
Las Narraciones completas, de Alexandr Pushkin, reflejan que el padre de la literatura rusa apela a todos los sentimientos humanos: en sus relatos no solo hay amor y tragedia, sino también mucha mordacidad, como si se estuviera riendo permanentemente de la sociedad rusa y sus costumbres. Sin embargo, el autor llevó al extremo la tradición del duelo y se batió en uno que lo dejó mortalmente herido: tras recibir una bala que le atravesó el intestino y destrozó la pelvis, murió en enero de 1837, confirmando que, si bien podía burlarse de las costumbres, al mismo tiempo las reafirmaba como parte de una identidad nacional.
por Gonzalo León I 18 Agosto 2026
Cuando Vladimir Nabokov se exilió en Estados Unidos, observó que las traducciones que se habían hecho de Alexandr Pushkin (1799-1837) eran deficientes, por lo que se obsesionó en traducirlo bien. Para él las traducciones estadounidenses desvirtuaban la obra de quien no solo era el padre de la literatura rusa, sino también había inventado, como William Wordsworth para Inglaterra, la tradición de su país. La tarea de Nabokov no era sencilla, porque traducir bien era trasladar del ruso a un idioma que no dominaba aún. Para mayor dificultad, se centró en la novela en verso Yevgueni Oneguin, que recién apareció en 1964, cuando Nabokov llevaba casi un cuarto de siglo en Estados Unidos.
Pushkin —quien, influido por Byron, llevó el romanticismo a Rusia— es conocido mayormente como el gran poeta nacional de su país, pero también escribió relatos y novelas. En 2003 apareció Narraciones completas por Editorial Alba y sus ediciones siguieron apareciendo, la última de ellas con fecha de abril de 2025. La traducción, las notas y la introducción estuvieron a cargo de Amaya Lacasa. Y si bien la traducción está lograda en términos generales y se agradece que textos que circulaban separados estén reunidos, hay muchos errores de escritura, sobre todo del uso de verbos auxiliares que entorpecen la lectura. Por momentos la construcción “empezó a + cualquier verbo” se repite tanto que recuerda al mismo sentimiento que tuvo Nabokov en Estados Unidos, aunque en un nivel más atenuado (pero siendo la quinta reedición, no costaba nada arreglar estos problemas gramaticales).
Pese a ello, el libro se deja leer y, sobre todo, se aprecian varios puntos importantes: primero, cómo Pushkin va inventando la tradición literaria de su país, nombrando a escritores rusos que vivieron antes que él y también a algunos contemporáneos. De este modo desfilan ante nuestros ojos Denis Fonvizin, Yevgueni Baratynsky, Vasili Zhukovski, Aleksandr Griboyédov, Gavrila Derzhavin, Yakob Kniazhnin, Pyotr Andreyevich Vyazemsky, Iván Dmitriev, Ippolit Bogdanóvich, además de poemas populares, proverbios y refranes. Todos estos nombres se funden con los argumentos de sus narraciones y no están tirados al voleo.
Hay un relato que está entre los mejores de Pushkin: “La dama de pique”, que arranca con un epígrafe sobre cartomancia y un poema del propio Pushkin. En la versión de la Biblioteca de Página 12, que leí en su momento, no solo el título del relato era otro (“Azar en el juego”), sino que ni el epígrafe ni el poema aparecían. Lo que pasaba por alto esa “edición” era que Pushkin también introducía poemas propios en sus narraciones. En el de la versión de Editorial Alba, el poema sirve como introito: “En los días de lluvia / se reunían / a menudo; / apostaban —Dios los perdone— / de cincuenta / a cien, / ganaban y apuntaban / sus ganancias / con tiza. / Así, en los días de lluvia / estaban ocupados / todos”.
Hay en las narraciones de Pushkin una atmósfera provinciana, que se emparenta con las novelas que acontecen en la parte de La comedia humana que se conoce como “Escenas de la vida de provincia”, de Balzac. Pushkin, sin embargo, sitúa sus narraciones en la provincia porque vivió el destierro en el Cáucaso y porque también es consciente de la marginalidad de la literatura de su país en el contexto europeo, o sea cuando habla de la provincia, a diferencia de Balzac, habla de toda Rusia. Pese a esta diferencia fundamental se pueden trazar similitudes entre ambos autores. En las novelas de provincia de Balzac está presente el juego, tal como en Pushkin. Pero en “La dama de pique” el juego no es un dato más, es todo el relato, ya que trata de cuando un ambicioso joven, en plena sobremesa del juego, se entera de que años atrás una condesa había recuperado el dinero perdido en un juego similar, gracias a otro noble que le había transmitido un secreto. Este joven decide ir tras la condesa con el fin de enterarse del secreto.
La segunda cuestión importante en las narraciones de Pushkin, y que desde luego está en “La dame de pique”, es su manera de narrar. Pushkin empieza la narración, pero a poco andar hace un giro y lo que nosotros creíamos que era la trama cambia. Es una especie de desvío que está presente en buena parte de su prosa. En Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin se aprecia bien esto desde la nota del editor: “Al iniciar las gestiones para la edición de los ‘Cuentos de I. P. Belkin’, que hoy ofrecemos al público, quisimos acompañarlos de una descripción, aunque fuera breve, de la vida del difunto autor, y con ello satisfacer, en parte, la curiosidad de los amantes de las letras rusas”. Pero lo único que se nos ofrece es una carta de un amigo de Petróvich, quien cuenta que el autor falleció en sus brazos producto de una “calentura producida por un enfriamiento; pronto derivó en alta fiebre y murió pese a los afanosos desvelos de nuestro médico local”. Al final no se nos dice mucho del autor, pero la curiosidad por leer lo que escribió se ha instalado.
En el comienzo de Dubrovsky, su novela de aventuras inconclusa, que trata del tema del noble bandido (Dubrovsky es el Robin Hood ruso), la narración se centra en dos viejos vecinos y amigos, que se pelean y uno de ellos le quita judicialmente la propiedad al otro. Cuando está a punto de entregar sus tierras junto con sus siervos, llega su hijo, que es el verdadero protagonista de la novela, y Pushkin señala el giro de este modo: “Pero ya es hora de que el lector conozca al verdadero protagonista de nuestra historia”. El padre de Dubrovsky enfrenta entonces la ruina y la muerte, y su hijo reaparece en la casa del vecino convertido en un maestro de francés. En esta condición, bastante shakesperiana (recordemos que los personajes del bardo solían disfrazarse de lo que no eran), enamora a la hija del vecino; aunque para ser estrictos, la primera que se había disfrazado había sido ella.
Pushkin no solo inventa la tradición rusa, sino que también se emparenta con la tradición de los duelos en literatura: Cyrano de Bergerac, Balzac, Conrad, Borges. En el cuento “El disparo” incluido en Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin, parte con el siguiente epígrafe de Baratynsky: “Nos batimos a duelo”. Aquí Silvio al principio le cuenta al narrador, que también es un personaje, su fama de duelista y recuerda uno en especial, en donde decidió no disparar. Por esas casualidades del destino, el narrador se encuentra tiempo después con el contrincante de Silvio, que era un conde y que a su vez relata cómo había sido todo desde su punto de vista. Y así se completa el duelo.
En cambio en la novela La hija del capitán, aborda la rebelión de Pugachov, cosa que sucedió realmente en Rusia en el siglo XVIII y por eso esta novela es histórica. El protagonista y narrador es Piotr Andréyevich, un joven que ingresa al ejército, pero lejos de ir a San Petersburgo, su padre lo manda a una región remota y oscura, para que sepa “lo que es el trabajo” y “huela a pólvora”. Sin saberlo, lo manda a una rebelión, pero también a la aventura, que es algo característico en la narrativa de Pushkin. Precisamente en esta novela hay un duelo entre el joven Piotr y alguien más experimentado, pero el duelo es interrumpido por “Iván Ignátich y cinco inválidos”. Pushkin apela a todos los sentimientos humanos, porque en sus narraciones no solo hay amor y tragedia (la famosa tragedia en prosa que quiso implementar Stendhal), sino también mucha mordacidad, como si se estuviera riendo permanentemente de la sociedad rusa y sus costumbres.
Alexandr Pushkin llevó al extremo la tradición del duelo, porque tuvo un duelo real y ocurrió en 1836, a partir de una carta anónima en la que se insinuaba que su mujer lo engañaba con un apuesto oficial francés. Los amigos de Pushkin pudieron impedir el duelo, pero un año más tarde el oficial francés se casó con la hermana de su esposa, y Pushkin volvió a desafiarlo a duelo. El duelo parece uno más de sus escritos y su actitud se parece a la de Piotr Andréyevich. Como cuenta Amaya Lacasa en la introducción de estas Narraciones completas, “el duelo tuvo lugar el 27 de enero; mortalmente herido —la bala le atravesó el intestino y le destrozó la pelvis—, Pushkin fue trasladado a su casa”. Dos días después falleció. Y esto no hace otra cosa que observar que mientras se burlaba de la sociedad y de sus costumbres, por otro lado las reafirmaba como parte de una identidad nacional. Una identidad que lo llevó a la muerte.
En el cuento “Noches egipcias” habla del poeta Charsky, a quien “en las revistas lo llamaban poeta, y en las habitaciones de los lacayos, escribidor”. Este es uno de los pocos textos ambientados en San Petersburgo. Charsky recibe un día a un improvisador italiano, que le pide que lo patrocine. Después de escucharlo improvisar, Charsky se queda callado ante la capacidad del italiano y luego dice: “¿Cómo es posible? Una idea ajena apenas ha rozado su oído y ya se ha convertido en su propiedad, como si usted hubiera pasado tiempo acariciándola”. El italiano hace un poema sobre la base de un tema dado por otros, pero lo hace con genio. El poeta entonces acepta organizarle una velada ante un público selecto. Al final hay un poema del propio Pushkin, que no estaba en el cuento pero que suele incluirse, porque el tema elegido para la improvisación estaba vinculado a que Cleopatra había fijado la muerte como precio de su amor.
El poema entero es hermoso y sirve para concluir esta nota. En su segunda estrofa dice: “El suntuoso banquete parece dormido, / mudos los invitados, callado el coro. / La reina alza la frente de nuevo / y con gesto sereno dice: / ¿No es mi amor vuestro placer supremo? / Podéis comprar ese placer… / Oídme, pues, esta noche estoy dispuesta a /restablecer nuestra igualdad. / ¿Quién se lanza al comercio de la pasión? / Hoy vendo mi amor; / decidme, ¿quién, entre vosotros, / compra con su vida una de mis noches?”.

Narraciones completas, Alexandr Pushkin, traducción de Amaya Lacasa, Alba, 2025, 568 páginas, $41.800.
por Sebastián Duarte Rojas