Peter Singer: “A la larga, la salud de la comunidad depende de la salud de la economía”

Es uno de los filósofos contemporáneos más reconocidos, cuyas ideas sobre el valor de la vida, sobre quién ha de vivir y morir en ciertas condiciones, o sobre la pobreza y el maltrato animal, suelen ser tan influyentes como polémicas. En esta entrevista aplica esas ideas al Covid-19 y sus consecuencias, y declara indispensable un sistema de salud gratuito o a un costo mínimo. “Tales sistemas han funcionado bien en el pasado, pero ahora los gobiernos conservadores han estado recortando los presupuestos de los sistemas de atención de la salud para reducir los impuestos”, afirma. “Es posible que haya sido un movimiento electoralmente popular, pero todos podemos ver ahora las consecuencias de permitir que los sistemas de atención de salud hayan estado sub-financiados durante muchos años”.

por Patricio Tapia I 9 Julio 2020

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Las normas que guían nuestros actos importan, pero las consecuencias de esos actos no son menos importantes. Mentir, por ejemplo, ¿es algo incorrecto? Hay filósofos que sostienen que mentir siempre está mal, pase lo que pase. Sin embargo, aunque “no mentirás” puede ser un mandamiento de Dios y también un buen consejo, hay ocasiones en que esto no es tan claro. Si se está en la Alemania nazi y un oficial llega a preguntar por la familia judía escondida en el entretecho, ser demasiado veraz parece poco adecuado. Un filósofo consecuencialista diría que a veces es malo mentir y a veces no, dependiendo de las circunstancias.

La más conocida, aunque no la única teoría ética consecuencialista es el utilitarismo, que sostiene, en una fórmula que requiere varias precisiones, que la acción correcta es la que proporciona “la mayor felicidad para el mayor número de personas posibles”. El más conocido, aunque no el único filósofo utilitarista en la actualidad, es Peter Singer. Nacido en 1946, hijo de padres judíos austríacos que emigraron a Australia huyendo del nazismo (tres de sus abuelos murieron en campos de concentración), Singer estudió en la Universidad de Oxford y actualmente es profesor en la universidades de Princeton y Melbourne.

Además de su particular habilidad para presentar de manera persuasiva argumentos que llevan a las personas a replantearse sus opiniones morales, Singer es probablemente el pensador contemporáneo que mayor atención ha prestado a los problemas de la ética aplicada, enfrentando cuestiones en que suelen primar los prejuicios por sobre el razonamiento y que muchas veces se evita debatir: el valor de la vida, quién debe vivir y quién debe morir en determinadas ocasiones; la importancia relativa de los seres humanos y de los animales; las obligaciones que tenemos con otras personas, las que conocemos y las que no, incluidas las que son pobres.

Algunos de sus planteamientos son altamente controvertidos, porque Singer, siguiendo la tradición utilitarista, no teme desafiar las ideas morales aceptadas. De esta forma ha sostenido, desde al menos Ética práctica (1979), que la vida no es necesariamente algo bueno y que el derecho a ella está vinculado a la capacidad de un ser vivo de sostener preferencias, lo que a su vez se vincula a la capacidad de sentir dolor y placer, puntos de vista a partir de los cuales fundamenta su aceptación amplia del aborto y de la eutanasia voluntaria e incluso no voluntaria en ciertas circunstancias.

Por otra parte, es autor de un libro inaugural en los movimientos animalistas, Liberación animal (1975), que denunciaba el “especismo”, es decir, privilegiar a los humanos por sobre otros animales. Para Singer estos últimos debían ser tratados con el mismo respeto que los hombres y mujeres, atacando la experimentación animal y la crueldad de su crianza industrial para alimento. También ha sostenido que los ciudadanos de las sociedades opulentas están moralmente obligados a donar una parte de sus ingresos para aliviar la pobreza mundial, como escribió por primera vez en un artículo de hace casi 40 años: “Hambre, riqueza y moralidad” (1972), recientemente reeditado como libro, idea que ha desarrollado en otros escritos sobre lo que llama “altruismo efectivo”: tratar de reducir el sufrimiento, pero de la manera más eficaz posible, analizando las organizaciones que salvan el mayor número de vidas.

Si bien hay quienes consideran a Singer algo así como un santo por su activismo dedicado a disminuir el sufrimiento de los animales o el fin de la pobreza (él dona una parte considerable de sus ingresos a causas benéficas), otros lo consideran algo así como un monstruo por sus posturas sobre el aborto o la eutanasia. Cuando fue nombrado profesor en Princeton, en 1999, uno de sus mayores donantes dejó de aportar a la universidad; sus conferencias han sido interrumpidas por detractores y alguna vez se le prohibió hablar en Alemania.

Toda esa polémica se debe a que sus posturas no se limitan a discusiones especulativas, sino a la ética que se aplica a problemas tan concretos como debatidos. En ese sentido, Singer responde al legado del utilitarismo, la corriente de pensamiento que ha guiado su reflexión y sobre la que ha escrito una introducción reciente, junto a la filósofa polaca Katarzyna de Lazari-Radek. Una característica fundamental del utilitarismo, señalan los autores en ese libro, es que sus defensores no se han limitado a desarrollar la base teórica de sus puntos de vista, sino que se han esforzado por lograr cambios prácticos para promover la felicidad y aliviar el sufrimiento, defendiendo de actos de crueldad tanto a los animales no humanos como a los animales humanos: desde la reforma de las condiciones carcelarias hasta la ayuda a los pobres y el reconocimiento de los derechos de las mujeres y los homosexuales.

Esa dimensión práctica siempre ha estado presente en Singer, quien incluso en sus tiempos universitarios ya se mostraba reacio a lo puramente contemplativo. En la nueva introducción a Hambre, riqueza y moralidad, cuenta que cuando era estudiante, la filosofía en lengua inglesa era muy teórica, dedicada “al análisis de los significados de los términos y conceptos morales”.

 

Para usted la filosofía no es moralmente neutra ni una disciplina exclusivamente teórica.
Me considero muy afortunado de que algunos de mis profesores de Oxford, donde yo era estudiante de posgrado, estuvieran dispuestos a aceptar un trabajo más práctico en ética. En particular, aunque R. M. Hare era conocido por su análisis del significado de términos morales como “deber ser”, pensaba que la importancia de su trabajo era ayudar a las personas a decidir cómo deben actuar. Así que cuando le dije que quería escribir mi tesis sobre si había justificación para desobedecer la ley con el fin de protestar contra la guerra en Vietnam, él estuvo abierto a esa idea.

 

La mayoría de las víctimas del virus tienen más de 70 años, y aunque la muerte aún puede ser trágica en esa etapa de la vida —que resulta ser mi propia etapa de la vida— y aún debemos tratar de protegernos, al menos podemos consolarnos con que hemos vivido una vida plena.

 

Usted ha sostenido un utilitarismo “de las preferencias”, sin ocuparse si ellas son moralmente buenas o malas. Recientemente ha dicho simpatizar con cierto “objetivismo”. ¿Son compatibles?, ¿este cambio teórico implica cambios en su ética?
El objetivismo es compatible con el utilitarismo de las preferencias, pero también hace que sea más fácil apartarse de las preferencias, por ejemplo hacia un utilitarismo más clásico, en el cual el objeto no es satisfacer preferencias, sino maximizar la felicidad y minimizar el sufrimiento. Ahora estoy inclinado a adoptar este punto de vista. Es posible que esto lleve a algunos cambios en mi ética práctica, por ejemplo, sobre cuándo matar está mal, pero estas diferencias serán pequeñas, porque la mayoría de las personas tienen fuertes preferencias por ser felices y por evitar el sufrimiento.

 

En su libro Ética práctica recuerda que la visión de que la vida humana tiene un valor único está profundamente arraigada en nuestra sociedad. La vida sería algo sagrado y bueno; su opuesto, la muerte, sería algo malo. ¿Es incorrecta esta suposición?
No es la vida misma lo que es algo bueno, sino la vida por encima de cierto nivel mínimo. Una vida llena de agonía es mala, y para alguien en tal situación, sin perspectivas de mejora, la muerte sería buena.

 

Consideraciones pandémicas

Dicen De Lazari-Radek y Singer en su introducción al utilitarismo: “La pregunta fundamental de la ética es: ‘¿Qué debo hacer?’ y la pregunta fundamental de la filosofía política es: ‘¿Qué debemos hacer, como sociedad?’. A ambas preguntas, el utilitarismo da una respuesta directa: que lo correcto, para ponerlo en términos simples, es lograr las mejores consecuencias, donde ‘las mejores consecuencias’ significa, para todos los afectados por nuestra elección, el mayor aumento neto posible en el excedente de felicidad sobre el sufrimiento”.

 

“¿Cómo vivir?” es siempre una pregunta importante. La pandemia, ¿agrega algún acento especial a esa pregunta?
Confío que el encierro nos dé más tiempo para reflexionar sobre lo que es realmente importante. Para la mayoría de las personas, su salud y la de su familia y seres queridos son cosas que importan mucho, y todos estamos pensando en eso. Pero espero que durante este tiempo difícil también podamos ampliar este enfoque para considerar a todos los que están necesitados, en cualquier parte del mundo.

 

Al igual que el cómo vivir, resulta importante el cómo morir. El virus está acortando muchas vidas, a veces inesperadamente. En su opinión, ¿cuál es la forma de enfrentar la muerte?
Eso debe depender de las circunstancias de uno. Ser joven y estar amenazado con una vida más corta puede justificar el miedo y la angustia, y el miedo es un motivo útil para recordarle a uno que debe mantenerse a salvo y evitar llegar a estar infectado. Pero la mayoría de las víctimas del virus tienen más de 70 años, y aunque la muerte aún puede ser trágica en esa etapa de la vida —que resulta ser mi propia etapa de la vida— y aún debemos tratar de protegernos, al menos podemos consolarnos con que hemos vivido una vida plena.

 

¿La discusión sobre la muerte digna retoma importancia? ¿Respetar la decisión sobre la propia vida, por ejemplo, renunciando a ciertos tratamientos?
Siempre debemos respetar la capacidad de las personas para decidir sobre su propia vida y tener la opción de aceptar o rechazar tratamientos médicos. Esto no ha cambiado. Pero cuando las personas representan un riesgo para los demás, por ejemplo, si pudieran infectar a otros con un virus, es justificable prevenir que hagan eso.

 

Los médicos de cuidados críticos y los funcionarios de salud enfrentan dilemas a medida que los hospitales se ven sobrepasados. ¿Deberían asignar camas de cuidados intensivos por orden de llegada? Según principios igualitarios, la vida de todos vale lo mismo…
No, en una emergencia, cuando no hay camas suficientes para satisfacer la necesidad, no deberíamos asignar camas por orden de llegada. Eso es únicamente una lotería, y llevaría a salvar a personas que, debido a su edad muy avanzada o condición de salud subyacente, en el mejor de los casos sólo podrían vivir unos pocos años más. Sería mejor utilizar los escasos recursos para salvar a quienes se espera que vivan mucho más.

 

Siempre debemos respetar la capacidad de las personas para decidir sobre su propia vida y tener la opción de aceptar o rechazar tratamientos médicos. Esto no ha cambiado. Pero cuando las personas representan un riesgo para los demás, por ejemplo, si pudieran infectar a otros con un virus, es justificable prevenir que hagan eso.

 

¿Adoptando un enfoque utilitarista, los médicos deberían sacar a un paciente con baja probabilidad de supervivencia de un ventilador para dárselo a otro con mejor probabilidad o priorizar a los trabajadores médicos porque podrán tratar a otras personas?
Sí, exactamente, eso es lo que pienso. Creo que la pandemia está llevando a más personas a ver que la respuesta utilitaria aquí es la respuesta correcta, porque salva más vidas. Si el resultado será que se salvan más vidas en general, entonces está justificado.

 

Uno de los temas que le han preocupado es la desigualdad y la pobreza. ¿El coronavirus está descubriendo tensiones de justicia social como, por ejemplo, las barreras de ingresos para el tratamiento hospitalario?
Los ingresos no deberían ser una barrera para tener tratamiento hospitalario. Estoy a favor de los sistemas sociales que brindan atención médica gratuita o por un costo mínimo que todos, por pobres que sean, puedan pagar. Tales sistemas han funcionado bien en el pasado, pero ahora los gobiernos conservadores han estado recortando los presupuestos de los sistemas de atención de la salud para reducir los impuestos. Es posible que haya sido un movimiento electoralmente popular, pero todos podemos ver ahora las consecuencias de permitir que los sistemas de atención de salud hayan estado sub-financiados durante muchos años.

 

Cuando se dice distanciamiento social, esto es casi imposible en las cárceles. ¿Considera apropiado, en ciertos delitos, conmutar las condenas por arresto domiciliario?
Para los delincuentes no violentos, sí.

 

El regreso a la “normalidad” y los lugares de trabajo podría ser peligroso, pero también la “salud” de la economía es crucial para muchas personas que han perdido su empleo o no tienen ingresos…
Estoy totalmente de acuerdo. A la larga, la salud de la comunidad depende de la salud de la economía. En países muy pobres, la salud también es a menudo pobre, la mortalidad infantil es alta y la esperanza de vida es baja. Una economía fuerte es un medio para lograr una población más saludable. Es por eso que el equilibrio entre libertad y restricción es tan difícil de establecer.

 

Ciertos profesionales de la salud han hecho juramentos para continuar trabajando incluso cuando eso los pone en peligro. ¿Es correcto esperar que ellos continúen enfrentando riesgos que otros pueden evitar?
Ser profesional es aceptar ciertos deberes y tener un cierto estatus, lo que puede llevar a tener beneficios. Pero también puede crear la obligación de incurrir en algunos riesgos. No se puede trabajar en la brigada de bomberos y luego, cuando hay un gran incendio, tomarse el día libre. Para los profesionales de la salud, una pandemia es el equivalente de un incendio. Pero debo agregar una cosa: los profesionales de la salud tienen derecho a recibir un equipo de protección adecuado. Cuando la administración de los Estados Unidos estropea el suministro de máscaras y otros equipos de protección personal, a pesar de la amplia advertencia del riesgo de propagación del coronavirus desde China, parece injusto esperar que los profesionales de la salud incurran en el riesgo adicional innecesario de tratar a pacientes sin el equipo que deberían tener.

 

¿Cómo ve las opciones éticas en torno a la “inmunidad colectiva”? De alguna manera, recuerda la idea de la “supervivencia del más apto”…
Espero sinceramente que encontremos una vacuna, o un tratamiento efectivo, sin tener que alcanzar la inmunidad colectiva. Al tener a la mayoría de la población infectada con el virus, por supuesto que aumentará enormemente el número de muertos.

 

¿Cree que es posible equilibrar la libertad de las personas con las restricciones requeridas para lograr el objetivo de salud pública?
En teoría, ese equilibrio es posible, pero el problema es que no tenemos toda la información que requerimos para lograr el equilibrio correcto. Todavía hay demasiado que no sabemos sobre el virus y sobre cómo se propaga, ni sobre los costos a largo plazo de las restricciones, y su daño a los ingresos de las personas y a los recursos con que una sociedad tiene que contar para hacerse cargo de las personas en necesidad. En esta situación, solo podemos hacer estimaciones.

 

Imagen: Alletta Vaandering.

 

Liberación animal, Peter Singer, Editorial Taurus, 2018, 384 páginas, $14.000.

 

Utilitarianism, Katarzyna de Lazari-Radek y Peter Singer, Oxford University Press, 2017, 162 páginas, $11.200.

 

Famine, Affluence, and Morality, Peter Singer, Oxford University Press, 2016, 86 páginas, $11.500.

 

Ética práctica, Peter Singer, Editorial Akal, 2009, 400 páginas.