Noviembre 28, 2018

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Ayer se llevó a cabo el esperado encuentro del director alemán con el público chileno. En un Campus Lo Contador de la Universidad Católica lleno de personas, el creador de Fitzcarraldo habló sobre su próxima película, sus aventuras de viaje, la escritura y los libros. Como si se tratara de un gurú, durante la ronda de preguntas (que se extendió por más de una hora) se le consultó de todo, incluso de su vínculo con el polvo.

por matías hinojosa

Con 30 minutos de retraso llega Werner Herzog al campus Lo Contador, para participar en una nueva jornada –de las más brillantes quizás– del ciclo La ciudad y las palabras, evento que durante más de 10 años ha organizado el Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica. La demora no hacía más que aumentar la expectación. Cuando aparece, el director alemán es recibido con aplausos y gritos por las cientos de personas que repletan el lugar. Con lentes de sol y mochila al hombro, el cineasta se queda de pie un momento y devuelve una sonrisa afectuosa a sus seguidores.

Su visita a Chile se enmarca también en el plan de rodaje de su nueva película, un documental que filma para la BBC que contará con el testimonio de Cristina Calderón, la última hablante nativa del idioma yagán. “Las lenguas no son solo una cuestión gramática, sino una visión completa del mundo”, comenzó diciendo el realizador, quien abordará en este nuevo trabajo su desazón frente a la desaparición de culturas ancestrales.

En el diálogo con Fernando Pérez, arquitecto y académico de la UC, Herzog demostró su cautivante faceta de orador y detalló la caminata que emprendió en 1974, desde Múnich a París, para encontrarse con la crítica de cine Lotte Eisner, quien estaba muriendo. “Cuando llegué le dieron de alta y vivió otros ocho años”, contó Herzog, que se extendió luego en su relación con Eisner, recordando una conversación que tuvo con ella: “Me dijo: estoy prácticamente ciega, no puedo leer poesía, ni ver películas, es el momento que yo muera, porque estoy saturada de vida”.

La experiencia de este viaje quedó registrada en su libro Del caminar sobre hielo, texto del cual escogió un fragmento que leyó en español frente al público. “Nadie camina a pie, estaba completamente solo. Uno debe aprender a vivir con esta soledad y encontrar sentido en ella”, reflexionó.

 

 

También se refirió a su libro La conquista de lo inútil, donde registró su experiencia filmando Fitzcarraldo. “Jamás pensé que estaba listo para publicar. Cuatro años después, encontré el cuaderno de notas y me di cuenta de que estas no eran notas personales. Traté de transcribirlo en ese momento, pero la letra era pequeña y no pude hacerlo”. El cuaderno estuvo guardado durante 24 años, hasta que su mujer lo espoleo para que retomara ese proyecto. “Mi esposa me dijo ‘debes abordar este texto, porque vas a morir y después algún idiota va a querer publicarlo’”, contó entre risas, agregando que: “Este libro perdurará más que mis películas. No porque sea mejor escritor, sino porque los libros son una experiencia más directa”.

En la entrevista su relación con los libros y la escritura tuvo una presencia importante. “La escritura es parte de mi vida: escribo y me refugio en las palabras, en el lenguaje”, afirmó, para luego arremeter con una acalorada defensa de la lectura. “Les digo a los jóvenes directores que si no leen podrán ser cineastas, pero serán mediocres. Tienen que leer, leer, leer, leer. El consejo va también para los arquitectos que estudian acá: lean”. Y ese no fue el único consejo a los jóvenes presentes: “Antes de estudiar arquitectura deberían trabajar en una obra, como obreros, para entender qué hay detrás de una construcción. Lo mismo ocurre con los médicos. Antes de estudiar medicina deberían trabajar en una ambulancia”.

La ronda de preguntas se extendió por más de una hora. Herzog respondió con paciencia y generosidad a la fila de personas que se agrupó frente a los micrófonos. Como si se tratara de un gurú, se le consultó de todo, desde cuál es el sentido de la vida (“No tengo respuesta para esa pregunta. Eso se conversa con un pisco sour y un buen bife”, dijo) hasta de su vínculo con el polvo. Uno de los momentos de mayor emoción llegó cuando un seguidor le confesó que sus películas lo habían salvado en un período de soledad. Herzog lo invitó a subir al escenario y le dio un abrazo. “Si una sola persona se siente acompañada con mis películas, yo ya hice mi trabajo”, apuntó después.

En esta parte, consultado por muchos estudiantes de cine, también aprovechó de dar consejos a los que dan sus primeros pasos en este campo: “A los jóvenes siempre les digo que no se vayan por las grandes ideas. Muchos me dicen que quieren hacer películas sobre la injusticia en el mundo, pero hay que ser específico, lo más específico que se pueda. A aquellos jóvenes siempre les pregunto cuál será la primera imagen de la película y no tienen idea”.

Asimismo, abordó la fama que tiene de hombre temerario y loco: “La gente usualmente dice que hago cosas locas, pero eso no es cierto, yo soy muy profesional, porque siempre salgo con una película de esas experiencias”.

 

Fotografías: Mabel Maldonado.

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