Roberto Torretti Edwards: la filosofía y los límites hasta donde podemos llegar

El rector de la Universidad Diego Portales escribió el domingo pasado el obituario del destacado filósofo chileno, fallecido a los 92 años, en El Mercurio. En dicho texto —que reproducimos a continuación— subraya que “Torretti pensó que la filosofía confería cierta paz y cierta serenidad; aunque ello no provenía del hecho que la filosofía proporcionara una respuesta a nuestras tribulaciones más profundas, sino que deriva del hecho que nos muestra que no existe ninguna respuesta y que hay ciertas cosas que simplemente no podemos saber”.

por Carlos Peña I 17 Noviembre 2022

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Ha muerto Roberto Torretti y con su partida la cultura se ensombrece. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, fue uno de los filósofos de la ciencia más relevantes en cualquier lengua y uno de los intelectuales más brillantes que ha producido nuestro país. Poseía una inteligencia fulgurante y un sentido del humor que era capaz de desacralizar cualquier certeza o mover el piso a la convicción más firme. Cuando le preguntaron acerca de las cosas que la mayor parte de las gentes estima trascendentes, respondió: en el cielo, solo las estrellas.

En su juventud escribió una novela con Carlos Fuentes mientras ambos eran alumnos del colegio The Grange. A pesar de haberse graduado con honores en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, nunca fue abogado y prefirió dedicarse a la filosofía, luego de doctorarse en Alemania con una tesis sobre Fichte.

La elección de Fichte no fue casual. Como él, Roberto Torretti dedicó parte de su vida a estudiar, y enseñar a Kant (el resultado es una obra indispensable en cualquier bibliografía sobre este filósofo); y como él creyó en la autonomía más radical, esa que solo se alcanza cuando uno se resigna a una existencia sin fundamento.

Entre sus obras, que han merecido el reconocimiento unánime, se cuentan Manuel Kant (1967, 1980, 2005), Philosophy of Geometry from Riemann to Poincaré (1978), Relativity and Geometry (1983), Creative Understanding (1990), El paraíso de cantor (1998), The Philosophy of Physics (1999) y el Diccionario de lógica y filosofía de las ciencias (2002), además de importantes traducciones, como las de Leibniz, y diversos trabajos, todos publicados en prestigiosas revistas, la mayor parte de ellos recogidos hoy en sus Estudios filosóficos, de los cuales se han publicado ya cinco volúmenes. La escritura de todos esos libros dieron origen a algunas anécdotas; pero ninguna como la que se relaciona con la escritura del Kant. Cuando lo escribió, Torretti dirigía el Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile y la secretaria a quien pedía mecanografiara los textos que iba componiendo, reclamó a la administración porque el profesor Torretti se distraía, y la distraía a ella, de sus labores administrativas. Seguramente, este tipo de incidentes (el trabajo intelectual considerado como una transgresión a los deberes universitarios) son los que acabaron empujando al profesor Torretti y a la profesora Carla Cordua a emigrar a Puerto Rico, donde dejaron discípulos que todavía asaltan a los chilenos que pasan por allá para preguntarles, con indisimulada nostalgia de los días en que fueron sus alumnos, por él y por ella.

Ha muerto Roberto Torretti y con su partida la cultura se ensombrece. (…) Poseía una inteligencia fulgurante y un sentido del humor que era capaz de desacralizar cualquier certeza o mover el piso a la convicción más firme. Cuando le preguntaron acerca de las cosas que la mayor parte de las gentes estima trascendentes, respondió: en el cielo, solo las estrellas.

En opinión de Roberto Torretti, el empeño por buscar un fundamento, una realidad última e incombustible que confiera sentido al conjunto de lo que existe, es un esfuerzo sin sentido. En esto, según él mismo sugería, la última palabra la habría dicho Wittgenstein: ese tipo de problemas son simples malentendidos, porfiados intentos de los seres humanos por ir más allá de los límites del lenguaje, como si fuéramos una mosca estrellándose una y otra vez con las paredes de la botella. La filosofía no tiene por objeto revelarnos una realidad que, de otra manera, se nos escaparía. Su tarea es simplemente la de mostrar a la mosca —es decir, a cada uno de nosotros— cómo salir de la botella. Los problemas metafísicos, en otras palabras, no tendrían solución, sino terapia y esa terapia es, a fin de cuentas, la filosofía, una actividad humana capaz de mostrarnos los límites y decirnos hasta dónde podemos llegar.

Roberto Torretti pensó que la filosofía confería cierta paz y cierta serenidad; aunque ello no provenía del hecho que la filosofía proporcionara una respuesta a nuestras tribulaciones más profundas, sino que deriva del hecho que nos muestra que no existe ninguna respuesta y que hay ciertas cosas que simplemente no podemos saber.

“Tal vez por eso —dijo alguna vez—, me interesa poco de dónde las cosas vienen y solo a corto y mediano plazo me preocupa adónde van. Vivimos ahora. The rest is silence”.