
por Manuel Boher I 17 Febrero 2026
El diario, en términos del Tao, es un género que insiste en la inacción. Sobre todo el diario en verso, donde permanece la idea de que todo libro de poemas es en parte un diario en el que los lectores somos testigos de lo que el autor observa por las ventanas de su ocio. Una tradición donde se cuenta a Bashō y a Ungaretti; donde caben los aforismos de Kafka y El libro de la almohada; y adonde se inscribe el diario Días de ventanas abiertas, del poeta Juan Santander Leal, publicado en mayo de 2025 en Argentina por la editorial Gog y Magog. Un libro raro que, desde el verso que da nombre al libro, se abre de lleno a esta vía: un mundo de actividad visto con la pasividad de quien mira por la ventana, dentro.
La obra de Juan se ha movido sobre un mismo puñado de objetos que se oponen, como la pelota amarrada al palo, que se enreda en una dirección y se desenreda en la contraria. Lo que se trabaja con nostalgia e inocencia en sus primeros libros (La destrucción del mundo interior, Hijos únicos), se retoma en los últimos (Mi arena ignorante, El río Sábado) desde una experiencia y un optimismo casi místicos; lo que fue plástico se vuelve lírico, lo físico sublima en una rara nube de psicologías y simbolismo. Pero este movimiento no es mecánico, en cuanto es una literatura que va especializándose o escandiéndose en la dirección de distintas tradiciones literarias, inmediatamente reconocibles. Prosa poética, poesía lírica, diario en verso.
La poesía de Juan Santander incurre en una lenta y personalísima forma de leer poesía, que llega al ejercicio de su escritura. Así se multiplican los enfoques que sus textos pueden dar a temas aparentemente sencillos: Copiapó, esa ciudad donde nació y a la que vuelve, y Santiago, ciudad en donde vive y trabaja; el terror de equivocarse y el placer de recordarlo; la tensión entre una infancia solitaria y una madurez más poblada. Esta literaturización, digamos, multiplica los colores de la obra de Juan, sin cambiar el tenor de su paleta.
Por eso Días de ventanas abiertas es un texto importante. Por una parte, libro de poemas rotulados, como el Diario de muerte de Lihn; por otra, poema largo seccionado en días, y aún por otra, obvio: un diario de proceso y de vida. Esta tripartición sirve a la riqueza de este tipo de literatura, en términos de Pablo Oyarzún, el datado, como en los derroteros náuticos, profundiza la verosimulación: se escucha a lo representado representándose, cuando en realidad el diario se construye de inacción o de impresiones que apenas zumban: “22 de marzo / Ahora que el verano quedó atrás / .cómo se llama el espacio / entre agua y libélula?”. Con entradas como “31 de octubre / subiendo y bajando no sé de dónde”, se entiende lo escrito como observado y lo metaforizado como vivido, desplaza la imaginación y nos participa de la sorpresa de ver y vivir, haciéndonos cómplices de un poema en obra.
Pero esta generosidad no funcionaría si no fuera amable también la escritura y los temas que trabaja. Materialista, urbana, expuesta, creadora de formas que asoman por sí mismas de la amplia espalda del simbolismo. Las entradas del libro vuelven a los temas del trabajo, el aprendizaje y el descanso; en conjunto, no tienen orden. El descanso no empieza con el fin del trabajo. Y el profesor (el autor enseña español a extranjeros) aprende constantemente de sus alumnos. Tampoco se distingue si estos aprendizajes sirven al autor como poeta o como persona; la luz, la nieve, las montañas, son “materiales” o “ingredientes”, .pero ingredientes de qué? La frase “Nunca ser indiferente ni condescendiente”, acomoda a la persona y al artista de igual modo.
Si fuera cierto que los libros son como jardines, no lo sería por la metáfora del cuidado y la lentitud, sino porque el jardín no llega a ser verdaderamente una porción de la naturaleza (como el libro lo es de la realidad) hasta que la maleza armonice con el árbol recio y las flores, porque solo la inacción comprueba la voluntad puesta en cada acción. Este libro de Santander Leal es un gran acierto. Un libro sobre la escritura que no está dirigido a escritores: un problema que pocos textos realmente resuelven.

Días de ventanas abiertas, Juan Santander Leal, Gog y Magog, 2025, 109 páginas, $15.300.