Rauda y decidida: las palabras sin concesiones de María Moreno

En su nuevo libro, La merma, la narradora argentina cuenta su vida tras el accidente cerebrovascular que sufrió el año 2021. El título es una crónica de su proceso de recuperación, de no rendirse, pero también un profundo cuestionamiento sobre la diferencia, el deterioro del cuerpo, el canon de belleza y la escritura.

por Javier García Bustos I 20 Marzo 2026

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La imagen de la portada es ella de perfil, manejando por la ciudad, rauda, decidida, su silla de ruedas eléctrica. La fotografía refleja movimiento, intensidad y desparpajo. Es María Moreno, una de las mejores escritoras de Latinoamérica, retratada en la cubierta del libro La merma, a segundos de salirse del cuadro, de la portada donde contará una historia intensa: un registro en tiempo real, sin maquillaje ni máscaras.

“Vivo en mi cuerpo físico. No en sus placeres”, escribe Moreno en La merma, un libro compuesto por fragmentos breves y otros más extensos. “Corregirme como antes, es hachar, será por eso que escribo en bloques”, leemos en el ejemplar construido de reflexiones que recogen los desafíos de una rutina que impone constantemente límites. “He ganado lectores: ahora soy transparente, mientras que mi habla se vuelve, a veces, infranqueable”, apunta la autora de elogiadas obras como El affair Skeffington y Black out.

En las páginas de su nuevo libro, María Moreno cuenta su vida luego que el 3 de julio de 2021 tuviese un accidente cerebrovascular. Las consecuencias: parálisis en el lado derecho del cuerpo, incluida la mano con la que escribía (“Mi mano derecha inmóvil puede sentir dolor, pero no obedecer a mi voluntad”, anota). En la actualidad, la narradora escribe en el computador con el índice de su mano izquierda. “Las palabras que deseo las olvido fácilmente. Escribo las que son fruto de una negociación”, registra Moreno que, entre otros reconocimientos, obtuvo el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas 2019.

La merma es, en parte, una crónica de su proceso de recuperación, de no rendirse, y de los días de hospitalización. “Estoy más delgada pero no me veo… El secreto de mi belleza se debe a que me alimentan artificialmente y hago sentadillas hasta cumplir con las órdenes de los kinesiólogos”, anota. La merma es también un profundo cuestionamiento sobre la diferencia, el deterioro del cuerpo, la escritura y la impostura en la era del simulacro en el ciberespacio. “La escritura es una venganza que no cesa, es infinita en el dolor que provoca”, escribe la autora, quien está lejos de apuntar elogios y arrepentimientos.

“La parálisis despierta el rencor o hace que la sinceridad sea más irresponsable”, agrega. “No mastico, rumeo (…). Mi babero ya guarda los restos que no he logrado llevar a la boca”, dice en esta obra intensa, en la que alude igualmente a su herencia. “Soy hija de varón, una doble agente, falsa acólita”, puntea y añade: “A veces lloro. No pienso en mamá ni en la palabra mamá”.

En las páginas de La merma, Moreno es ferozmente sincera, se ríe de sí misma, de su discapacidad (le dice a una amiga que llega de visita ‘Perdoná que no me levante’), de su nueva manera de enfrentar el mundo, de la cercanía de la muerte y de la reacción social ante el ACV que la mantiene en silla de ruedas, ante los cuidados de su hijo Manuel.

En las páginas de La merma, Moreno es ferozmente sincera, se ríe de sí misma, de su discapacidad (le dice a una amiga que llega de visita “Perdoná que no me levante”), de su nueva manera de enfrentar el mundo, de la cercanía de la muerte y de la reacción social ante el ACV que la mantiene en silla de ruedas, ante los cuidados de su hijo Manuel.

“Todos han muerto y de mí, queda solo la mitad. (…) Ahora vendrán los premios y los reconocimientos, que, en el fondo, se deberán a mi silla de ruedas, y no a mí”, anota quien el 2023 recibió el Premio Ñ a la trayectoria, el 2024 el Premio Konex de Brillante en Letras y el segundo semestre del año pasado el título de Doctora Honoris Causa en la Universidad Nacional de Córdoba y en la Universidad de Buenos Aires.

Otra de las consecuencias del ACV es la disartria, dificultad para articular adecuadamente las palabras. “Se me cae la baba, mientras balbuceo lo que creo unas palabras con la gangosidad de esa corneta hueca con que se festejan los mundiales. (…) Sin acceso al lenguaje, pero con la desgracia de comprenderlo”, escribe.

En La merma Moreno también le entrega el micrófono a otras voces, a otras personas que han sufrido amputaciones y que viven con discapacidad. Por ejemplo, una de ellas es Sara, una influencer de TikTok, sin manos ni pies: “Yo sueño con mis manos y pies de carne y hueso de toda la vida”. Además, habla María Inés Mato, nadadora de aguas abiertas, quien usa una prótesis en la pierna izquierda: “Para mí, la prótesis no es algo mecánico que yo utilizo instrumentalmente para caminar. No es una cosa, sino que tiene su propia alma. Es el símbolo de la fidelidad”.

Hacia el final de La merma, ya con mayor confianza para usar su silla de ruedas, Moreno asiste a una Marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista, en Buenos Aires. “Allí estaba yo en mi silla de ruedas pos-ACV con la batería bien cargada, sus luces prendidas y a baja velocidad para no atropellar a nadie y creyéndome una paralítica subversiva”, escribe. La gente la saluda entre la multitud. María Moreno avanza en su silla de ruedas entre los panfletos arrugados, rauda, decidida, y siente felicidad, paz y sosiego.

 


La merma, María Moreno, Random House, 2025, 159 páginas, $23.000.

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