La cúspide griega

¿Es posible evaluar la personalidad de toda una cultura histórica de gran diversidad geográfica y muy larga duración? Esta es la audaz ambición de Edith Hall en Los griegos antiguos. Rechazando las viejas afirmaciones de superioridad étnica, genio especial o excepcionalismo milagroso, la autora plantea que los griegos eran altamente competitivos, rebeldes individualistas que desconfiaban de la autoridad, disfrutaban del placer físico y las bromas, y también apreciaban la excelencia en todas las cosas.

por Adrienne Mayor I 26 Mayo 2021

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Las listas sobre historia antigua —“Las doce rutinas de los emperadores eficaces”, “Los ocho pasos de Atila para el éxito”— abundan en la cultura popular. Las biografías históricas buscan psicoanalizar a sus sujetos largamente muertos. Mientras tanto, los cientistas sociales diseñan cuestionarios para comprobar la validez de los estereotipos regionales de personalidad, encontrando, por ejemplo, a los londinenses “menos agradables” que los escoceses y “tendencias neuróticas” en Gales. Hay enumeraciones de las estrategias de los grandes comandantes de la antigüedad y “biografías” de ciudades como Múnich y París.

Pero, ¿se puede escribir una biografía colectiva de una civilización antigua?: “los diez rasgos de los griegos clásicos”. ¿Es posible evaluar la personalidad de toda una cultura histórica de gran diversidad geográfica y muy larga duración? Esta es la audaz ambición de Edith Hall en Los griegos antiguos. Semejante tarea sería impensable respecto de, digamos, los nómadas escitas o los cartagineses, cuyas huellas sobreviven únicamente en lo que otros informaron en la antigüedad y en lo que los arqueólogos modernos pueden excavar. Sin embargo, como demuestra Hall, en las manos adecuadas y para una cultura profundamente reflexiva, con una robusta identidad propia, una marcada costumbre epigráfica y un masivo acopio de literatura y arte, semejante proyecto es digno de proseguir. Por supuesto, existen desafíos desalentadores. La sociedad griega era extremadamente compleja y estaba en continuo desarrollo. Los griegos se esparcieron a través del Mediterráneo y Eurasia, desde España y el norte de África hasta la India. La civilización helénica se extendió a lo largo de dos milenios.

Hall se propone descubrir los ingredientes distintivos del florecimiento del arte, la literatura, la poesía, la tragedia, la comedia, la filosofía, la democracia y la ciencia clásicos, que siguen siendo tan luminosos e inspiradores actualmente. Rechazando las viejas afirmaciones de la superioridad étnica, el genio especial o el excepcionalismo milagroso de los griegos, Hall explica su muy reflexionada convicción de que un “conjunto de cualidades brillantes” de alguna manera se concentraron  en Grecia y distinguieron a los griegos de sus contemporáneos. En diez capítulos, ella destila la esencia de lo griego en diez características compartidas por la mayor parte de los griegos la mayor parte del tiempo. Diez es el número mágico: Hall divide el contexto histórico y social de las diez características griegas en diez períodos, comenzando con los micénicos de la Edad del Bronce (1600-1200 a. C.) y terminando con el triunfo del cristianismo sobre el paganismo (400 d. C.). Ella también rastrea los cambiantes “centros de gravedad cultural griega”, localizados en diez distintas regiones geográficas.

Los griegos de Hall eran curiosos, de mente amplia y sumamente articulados. Altamente competitivos, rebeldes individualistas que desconfiaban de la autoridad, disfrutaban del placer físico y las bromas, y también apreciaban la excelencia en todas las cosas. A través de estas cualidades fluyó una poderosa corriente de inquieto movimiento e intercambio, definiendo su cultura e identidad. Un pueblo aventurero, los griegos eran marineros, dueños de los mares. Hubo notables excepciones. A los “inescrutables espartanos” no les gustaban los viajes, la navegación ni el comercio; no los “movía la curiosidad” ni eran sensualistas atrevidos. Mostraban un humor sombrío, “sinceridad emocional” y un fuerte espíritu competitivo. La mayoría de los griegos eran “anfibios culturales”, comenta Hall, “a gusto en tierra firme y en el mar”. Alejandro y sus macedonios, otra excepción, se sentían más a gusto en tierra (ellos personifican la rivalidad y la competencia griegas en el libro de Hall).

El estilo chispeante de Hall, combinado con su erudición, hace de este libro una guía notable de lo que hizo que los griegos clásicos fueran tan consistentemente ‘griegos’. Las narraciones están tan bien escogidas que las historias bien conocidas toman por sorpresa a los lectores en el relato de Hall y las intuiciones novedosas evocan una inesperada sensación de familiaridad.

El amor y el temor de los griegos por las recompensas y los peligros del mar los convirtieron en el medio para los grandes logros y su florecimiento. Bajar al mar, nadar, bucear, pescar, construir trirremes, remar y navegar —estas actividades proporcionan fértiles metáforas para todos los aspectos de la vida griega: adquirir conocimientos era un viaje y viceversa; los pensadores profundos eran buzos en la profundidad; las ciudades-estado griegas se organizaron como ranas alrededor de un estanque; los filósofos eran navegantes; la imaginación era un barco para viajes lejanos. La mayoría de las ciudades griegas estaban en la costa o a solo unos pocos kilómetros de la costa. Contemplar horizontes ilimitados alentó la exploración cada vez mayor de las fronteras marítimas. La aguda curiosidad por quienes no hablaban griego en lugares exóticos fomentó la voluntad de importar costumbres y tecnologías deseables desde lejos.

El estilo chispeante de Hall, combinado con su erudición, hace de este libro una guía notable de lo que hizo que los griegos clásicos fueran tan consistentemente “griegos”. Las narraciones están tan bien escogidas que las historias bien conocidas toman por sorpresa a los lectores en el relato de Hall y las intuiciones novedosas evocan una inesperada sensación de familiaridad. Hall es especialmente buena para revelar la capacidad griega para expresar paradojas y mantener conceptos contradictorios, encontrando la unidad en los opuestos y usando la dialéctica para buscar el equilibrio y la razón. Tal como el mar era a la vez benévolo y tempestuoso, por ejemplo, así el conocimiento mismo podía ser un regalo y un peligro. Las figuras míticas griegas eran antihéroes capaces de actos tan nobles como terribles, más ejemplos de “sinceridad emocional”. Otra espada de doble filo yacía en la desinhibida búsqueda de placer de los griegos. El enfoque de Hall sobre el hedonismo griego es al principio sorprendente: su capítulo final sumerge al lector en los textos cristianos primitivos. Pero esto resulta ser una descripción del tour de force de la gran colisión cultural, enfrentando a los ceñudos Padres de la Iglesia contra la exuberante búsqueda de la felicidad de los paganos.

De manera notable, Aristóteles declaró que ninguna sociedad puede ser verdaderamente feliz si la mitad de la población —es decir, las mujeres— es infeliz. Hall se sumerge en la ambivalencia de los hombres griegos sobre las mujeres y la desigualdad en la Atenas patriarcal, pero no intenta calibrar el cociente de felicidad de las mujeres griegas. Sin embargo, un rico material sobrevive en, por ejemplo, las tragedias griegas, con feroces declaraciones de infelicidad por parte de Casandra, Clitemnestra, Antígona y Medea. Los agudos comentarios sociales contemporáneos sobre el género y los ideales igualitarios aparecen en las comedias de Aristófanes protagonizadas por Lisístrata y su ejército de mujeres en “huelga sexual” y la Asamblea de mujeres que toma el gobierno de Atenas porque los hombres lo han estropeado. La gran popularidad de las historias e imágenes de amazonas es otro indicador de la exploración griega de nuevos territorios y conceptos. Incluso Platón se sintió impulsado a incluir a las mujeres como soldados en su República ideal, inspirada, afirmó, por las amazonas del mito y las verdaderas mujeres nómadas de las estepas descritas por primera vez por Heródoto en el siglo V a.C.

El “Padre de la Historia” es uno de los héroes griegos de Hall. La mente inquisitiva de Heródoto, la curiosidad insaciable, los viajes a tierras lejanas, el humor y la perspectiva de mente abierta eran esencialmente griegos, al igual que su “forma revolucionaria de investigación”. Hall describe la hermosa prosa y las coloridas narraciones en su “pionero manifiesto” como un puro “placer”. El objetivo declarado de Heródoto era registrar para la posteridad “las grandes y maravillosas obras de los griegos y los bárbaros”. “Para todo aquel que se interese por la Grecia clásica”, comenta Hall, “Heródoto… es el acompañante ideal”. De hecho, los libros de la Historia de Heródoto podrían haber sido subtitulados “Los bárbaros”, como el de Hall se titula “los griegos”. Ahora, los lectores del siglo XXI deseosos de comprender las gloriosas contribuciones de los antiguos griegos tienen su propio acompañante ideal en Edith Hall.

 

Artículo publicado en The Literary Review (mayo, 2015). Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia.

 

Los griegos antiguos, Edith Hall, Anagrama, 2020, 396 páginas, $22.000.