Junio 8, 2018

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por matías hinojosa

¿Ha sido Estados Unidos una economía impoluta y responsable a lo largo de toda su historia? Se tiende a pensar que sí, que incluso nunca ha dejado de responder a sus acreedores. Sin ir más lejos, cada vez que se retoma en el Congreso norteamericano la discusión sobre subir el límite del endeudamiento, tanto políticos como periodistas invocan esta supuesta conducta intachable: Estados Unidos siempre paga sus deudas.

Sin embargo, aquella apreciación es errónea, puesto que el país incurrió durante el mandato de Franklin D. Roosevelt en medidas económicas que ponen en entredicho esta plena rectitud. El economista chileno Sebastián Edwards, profesor de la Universidad de California, repasa un episodio olvidado de la historia norteamericana en su nuevo libro American Default: The Untold Story of FDR, the Supreme Court, and the Battle over Gold, período en que el gobierno decidió elevar el precio del oro (en un intento por recuperar al país de los efectos de la Gran Depresión), aumentando de esa forma el valor de sus reservas.

Sin embargo, había un problema: la cláusula del oro. En aquel tiempo, la mayoría de los contratos de deuda incluían esta indicación, la cual obligaba a los firmantes a pagar en “moneda oro” o su equivalente. Aquella cláusula se había introducido durante la Guerra Civil como un modo de proteger a los inversores contra los efectos de la inflación. El aumento en el precio del metal planeado por Roosevelt, como es evidente, traería aparejado una devaluación del dólar, haciendo que de un momento a otro las deudas crecieran significativamente su valor en esta moneda, causando así una debacle económica general.

El problema se resolvió el 5 de junio de 1933, cuando el Congreso aprobó una resolución conjunta que anulaba la cláusula del oro en todos los contratos pasados y futuros, evitando con esto los temidos reajustes. Frente a las críticas de los republicanos, que alegaban el desprestigio que resentiría la economía del país, Roosevelt se defendió diciendo que el plan no equivalía a una “anulación de los contratos”.

Así las cosas, el 30 de enero de 1934 se efectuó la devaluación del dólar, causando la reacción inmediata de los perjudicados, es decir, de aquellos que tenían sus valores protegidos mediante la cláusula derogada. La Corte Suprema, frente a las demandas que reclamaban la naturaleza inconstitucional de esta política, falló a favor del gobierno, argumentando que la administración podía invocar una “necesidad” como justificación para anular contratos.

Edwards reaviva estos hechos para abrir una pregunta altamente inquietante: ¿Podría haber nuevos casos de gobiernos que invoquen el argumento legal de la “necesidad” para ajustar contratos retrospectivamente? Si ya pasó una vez, por qué no podría pasar de nuevo.

La revista de negocios Bloomberg ha estado publicando desde hace algunas semanas extractos del libro, que acaba de ser lanzado por la editorial de la Universidad de Princeton. En el siguiente link puedes leer el primero de estos fragmentos:

https://www.bloomberg.com/view/articles/2018-05-22/fdr-s-battle-over-the-gold-standard-changed-the-u

Y en este enlace la reseña aparecida en Library of Economics and Liberty:

http://econlog.econlib.org/archives/2018/06/fdr_and_george.html

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