
En una nueva Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño, ayer en la tarde Emmanuel Carrère presentó su libro Koljós en la Biblioteca Nicanor Parra. Durante la actividad, el destacado escritor francés habló de sus padres, personajes centrales de esta novela, celebró la obra de Bolaño y se refirió al uso del yo en su escritura de no ficción: “El mundo se divide en dos cosas: lo que es uno y lo que no es uno. Y tengo tendencia, en el fondo, a usar lo que soy para tener un pequeño acceso a lo que no soy. Me las arreglo como puedo con esa frontera, ejerciendo algo que terminé por identificar como una suerte de disciplina del retrato”.
por Sebastián Duarte Rojas I 7 Octubre 2026
Todo empieza con un funeral de Estado en 2023: el presidente Emmanuel Macron da un discurso en homenaje a Hélène Carrère d’Encausse, hija de migrantes rusos que llegó a convertirse en una destacada historiadora, diplomática y secretaria vitalicia de la Academia Francesa. Su hijo, el escritor Emmanuel Carrère (París, 1957), cuya reconocida obra de no ficción incluye libros como El adversario, De vidas ajenas, Limónov, Yoga o V13, toma este momento como el punto de partida su novela más reciente, la que presentó en varios países latinoamericanos durante los últimos días. Su principal actividad en Santiago fue una nueva Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño, en que fue entrevistado por el escritor Rafael Gumucio, un evento cuyos cupos, para decepción de muchos lectores, se agotaron con la velocidad de un concierto masivo y que, pese al frío y la lluvia de este martes, llenó el Hall de la Biblioteca Nicanor Parra.
En Koljós, el autor cuenta la historia de su familia, que es también, por su frondoso árbol genealógico, un buen tramo de historia europea: de la Revolución rusa a la guerra en Ucrania. Entre sus modelos, en el libro se menciona ese hermoso novelón que entrelaza cientos de vidas en el marco de las invasiones napoleónicas a Rusia que es Guerra y paz, de Tolstói —un autor despreciado por su abuelo materno, sobre quien Carrère escribió, contra la petición explícita de su madre, en Una novela rusa—, y la trilogía de Yourcenar sobre su familia, libros que “releo con una admiración intacta y una curiosidad en cierto modo profesional, porque yo mismo me he embarcado en una empresa similar. La mía es menos ambiciosa. Marguerite Yourcenar se remonta hasta las eras geológicas en las que, como dice ella, aún no habíamos invadido la tierra. Yo me ciño a la extensión de un siglo y de cuatro generaciones. Pero aprendo mucho de ella”.
En esencia, los protagonistas de Koljós son sus padres. Ante la pregunta de qué habrían pensado ellos de haber podido leerlo, Carrère señaló: “Hay cosas que no les habrían agradado. Lo que hablo de su vida conyugal, que no fue fácil y espero haber abordado con delicadeza. Con respecto a lo demás, pienso que estaría bien. Mi padre habría estado conmovido con el rol decisivo que le di en mi libro por sus búsquedas genealógicas y lo que contó de nuestra familia. Habría estado muy contento”. Este papel es uno de los más fascinantes del relato: un hombre con una compleja relación con su ascendencia georgiana que, a la sombra de su esposa y con una buena cuota de esnobismo, recopiló y organizó todo un archivo familiar, sobre todo los antepasados aristocráticos de ella.
De este modo, su padre había preparado los materiales que servirían como base histórica de la novela; incluso los había comentado, anotaciones que el autor incluye y entregan aún más matices a su figura. “Y mi madre —siguió Carrère— habría pensado que, en su conjunto, el retrato le conviene. Los retratos tienen sombras y luces: no hay una simple transparencia, sino un vitral. Pienso que a ella le habría gustado el aspecto de su muerte, porque muestro que tuvo una muerte admirable, estoica, con simpleza, majestad, sentimiento, todo muy bello; es el tipo de muerte que pienso que corona una vida y sobrepasa todos los defectos. Yo sé que mi madre tenía defectos, pero estos se borran bajo esa luz. Y yo pienso que el libro fue escrito bajo esa luz, así que habría estado muy emocionada”.
“Mi madre siempre consideró que el ‘yo’ era algo odioso, y el uso que yo hice de él posteriormente no mejoró las cosas, por decirlo muy suavemente. Ella se inclinaba por la tercera persona, objetiva y académica”, apunta Carrère en Koljós, donde menciona que incluso cuando ella escribió sobre personajes históricos de su propia familia omitió cualquier mención al respecto. En la charla, el autor habló de la posición contraria que adoptó en su obra: “La primera persona de la narrativa para mí es una herramienta de conocimiento no tanto de mí como de lo que está fuera. El mundo se divide en dos cosas: lo que es uno y lo que no es uno. Y tengo tendencia, en el fondo, a usar lo que soy para tener un pequeño acceso a lo que no soy. Me las arreglo como puedo con esa frontera, ejerciendo algo que terminé por identificar como una suerte de disciplina del retrato”.
Al cierre de su conferencia, Carrère pidió un momento para agregar algo más: “Me es significativo hablar en una instancia dedicada a Roberto Bolaño. (…) En nuestras vidas de lectores, pensemos en cuáles son los autores que hemos conocido vivos, que hemos leído como autores contemporáneos, cuyos libros compramos cuando estaban saliendo. Para mí fueron Philip K. Dick, Georges Perec, Thomas Bernhard y uno o dos más. Y hago trampa con Bolaño, porque empecé a leerlo después de su muerte, pero para mí es un escritor contemporáneo inmenso (alguien que realmente impresiona por la gran riqueza de su imaginación, de su virtuosismo, de su humor, de su cólera) y fraterno, que le habla a uno al oído. Así que estoy contento de estar aquí, en la casa de Bolaño”.
Antes de su cátedra, tuve la oportunidad de preguntarle a Carrère sobre la figura con que luego abrió esa pequeña lista de quienes considera sus contemporáneos, el protagonista de Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, biografía —género que, como cuenta en Koljós, abordó por recomendación de su editor, quien le dijo que era útil para salir del largo bloqueo escritural en que se encontraba— de un autor cuya ciencia ficción alucinada se ha convertido, de maneras todavía impredecibles cuando apareció aquel retrato, en absoluta no ficción:
—Los libros que Philip K. Dick escribió en los años 60 y 70 hacen una descripción aún más exacta del mundo de hoy que de ese momento cuando fueron escritos —respondió Carrère—. Pienso que la suya en verdad es una obra totalmente profética y que mientras más avanza el tiempo, más evidente es. Basta con pensar en que los hechos alternativos de Donald Trump, las fake news que se superponen a la realidad, son nuestro mundo. Donald Trump y Elon Musk son personajes de Dick.

Koljós, Emmanuel Carrère, traducción de Juan de Sola, Anagrama, 2026, 448 páginas, $29.000.