Mayo 9, 2018

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El pasado 4 de mayo, en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales, se presentó el libro La llamada de la tribu. En conversación con Carlos Peña, rector de la casa de estudio, el autor peruano expuso los principales hitos de su paso a las ideas liberales.

por manuela yáñez

En un auditorio con más de 200 personas fue presentado el último libro de Mario Vargas Llosa, el cual además de poseer claros trazos autobiográficos, plantea un diálogo con siete exponentes del pensamiento liberal: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel, quienes fueron en parte cómplices del cambio de pensamiento del escritor.

Vargas Llosa da cuenta de cómo la revolución cubana y la prescripción de las ideas de Jean Paul Sartre fueron momentos clave en la evolución de su pensamiento, el cual en su juventud universitaria estuvo muy ligado a las ideas marxistas. “Yo era muy sartreano de joven y a partir de los 60 eso se fue desmoronando. La obra de Sartre es mucho menos importante que en los años de la posguerra en los 50. Era extraordinariamente inteligente, pero al mismo tiempo en su literatura había una frialdad que congela sus historias, las que parecían enteramente construidas con inteligencia y racionalidad”.

Carlos Peña, quien inició la conversación con un discurso acerca de la trayectoria política e intelectual del autor, realizó un breve repaso de su transformación teórica, asegurando que “comenzó a reemplazar las lecturas de Sartre por las de estos otros autores que recoge este libro, ninguno de los cuales, salvo Ortega, tienen ese brillo literario, la inteligencia portentosa, la capacidad polémica y el arte de tomar una idea y construir un castillo ante los lectores con la velocidad de un prestidigitador que tenía el mandarín francés, Jean Paul Sartre, a quien me atrevo a conjeturar, el escritor que es Vargas Llosa cuando cierra un libro de Hayek, de Revel o de Berlin, por mucho que le interese, debe seguir echando de menos”.

“El liberalismo dentro de la cultura democrática era probablemente la doctrina que había impulsado las reformas más profundas, las mejores transformaciones”, declaró el premio nobel de literatura.

¿Qué había en la revolución cubana y en Sartre que los hicieron tan atractivos pero a la vez obligaron al autor a alejarse de ellos? Al plantear esta interrogante, Peña asume que “lo que había en ellos era justamente aquello de lo que los autores que retrata magníficamente este libro aconsejan huir como de la peste. La creencia de que el destino humano es colectivo y no individual, que lo mejor de nuestra condición se manifiesta cuando imaginamos nuestros esfuerzos no como intento de construir un plan de vida propio e idiosincrásico, sino como una contribución a un destino común”.

Con ejemplos como la igualdad de oportunidades, la igualdad de géneros o la defensa del medio ambiente, temas que en los siglos XIX y XX no formaban parte de la preocupación pública, hoy en día lo son gracias al impulso y la filosofía liberal. “Comencé a leer a muchos pensadores liberales y quedé seducido por ellos, convencido de que el liberalismo dentro de la cultura democrática, dentro de la cultura de la libertad, era probablemente la doctrina que había impulsado las reformas más profundas, las mejores transformaciones que habían ido enriqueciendo la democracia y promoviendo valores que hoy día son universalmente aceptados”, declaró el premio nobel de literatura.

“El libro trata de hacer justicia a la injusticia de que han sido víctimas algunos pensadores que aparecen en él. Creo que el caso de Ortega y Gasset es verdaderamente dramático, vivió unas circunstancias realmente dramáticas en la historia España, fue una división entre extremos entre los que él fue incapaz de elegir y simplemente porque no había en él un extremista. En él había un demócrata y un liberal. Aunque no le interesara mucho la economía, creo que ese fue cierto efecto de su generación, tanto en España como en América Latina (…). Pensaban que eran las ideas las que determinaban el movimiento de una sociedad”.

“El libro trata de mostrar las divergencias que existen entre el liberalismo, precisamente por eso no es una ideología, es más bien una doctrina que parte de algunas convicciones que son un puñado verdaderamente de la defensa de ciertas instituciones, y que en todo lo demás abre el campo a la controversia, a la divergencia, a la polémica”.

“Si nosotros comparamos la América Latina de nuestros días con la del pasado, sin ninguna duda hay un progreso, que básicamente se traduce en el campo político en la proliferación de imperfectas democracias, en el campo económico en la apertura de mercados”, opinó.

“Por eso hoy en América Latina hay menos dictaduras, hay más democracias, aunque esas democracias sean todavía muy imperfectas, pero creo que si nosotros comparamos la América Latina de nuestros días con la del pasado, sin ninguna duda hay un progreso, que básicamente se traduce en el campo político en la proliferación de imperfectas democracias, en el campo económico en la apertura de mercados. Hay un entusiasmo o a veces una simple resignación, pero claramente hoy una gran mayoría de los latinoamericanos tiene clarísimo que si un país quiere prosperar, no tiene otro camino que el de abrir mercados, el respetar la propiedad privada, que haya realmente un comercio libre. Insertarse en los mercados mundiales es el camino más rápido que tiene una sociedad para desarrollar su propia economía”.

El fin del libro según el escritor es “reconocer y dar el crédito debido a una doctrina que en cierta forma ha ganado, no la guerra pero sí la batalla de las ideas, por lo menos provisionalmente, y que en América Latina, a pesar de la enorme hostilidad que ha habido contra ella, ha terminado también por imponerse”.

Carlos Peña, realizó también una relación entre los siete intelectuales citados y la necesidad de Vargas Llosa en su momento de encontrar una línea de pensamiento que llenara sus inquietudes, junto con referirse a la noción de tribu que el título del libro plantea. “Todos esos autores, que ayudaron a Mario Vargas Llosa en medio de la soledad intelectual en que quedó luego de romper con la revolución cubana, le enseñaron algo que el escritor que él era para sus adentros ya sabía desde siempre: que el individuo no debe rendir sus fines, sus propósitos, o sus sueños a ningún colectivo por más abrigo que este ofrezca. Por más que dejarse llevar por el colectivo aligere el peso de la propia responsabilidad. Y es que la tribu, contra cuya llamada seductora los autores que este libro retrata llaman a estar precavidos, no es solo la experiencia de estar abrigado o mimetizado en otras múltiples vidas humanas, emboscado en ellas, sin estar obligados a salir de cena. La tribu es ante todo una experiencia intelectual, seductora y engañosa, que por la vía de sumir la experiencia humana en el magma que se extiende en el tiempo y en la historia, ofrece consuelo y explicación a los tropiezos y sufrimientos que padecemos en el tiempo presente, por la vía de compensarlos con ese tiempo futuro que se demora en llegar, que se parece a veces a la sociedad sin clases pero también al mercado perfecto, y que los partidarios de la tribu, de derecha y de izquierda, habría que decir, porque tribus hay en ambos lados, aseveran que más allá de toda evidencia, ese momento llegará”, manifestó el rector.

Para finalizar la presentación, el autor manifestó resumidamente cómo concibe la literatura y la relevancia que a ella le otorga. “La literatura es algo muy importante que no puede prescindir de la libertad para funcionar, para ser realmente creativa, y además, para ir demostrando en la práctica -a través de esa experiencia maravillosa que es la lectura- que la sociedad está mal hecha, que siempre estará mal hecha y seremos capaces de imaginar, inventar y crear sociedades más perfectas de la que tenemos. Creo que esa es la gran contribución de la literatura, que produce un malestar, una inconformidad con el mundo tal como es. Ese espíritu crítico es la gran locomotora del progreso de la civilización”.

 

La llamada de la tribu, Mario Vargas Llosa, Alfaguara, 2018, 320 páginas, $14.000.

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