
por Philip Larkin I 22 Octubre 2026
XXIV
Amor, debemos separarnos: que no sea
terrible ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luz de luna y autocompasión;
dejemos que esto termine: nunca antes el sol
atravesó el cielo más descaradamente,
nunca los corazones tuvieron más ganas de ser libres,
de echar abajo mundos y talar bosques; tú y yo
ya no los contenemos, somos cáscaras que miran
cómo el grano se usará de un modo diferente.
Hay arrepentimiento. Siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten
como dos veleros llevados por el viento, húmedos de luz
que parten del estuario con sus cursos ya fijados,
y separan las aguas, y se pierden a lo lejos.
Necesidades
Más allá de todo esto, está el deseo de estar solo:
aunque el cielo se cubra de invitaciones
aunque sigamos las instrucciones del sexo
aunque la familia se fotografíe al pie de la bandera;
más allá de todo esto, está el deseo de estar solo.
En el fondo de todo, fluye el deseo de olvidar:
a pesar de las hábiles tensiones del calendario,
el seguro de vida, de los ritos de fertilidad programados,
la costosa aversión de los ojos a la muerte
en el fondo de todo, fluye el deseo de olvidar.
Engaños
“Por supuesto que estaba drogada, tanto, que recuperé el conocimiento a la mañana siguiente. Me aterró descubrir que me habían jodido, y durante un tiempo nada podía consolarme; lloré como una niña para que me mataran o me enviaran de vuelta donde mi tía”. Mayhew, London Labour and the London Poor.
Incluso a la distancia puedo sentir el dolor
amargo y punzante como estaca, él te hizo tragar saliva.
La huella ocasional del sol, la fugaz y enérgica
ocupación de las ruedas en la calle,
donde un Londres nupcial mira para otro lado
y la luz, irrefutable, alta y amplia
prohíbe que las heridas cicatricen y saca
a la vergüenza de su guarida. Todo este apacible día
tu mente ha estado abierta como el cajón de los cuchillos.
La pobla, los años, terminaron por sepultarte.
Aunque pudiera, no te consolaría. Qué podría decirte,
salvo que el sufrimiento es exacto, pero si el deseo interviene,
¿acaso no se vuelven confusas las versiones?
Poco te importaría saber
que fuiste menos engañada en esa cama
que él, tropezando sin aliento con los escalones
hasta irrumpir en el desolado ático de la satisfacción.
Conversar en la cama
Conversar en la cama debería ser más fácil,
después de tantos años durmiendo juntos,
un emblema de dos personas honestas.
Pero el tiempo pasa cada vez más callado.
Afuera, el viento agitado a medias
reúne y dispersa las nubes por el cielo,
y pueblos oscuros se apilan en el horizonte.
A nada de eso le importamos. Nada explica
por qué a esta singular distancia del aislamiento
se vuelve aún más difícil encontrar
palabras a la vez sinceras y agradables
o no insinceras y no desagradables.
Este es el verso
Te joden tu mamá con tu papá.
Quizás no lo desean, pero lo hacen.
Te llenan con defectos que tenían
y añaden otros, solo para ti.
Pero a ellos también se los jodieron
giles de abrigo con sombrero antiguo,
que a medio tiempo eran tontos graves
y el resto se agarraban del cogote.
El hombre trae la desgracia al hombre.
Se ahonda como el borde submarino.
Escapa lo más rápido que puedas
y que ni se te ocurra tener hijos.
————
Philip Larkin (1922-1985) fue bibliotecario, novelista, crítico de jazz y, de manera unánime, es considerado como uno de los poetas mayores que dio el siglo XX en lengua inglesa. Esta selección de poemas, escritos entre 1945 y 1974, están incluidos en Decepciones. El libro incluye además un epílogo de Seamus Heaney y la extensa (e imperdible) entrevista que Larkin dio a la revista Paris Review para su sección “El arte de la poesía”.

Decepciones, Philip Parkin, traducción de Bruno Cuneo, Cristóbal Joannon y Enrique Winter, Ediciones UDP, 2022, 208 páginas, $19.200.