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El legado moral de Adam Smith

Más conocido por sus ideas en materia económica, Adam Smith desarrolló sin embargo importantes aportes en otras vertientes del pensamiento. Su texto La teoría de los sentimientos morales, cuya relevancia vuelve a ser considerada durante la segunda mitad del siglo XX, plantea que la simpatía no es solo una facultad determinada por las emociones, sino que también comporta un proceso de deliberación racional.

por leonidas montes

Aunque reconocemos en Adam Smith al padre de la economía, su prestigio intelectual nace con La teoría de los sentimientos morales (TSM). Su gran proyecto intelectual era escribir un texto de ética, uno de economía política y otro de jurisprudencia. Esta trilogía resumía su sueño de una ilustrada “ciencia social”. En 1759 publica TSM y en 1776, el año en que Estados Unidos logra su Independencia y Thomas Paine publica Common sense, aparece Una investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (RN). Pero Smith no alcanzó o no pudo cumplir con su promesa de un tratado de jurisprudencia. Eso sí, sabemos que pocos días antes de morir exigió que se quemaran todos sus apuntes sobre la justicia. Solo permitió que se rescataran algunos ensayos que fueron posteriormente publicados como Ensayos filosóficos (1795).

En sus últimos años, Smith continuó trabajando y mejorando su TSM. La sexta edición fue publicada en 1790, días antes de su muerte. Casi un tercio de esta edición final y definitiva son adiciones que pensó y agregó al final de su vida. Si bien TSM fue el libro que cimentó el éxito intelectual de Adam Smith y concentró sus últimos esfuerzos intelectuales, la historia puso su mirada en la RN. En otras palabras, el éxito y la influencia de RN en los albores de la revolución industrial, opacaron el legado moral de TSM durante todo el siglo XIX y gran parte del siglo XX.

La apabullante influencia del utilitarismo de Bentham por un lado, y la deontología kantiana por el otro, eclipsaron el pensamiento moral del padre de la economía.

Hay razones que explican este fenómeno. La apabullante influencia del utilitarismo de Bentham por un lado, y la deontología kantiana por el otro, eclipsaron el pensamiento moral del padre de la economía. Ambas corrientes filosóficas, una enfocada en la utilidad, las consecuencias y la mayor felicidad del mayor número de personas, y la otra en el imperativo categórico, las intenciones y la ley moral universal, convirtieron a TSM en una obra que pasó al olvido o fue simplemente ignorada. A ratos también fue erróneamente interpretada. Por ejemplo, John Rawls la califica al pasar, en un pie de página, como una simple obra preutilitarista.

Solo a partir de la publicación de las obras completas de Smith, en 1976, renace el interés por TSM. Recientemente, filósofos como Ernst Tugendhat y Martha Nussbaum, y economistas como Amartya Sen y Vernon Smith, han volcado su atención a la riqueza de TSM.

El principio que guía a TSM es el concepto de simpatía. Smith aclara que esta facultad no es solo un sentir “con” el otro, sino que correspondería, en un estricto sentido etimológico, a la empatía, esto es, a sentir “en” el otro. Distanciándose de Hume, también aclara que simpatizamos con cualquier pasión, ya sea triste o alegre. Como el hombre es un animal social, la simpatía se da en la interacción cotidiana de cualquier comunidad. Pero este fenómeno moral y social de la simpatía no es solo acerca de un contagio de sentimientos. Es cierto que un llanto nos conmueve o el gozo de otro nos alegra. Pero esto no es suficiente para simpatizar. Ponernos en los zapatos del otro nos exige conocer las causas de los sentimientos que gatillan una conducta. Esta es la clave de la simpatía mutua smithiana. Simpatizo primero sintiendo y luego, usando la imaginación, me pongo en los zapatos y en la situación del otro. El proceso simpatético parte de los sentimientos, pero también exige deliberar acerca de las circunstancias. Esto es lo que finalmente permite la aprobación moral. Para Smith la moral es, por así decirlo, una combinación entre sentimientos y razón, entre corazón y cabeza.

En TSM el padre de la economía también nos habla del espectador imparcial, de la realidad de la naturaleza humana y su psicología. Destaca la importancia del interés propio bien entendido. Y con cierto escepticismo humeano, desconfía del abuso de la razón, del riesgo del “hombre de sistema”, o de aquellos que creen sabérselas todas. Todo esto y mucho más explican la relevancia y actualidad de este libro que se ha convertido en un clásico moderno.

 

la teoría de los sentimientos morales

La teoría de los sentimientos morales, Alianza Editorial, 2013, 600 páginas, $17.700.

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