Noviembre 7, 2017

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Pasó el punk. Pasó el grunge. Pasó el noise. Pasó el post rock. Pasó todo, todo, todo, y la banda formada en Hoboken en 1984 continúa explorando en diversos estilos para crear un sonido inconfundible, por no decir ilimitado, que deja espacio a la simpleza y el sentido del humor. Este sábado el grupo se presentará por cuarta vez en nuestro país, como parte del Festival Fauna Primavera.

por matías hinojosa

Pese a su larga trayectoria y al respaldo casi general de la crítica, Yo la Tengo nunca ha gozado de un éxito rutilante y masivo: no lo alcanzaron en los 80, cuando su sonido era demasiado crudo y estridente como para llamar la atención del gran público; tampoco lo consiguieron en los 90, cuando el fenómeno de Nirvana y Green Day puso a los grandes sellos a la caza de nuevas bandas independientes; y no lo han hecho en este nuevo siglo, abiertamente dominado por el pop y la electrónica.

Formados en Hoboken en 1984, en pleno auge del college rock, el hardcore y las radios universitarias, no lograron llamar la atención sino hasta 1990, con la publicación de Fakebook, un disco tranquilo, de orientación folk rock, que mezclaba canciones originales y covers. En aquel período, cuando eran un dúo, la banda trabajó con la intención de mejorar sus presentaciones en vivo, que fueron duramente criticadas al principio. Como se lee en una reseña citada por el periodista Jesse Jarnow en su libro Big Day Coming, Yo la Tengo y el auge del indie rock: “No quedó muy claro si había alguien en el grupo que supiese tocar su instrumento”.

Como era habitual en la escena punk e indie rock, los integrantes de Yo la Tengo comenzaron a tocar apenas con un conocimiento rudimentario de sus instrumentos. No obstante, aquella carencia fue compensada de alguna manera por su enorme conocimiento musical. Ira Kaplan y Georgia Hubley son melómanos apasionados y fervientes coleccionistas de discos, cuyo dominio de información entra en la categoría de “enciclopédico”. Kaplan era colaborador estable de SoHo Weekly News y del New York Rocker, en cuyas páginas atestiguó la incesante actividad de la movida punk neoyorkina de principios de los 80, escribiendo sobre novedades discográficas y reseñando los shows de los Modern Lovers, Talking Heads o The Feelies. Georgia Hubley, por su parte, también se convirtió en asidua a estos conciertos. La pareja, de hecho, se conoció y comenzó su noviazgo luego de asistir a un recital de los Feelies, una de las influencias capitales de Yo la Tengo.

La aparición de Painful en 1993 sirvió para apagar las críticas a su habilidad instrumental. Este LP significó una importante evolución, marcando un antes y un después en la historia de la banda. Painful fue el primer disco que grabaron con Matador Records, sello emblema de la escena independiente y cuya alianza con el grupo sigue vigente. También implicó otros dos componentes fundamentales: la incorporación del productor Roger Moutenot, que logró comprender como ningún otro las ambiciones artísticas de Ira y Georgia; y una participación más activa del bajista James McNew, quien dominaba varios instrumentos, podía escribir canciones y también brillaba por un instinto musical fuera de serie.

La promoción del disco fue inédita para los estándares a los que estaban habituados. Debido a la popularidad que disfrutaba entonces el rock alternativo, el sello puso dinero para filmar un video. La oportunidad sería aprovechada para expresar su sentido del humor: en “From a Motel 6”, uno de los singles de Painful, idearon un gag que enfureció a los dueños de Atlantic (sello que poseía el 49% de las acciones de Matador). En él se sigue a los miembros del grupo mientras montan su equipo en una sala vacía: laboriosamente mueven sus amplificadores, conectan los pedales, ordenan su set de batería. Cuando están listos para ponerse a tocar, Ira Kaplan se cuelga su guitarra y se arroja en un estrepitoso solo de noise, tras lo cual vuelven a desarmar todo el equipo de nuevo. Al sello le pareció de tan mal gusto la broma, que los obligó a grabar una segunda versión del video, pero esta vez bajo cánones más convencionales.

Sin embargo, los videos graciosos se convertirían en una marca registrada. Por ejemplo, para “Tom Courtenay”, de su siguiente álbum Electr-O-Pura (1995), escenificaron una hipotética reunión de los Beatles, que los tiene a ellos como los nerviosos teloneros del esperado concierto. Y en “Sugarcube”, de I Can Hear The Heart Beating As One (1997), son obligados por los ejecutivos de su sello a asistir a una escuela del rock para aprender los clichés de la vida rockera.

La verdad es que la comedia está en el ADN de Yo la Tengo. El mismo nombre de la banda fue rescatado de una anécdota deportiva, y en honor a los chistes han bautizado discos (New Wave Hot Dogs, May I Sing with Me) y canciones (“Return to Hot Chicken”, “Moby Octopad”, “The Story of Yo la Tango”).

 

 

La llegada de Moutenot y McNew a las filas del grupo permitió sobre todo un mayor aplomo. Con productor y bajista, el grupo entra en lo que podríamos llamar su etapa ecléctica, caracterizada por su capacidad para crear canciones en cualquier género. McNew, al igual que sus compañeros, era una enciclopedia musical, cuyo conocimiento podía abarcar desde las últimas novedades de la escena underground de Boston hasta los discos más oscuros de los años seminales del rock & roll.

Tras la aparición de Electr-O-Pura, que de alguna manera siguió la hebra de Painful, el trío lanza el ambicioso I Can Hear The Heart Beating As One, que da una muestra fehaciente de esta nueva versatilidad. Pasando por el garaje, el folk y el shoegaze de sus discos anteriores, incursionan además en el ambient, la electrónica, el rock psicodélico y el bossa-nova. Ninguna canción de I Can Hear The Heart Beating As One suena igual a la otra; cada una enseña una nueva encarnación del grupo y, sin embargo, el conjunto de canciones se despliega coherente y bien articulado. De este disco también saldrán tres de sus canciones más populares: “Sugarcube”, “Stockholm Syndrome” y “Autumn Sweater”. Esta última, una simple composición de órgano electrónico y percusión, podría figurar sin problema en cualquier selección de las mejores canciones del rock alternativo.

Asimismo, And Then Nothing Turned Itself Inside-Out (2000), su siguiente LP, se encumbra entre sus obras más destacadas. Aquí, sin mediar concesión, vuelven a hacer lo impensado: tras varios discos cargados a las guitarras ruidosas, bajan los decibeles para sumergirse en la elaboración de melodías tranquilas e introspectivas. Con la excepción de “Cherry Chapstick”, son las guitarras desenchufadas, la monotonía de la caja de ritmos y las voces susurradas las que dan forma y protagonizan estas delicadas y bellas composiciones. Más tarde, en I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass (2006), Popular Songs (2009) y Fade (2013), la banda seguirá explorando en otra gama de estilos, ampliando significativamente su paleta sonora, forjada por el progreso sostenido de sus miembros en sus aptitudes instrumentales y, sobre todo, debido a un estudio atento y acabado de la música popular. En sus nuevas canciones son habituales los vientos, las secciones de cuerdas e incluso los falsetes, elementos que dan muestra de su evolución como intérpretes y compositores.

Como buenos melómanos, su repertorio de covers es de una amplitud inédita. De hecho, partieron su carrera siendo una banda de homenaje, tocando en cumpleaños y matrimonios de amigos. En esas primeras actuaciones, cuando tenían el nombre de Georgia and Those Guys, interpretaban desde clásicos como “Louie Louie” o alguna rareza de la Velvet Underground, hasta canciones de los Feelies o los dB’s. No importaba el estilo o el estatus de la canción, solo los impulsaba el placer de funcionar por un rato como una jukebox humana. Fieles a ese espíritu, han plagado sus discos de covers de todo tipo y muchos de ellos se han transformado en clásicos de su catálogo (“You Can Have It All”, “Speeding Motorcycle”, “My Little Corner of the World”). Ahora llegan a Chile a promocionar Stuff Like That There (2015), álbum donde mezclan canciones inéditas con covers. Aquí reversionan hits de The Cure y Parliaments, e incluso hacen una autorevisión de su propio repertorio, entregando una nueva versión de “Deeper Into Movies” de I Can Hear The Heart Beating As One. A medio camino entre la admiración y la ironía, el LP reafirma las viejas consignas: Stuff Like That There es un disco pequeño, casi como un compilado de lados b, el corolario de una agrupación ya en plena madurez y sin nada que demostrar.

Una vez, durante sus años como periodista, Ira Kaplan escribió: “Adoraba a NRBQ y sigo sin comprender su fracaso comercial. Para mí, representan todo aquello que busco en un grupo de rock. Tocan y cantan bien, tienen sentido del humor y escriben canciones simples y maravillosas que puedo canturrear en la ducha”. Aquella descripción, escrita antes de que Yo la Tengo apareciera en el horizonte, parece premonitoria. Porque han sido esos elementos precisamente los vértices que han estructurado a la banda: sentido del humor, canciones maravillosas y simples que se pueden canturrear.

 

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