
Alfabeto ruso encapsula el azar, el juego, el asombro y la multiplicidad de una cultura en un único objeto de gran belleza. Es una investigación atravesada por la voz y la mirada de la autora, lo que le da vida a cada capítulo y palabra. Su experiencia está presente en las palabras que escoge (alogismo, jirafa, lámpara, zar) y también en qué dice de cada una de ellas. En el capítulo Poccня (Rossía, Rusia), se describe al país desde la periferia, los límites, lo que está fuera. Lo mismo ocurre con Petersburgo, que se retrata a partir de faroleros y lámparas: quizá azaroso o irrelevante, pero transversal a la ciudad. Cada nota propone una vuelta de tuerca que expande y complejiza el imaginario ruso.
por Ana Mora Estrada I 7 Enero 2026
Organizado alfabéticamente, Marina Berri (Buenos Aires, 1982) desarrolla en Alfabeto ruso: todo cabe en un huevo Fabergé una serie de apuntes breves, de no más de tres páginas, para revelar ciertas características de Rusia. Aparece lo más reconocible, como la nieve, el zarismo y Leningrado, pero también lo tangencial: huevos Fabergé con sorpresas en su interior, caricaturas, lámparas, cuentos y canciones infantiles, perros callejeros que deambulan en el patio al interior de una manzana, un rublo incambiable, el tren y sus distancias inmensas. En palabras de la autora, “el Alfabeto ruso es un vagabundeo azaroso —el abecedario impone su propio azar— por la cultura rusa, en especial por aquellas zonas que no están tan a la mano”. Es justamente lo que parece inconexo al corazón del paisaje ruso, lo que más nos aproxima a este. La voz de Marina Berri tiende puentes entre un alfabeto y otro.
Berri es escritora, profesora, traductora y lingüista. Alfabeto ruso es la segunda entrega de un proyecto que busca aproximar el imaginario ruso al latinoamericano a partir del lenguaje (el primero se llamaba Diccionario de ruso y es de 2020). Actualmente la autora trabaja en la tercera y última entrega: Atlas de ruso. Cada libro puede leerse de manera independiente. Alfabeto ruso fue la obra ganadora de la tercera edición del Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente, organizado, y posteriormente publicado, por nueve editoriales de América Latina.
Alfabeto ruso es una investigación atravesada por la voz y los ojos de la autora, lo que le da vida a cada capítulo y palabra. Su mirada, su experiencia, están presentes en las palabras que escoge (alogismo, jirafa, lámpara, zar), y también en qué dice de cada una de ellas. En el capítulo Poccня (Rossía, Rusia), se describe al país desde la periferia, los límites, lo que está fuera. Lo mismo ocurre con Petersburgo, que se retrata a partir de faroleros y lámparas: quizá azaroso o irrelevante, pero transversal a la ciudad. Así, cada nota propone una vuelta de tuerca que expande y complejiza el imaginario ruso.
Berri, a su vez, narra cómo llega a las palabras, cuál es su proceso de investigación, qué preguntas y confusiones comienzan a surgir, a qué obstáculos se enfrenta para comprenderlas, a qué cosas le recuerda y puede analogar, conectar, aproximar: “En español decimos secar, rallar, lustrar, limpiar, borrar, frotar. Para mí esos verbos no tienen nada que ver el uno con el otro. Intento traducir al ruso secar, porque es una palabra que necesito seguido, sobre todo con los chicos, que tienen que lavarse las manos”. Es justamente el hilo de pensamiento que se recorre en cada nota, y que Marina comparte con quien lee, lo que vuelve al lenguaje, y al imaginario ruso, cercano, divertido, reflexivo, poético. Atravesado por la experiencia y la vida personal, cada relato cobra vida.
Alfabeto ruso observa y analiza, por supuesto, el lenguaje, cómo se compone el ruso y sus sutilezas y diferencias con el español: “Ямa (yáma) es una palabra que yo no uso. Siempre digo дыpa (dirá, agujero). (…) Me explican: dirá es un agujero en la tela, esto es yama, es en el suelo. Debe ser eso, debe ser que los agujeros en español se prenden de cualquier superficie —tela, papel, tierra, cemento— pero en ruso no”. Asimismo, Marina Berri invita a leer en voz alta y escuchar el idioma, sin dejarnos fuera: “La cantante dice: ‘бaюшки-бaю, нe pyгaю, нe бpaню, лю-лю, люлю-лю’ (‘Báiushki-baiú, né rugáiu, né braniú, liu-liu, liuliu-liu’)”. Propone empaparse del ruso: extranjero y fascinante.
Marina Berri despliega este imaginario de manera inmersiva, sensible y múltiple. El alfabeto se explora desde la curiosidad y la fascinación, una investigación viva, con un corazón que palpita y acerca, con gran habilidad, una cultura del otro lado del mundo. Alfabeto ruso, al igual que un huevo Fabergé, encapsula el azar, el juego, el asombro y la multiplicidad de la cultura rusa en un único objeto de gran belleza.

Alfabeto ruso: todo cabe en un huevo Fabergé, Marina Berri, La Pollera, 2025, 175 páginas, $16.000.