir en días diferentes el trabajo de hacer el mundo? O la idea de que después de todo este trabajo “Dios, exactamente como un mal trabajador, estaba agotado y necesitaba un día feriado para descansar”. Lamentablemente, el ataque más poderoso, por parte de un filósofo llamado Porfirio, molestó tan profundamente a los cristianos, que no sobrevivió. El emperador Constantino, el primer emperador cristiano, calificó a Porfirio como un “enemigo de la piedad” y dijo que en adelante quedaba “marcado por la infamia”, debido a lo que había escrito. En el año 448 los libros de Porfirio fueron quemados.

 

Si el cristianismo no tenía la fuerza, surgió en un rincón poco importante del imperio y sus ideas eran tan ajenas al espíritu romano, ¿por qué triunfó?, ¿qué lo hizo atractivo?

¡Esa es la eterna pregunta! La principal respuesta es: no era tan atractivo para la mayoría del imperio romano. A principios del siglo IV, solo 10% del imperio era cristiano. Pero en ese momento gana un converso muy importante: el emperador Constantino. Él, y los emperadores que vinieron después, comenzaron a alentar y luego a forzar a convertirse al restante 90% del imperio. Muchos lo hicieron voluntariamente, muchos no. Los templos fueron saqueados, luego clausurados con cadenas; muchos se arruinaron. Finalmente, se aprobaron leyes que presionan para que todos en el imperio se convirtieran. Fue eso, no las doctrinas de amor o el carisma de san Pablo, lo que hizo al cristianismo tan atractivo.

 

Imagen de portada: Triunfo de la religión cristiana, de Tommaso Laureti.

 

La edad de la penumbra, Catherine Nixey, Taurus, 2019, 317 páginas, $15.000.