Las utopías del comercio electrónico

Se asume que comprar por Amazon o Alibaba evitará el tedioso viaje a las tiendas y que los centros comerciales decaerán. Esta idealización de un futuro robótico, sin embargo, omite varios aspectos fundamentales. Entre ellos, el retorno a casa que hacen millones de personas que trabajan o estudian en los centros urbanos, y que mantienen con vida los paseos Ahumada, Estado o Huérfanos, las tiendas de Estación Central y Providencia.

por Iván Poduje I 11 Julio 2019

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En 1970, el futurólogo británico Alvin Toffler presagiaba que la ma­sificación de internet y el teletrabajo haría que la localización perdiera relevancia al momento de escoger una vivienda o un empleo. Para Toffler sería igual vivir en un caro barrio central, que en una barata y amigable parcela bien conectada a internet. La implicancia práctica de su tesis sería la pérdida de atractivo de las ciudades y su dispersión a miles de ubicaciones alternativas sin congestión ni estrés.

Pero ocurrió justo lo contrario. Toffler acertó medio a medio en la masificación de las tecnologías de información y comunicaciones, pero se equivocó rotundamente en su impacto territorial. A casi 50 años de su predicción, las ciudades están más congestionadas que nunca, millones de personas sufren con tacos para ir a sus trabajos pese que internet se masificó como esperaba. En Santiago y otras capitales se produjo inclusive un efecto inverso al previsto: los suburbios perdieron relevancia y el crecimiento se volcó hacia comunas centrales, las cuales se densificaron fuertemente.

¿Por qué se equivocó Toffler?

En primer lugar, olvidó que para que existiera la revolución de las tecnologías, era fundamental que muchas personas se aglomerasen en un espacio reducido, ya que aquello multiplica sus opciones de interac­ción y producción de conocimiento. En segundo lugar, olvidó que las per­sonas no buscan solamente ahorrar tiempo cuando escogen su vivienda. También valoran la cercanía de cafés y tiendas, cines y restoranes, parques urbanos o paseos para contemplar los edificios iluminados. Esta demanda por centralidad aumenta cuando las sociedades se modernizan, y las familias cambian de la biparental con tres hijos de los 70 a millones de hogares de parejas, personas solas o viejos. Para ellos, el suburbio con árboles frutales, piscina y animales de todo tipo puede ser una pesadilla depresiva, aunque su conexión con internet sea rápida y eficiente.

Creo que el mismo error de pre­dicción de Toffler se está viendo en la discusión del comercio electrónico y su impacto sobre las ciudades. Bajo premisas similares, se asume que comprar por Amazon o Alibaba te evitará el tedioso viaje a las tiendas, así que los centros de comercio decaerán y podrás destinar más tiempo para dormir o ver una serie en Netflix. Ello explicaría el cierre de grandes malls en Estados Unidos o imágenes futuristas de zeppelines de Amazon que, cual naves nodriza, dejan caer cientos de drones que llevarán los pedidos a los hogares.

También se olvida que la experien­cia de ir de compras es parte de la entretención de muchas familias que trabajan más horas que nunca. Por eso se repletan los malls, salvo los de grandes suburbios gringos, que han cerrado porque atendían barrios que han perdido población debido a la densificación de las ciudades.

Esta idealización de un futuro robótico omite varios aspectos fun­damentales. El primero es la compra de almuerzo y el retorno a casa que hacen millones de personas que trabajan o estudian en los centros urbanos, los que sin duda están más vigentes que nunca. Por esa razón siguen repletos los paseos Ahumada, Estado o Huérfanos, las tiendas de Estación Central y Providencia o los comercios próximos a las esta­ciones de Metro más concurridas, lo que también explica la vigencia del Apumanque.

También se olvida que la experien­cia de ir de compras es parte de la entretención de muchas familias que trabajan más horas que nunca. Por eso se repletan los malls, salvo los de grandes suburbios gringos, que han cerrado porque atendían barrios que han perdido población debido a la densificación de las ciudades. En estos suburbios la nave nodriza de Amazon podrá funcionar, pero los drones pueden dejar un desastre en barrios con edificios altos, sin conserjes o con casas rodeadas por antenas y cables, que son los que más crecen en Santiago.

Lo más interesante es que el co­mercio que si se ha visto afectado por los canales electrónicos ha sido llenado por otros servicios que no pueden enviarse en drones o motos, como las tiendas de accesorios de celulares que se han multiplicado como la espuma, las peluquerías y centros de estética, tiendas místicas, locales especializados en vinilos, juegos o películas y objetos de cine. Estos usos comerciales, propios de una sociedad urbana más moderna, son los que mantienen vigentes las viejas galerías y caracoles, que no tienen una sola tienda vacía.

Las predicciones no pueden ol­vidar que el stock que las ciudades acumulan en creatividad, sufri­miento, violencia, paz, encuentro o interacción social es demasiado grande y pesado para diluirse por inventos tecnológicos que han sur­gido, justamente, por la creatividad que genera la aglomeración de mi­llones de personas en un espacio reducido de tierra.