Claire Keegan: “Si le añades más y más a una historia, solo la vuelves insignificante”

Al igual que T. S. Eliot, la narradora irlandesa se preguntó en la Cátedra Abierta en Homenaje a Roberto Bolaño cómo hacemos funcionar nuestro país, cómo hacemos funcionar la sociedad, cómo hacemos que la cultura prospere. Ese es el tipo de problemas que indaga la literatura, señaló la autora de Tres luces y Cosas pequeñas como esas ante un auditorio repleto en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP. Y remató: “La buena ficción se trata de la estupidez humana”.

por Sebastián Duarte Rojas I 6 Octubre 2026

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“La narrativa es un arte temporal. Se basa en el tiempo, que pasa de manera irreversible en dirección a una cosa, y eso es la muerte”, dijo la escritora irlandesa Claire Keegan (Wicklow, 1968) ante el público que abarrotó el auditorio de la Biblioteca Nicanor Parra, de la Universidad Diego Portales, la tarde del martes 29 de septiembre. La ocasión fue una nueva Cátedra Abierta en Homenaje a Roberto Bolaño, en que la autora de los volúmenes de cuentos Antártida (1999) y Recorre los campos azules (2007), además de las novelas cortas Tres luces (2010, revisada en 2023), Cosas pequeñas como esas (2021) y Bien tarde en el día (2022), fue entrevistada por quien tradujo todos aquellos libros a nuestra lengua, el poeta y ensayista argentino Jorge Fondebrider.

Uno de los principales temas de los que habló la narradora fue su formación, desde sus estudios paralelos de ciencias políticas y letras inglesas, una combinación sobre la que dijo: “T. S. Eliot habla de cómo todo gran novelista es un crítico de su sociedad. Y la teoría política es una teoría de la sociedad. Se pregunta cómo hacemos funcionar nuestro país, cómo hacemos funcionar la sociedad, cómo hacemos que la cultura prospere. Y todas esas cosas, por supuesto, forman parte de lo que abordamos en nuestras historias acerca de cómo las personas se relacionan unas con otras, cómo intentamos mejorar y cuáles son las consecuencias”.

La autora, cuya obra se caracteriza por un lenguaje contenido y de gran concentración expresiva, habló no solo de su aprendizaje, sino también de lo importante que ha sido para ella la enseñanza: “Todavía, luego de 30 años enseñando escritura creativa, nunca he leído diálogo peor que el que yo solía escribir. Era terrible. Y lo era por dos razones: porque las personas se escuchaban entre sí y porque se entendían unas a otras. Eso es un diálogo realmente malo”. Sobre cómo desarrolló su propia escritura, contó que una de sus estrategias fue transcribir textos, como leyó que hacía George Orwell según las declaraciones de un amigo del escritor inglés, quien “nunca vio a nadie en su vida trabajar tan duro para aprender a hacer algo. La gente piensa que se tiene un don y, en verdad, yo no lo tengo. No estoy diciendo que no tenga nada, pero no es algo que simplemente fluya de la punta del lápiz, a eso me refiero”.

No es tan complicado. Haces un recorte en el tiempo. Eliges un punto de vista, sigues el deseo del personaje central mientras la historia se desarrolla y le prestas atención a lo que está pasando. Notas cosas. Entonces intentas escoger detalles autentificadores que guíen al lector, no de manera astuta o truculenta, sino detalles que le den autenticidad a lo que ocurre en la página.

Otro modo en que la escritora dijo haber aprendido sobre su arte fue mediante los caballos y el acto de galoparlos, lo que enseña, por ejemplo, que no se puede conducir una montura, ni un relato, con la pura cabeza: “Yo, por cierto, nunca me he puesto deliberadamente a armar una trama. No me interesa esa clase de escritura astuta. Yo no soy astuta. Bueno, creo que un personaje central es alguien que no es astuto. La buena ficción se trata de la estupidez humana”. Y cuando su traductor le preguntó cómo crea una historia, Keegan, con su habla sin rodeos, respondió: “No es tan complicado. Haces un recorte en el tiempo. Eliges un punto de vista, sigues el deseo del personaje central mientras la historia se desarrolla y le prestas atención a lo que está pasando. Notas cosas. Entonces intentas escoger detalles autentificadores que guíen al lector, no de manera astuta o truculenta, sino detalles que le den autenticidad a lo que ocurre en la página”.

“Cuestión de detalles” fue, justamente, el nombre de la charla de la autora, quien agregó: “Eso es la buena escritura, elegir muy bien y luego darle un buen uso a esos detalles. No se trata de lo ornamental, sino de tener algo y usarlo y reutilizarlo, entonces adquiere significado a medida que lo vuelves a usar a lo largo del texto. (…) No lo hago de manera consciente, pero sé que hay que elegir bien y darles un buen uso a esas cosas en lugar de añadir más. Philip Larkin decía [en ‘Dockery e hijo’]: ‘¿Por qué pensaba que sumar significaba aumentar? / Para mí era diluirse’, y yo sabía exactamente a lo que se refería. (…) No se trata de sumar. Si le añades más y más a una historia, solo la vuelves insignificante. Mientras que si les das un buen uso a los detalles que escogiste, se volverá significativa”.

 

Imagen: Claire Keegan en la Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño, el 29 de septiembre de 2026.

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