Junio 26, 2018

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La pareja de sociólogos estuvo ayer en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales, para compartir sus reflexiones en torno a la organización urbana. Mientras Sennett se enfocó en su concepto de “ciudad abierta”, Sassen abordó la amenaza que encierra la especulación inmobiliaria.

por matías hinojosa

La cátedra Globalización y Democracia celebró ayer sus 10 años, con Richard Sennett y Saskia Sassen como invitados, quienes se suman a la larga lista de pensadores que han estado presentes en esta actividad, como Fernando Savater, Gianni Vattimo, Hervé Le Bras y Thomas Pikkety.

Reunidos para reflexionar en torno a la ciudad, la pareja de sociólogos desarrolló sus impresiones respecto a la configuración que ha adoptado el mundo contemporáneo, los desafíos a los que este se enfrenta y las contradicciones al interior de las sociedades modernas neoliberales.

Con el título “La ciudad abierta: los desafíos de la democracia actual”, Sennett compartió las conclusiones a las que ha llegado después de analizar distintos modos de organización urbana. Según el autor de La corrosión del carácter y El declive del hombre público, la forma en que se estructura una ciudad puede fomentar los valores democráticos o, por el contrario, desarrollar entre sus ciudadanos actitudes que él denomina “fascistas”.

“En los países del norte tenemos una crisis de la democracia, un fascismo que resurge, en lugares como Estados Unidos, Hungría e Italia”, fueron las palabras con las que abrió su exposición. “Pero este no es el fascismo que enfrentamos en los 30. Ese era un movimiento que intentó una nueva estructura de poder; sin embargo, su forma actual se caracteriza por una deconstrucción del Estado, de modo que este fascismo es más de orden cultural que burocrático”.

Tras este diagnóstico, se preguntó: “¿Puede una ciudad resistir este fascismo cultural? Sí, puede, si está organizada como una ciudad abierta”. Para Sennett la ciudad abierta, democrática, es aquella que propicia la interacción entre actores diversos, donde se promueve la tolerancia y cuya organización se basa en la propia adaptación de los ciudadanos a las condiciones del entorno y no en la planificación rígida poco propensa al cambio.

Para dar un ejemplo de este tipo de lugar, mostró una diapositiva con una fotografía de Nehru Place, un enorme centro de intercambio comercial al sur de Delhi, en la India, donde conviven vendedores informales de todo orden. “En este sitio se mezclan musulmanes con hindúes y las personas no están encerradas en oficinas, sino que están afuera. Se trata del lugar menos peligroso de Delhi”, aseguró el sociólogo. “Eso se debe a que no hay normas y todos están obligados a interactuar y el impulso al rechazo, a purificar el lugar, es muy débil. Esta organización física funciona contra los impulsos fascistas”.

Para ilustrar la contracara de este modelo, Sennett mostró una fotografía de un condominio de edificios en Beijing, indicando que “aquí no hay espacio público, no hay interacción y la tensión social con los migrantes indocumentados es gigante”.

Para el profesor de la London School of Economics, la ciudad abierta es esencialmente democrática por tres características: “Porque es porosa, porque está en permanente construcción y porque se puede adaptar a los cambios no previstos”.

Otra de las diapositivas que Sennett usó durante su presentación lo mostraba a él junto a la urbanista Jane Jacobs bebiendo en un bar. Se veía a ambos sentados a la barra junto a un borracho que yacía desplomado sobre la mesa. Para Sennett, aquella fotografía también transmite el espíritu de una ciudad abierta, donde cada individuo tiene la libertad de emborracharse en público si así lo desea o de realizar acciones que a los demás pueden parecer impropias, pues uno de los pilares de este tipo de estructura es la tolerancia.

Por su parte, la holandesa Saskia Sassen, en un español con acento argentino pero de una fluidez y pronunciación excelente, presentó su conferencia “¿De quién es la ciudad?: Contradicciones en el pensamiento global”, en la que reflexionó sobre la especulación inmobiliaria y el peligro que esta práctica conlleva. Para ella los grandes inversores están inmersos en un sistema tan complejo y altamente sofisticado, que una parte importante del mercado ha dejado de negociar cuestiones materiales y se ha volcado hacia la transacción de valores virtuales. Al tratarse de un terreno que va más allá de lo material, ese espacio abierto por los inversionistas es un lugar donde las regulaciones casi no existen: “La ley hoy en día –aseguró Sassen– no logra regular ciertos sectores, pero lo que ocurre en las altas finanzas es algo extremo. Las altas finanzas no son economía, sino otra cosa, porque la banca tradicional vendía dinero por cierto valor, el interés, pero aquí se transa algo que no existe”.

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