Los peligros de la ficción

42 días en la oscuridad, la versión televisiva del libro Usted sabe quién, de Rodrigo Fluxá, sirve para reflexionar sobre los posibles límites al recrear ficticiamente un caso policial en extremo complejo. Contenidos moralizantes, conflictos que se vuelven lecciones y una descomposición social amortiguada, aparecen como los peligros de inventar cuando la realidad es más dura e inasible.

por Marcela Fuentealba I 8 Junio 2022

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La serie 42 días en la oscuridad, de gran éxito en su estreno en Netflix, ha devuelto a la lista de los libros más vendidos al texto que lo inspira, una investigación que el periodista Rodrigo Fluxá construyó tras reportear y escribir durante años. Cuando se publicó, en 2019, la reseñé para esta revista, celebré su arrojo para articular las dudas, manipulaciones y errores de un caso criminal que los medios explotaron hasta la impudicia, y que al final dejaba pensando en un mal social y una sensación de impunidad mucho más aterradores que el crimen de Viviana Haeger, la madre de dos niñas, de 7 y 14 años, casa acomodada en pueblo chico, familia vecina y marido inescrutable.

El libro mostraba la muerte de una mujer que quería sobrevivir al aburrimiento. Mejor, rehacer su vida. Y que la hija del asesino, posible testigo clave, vivía a merced de los hombres. Fluxá encontraba además un asesinato ocurrido en esos mismos días, una muerta pobre con trastorno borderline, que por un mal proceso judicial nunca tuvo justicia. La única mujer que se salvaba en el libro, testigo del inculpado como autor material del crimen de Jagger, se enorgullecía de haber echado a sus parejas por inútiles y violentos. Es decir, una violencia contra las mujeres profunda y ubicua.

De ahí mi interés cuando apareció la serie, pues también soy adicta a las policiales, de ficción o documental. Por supuesto, se trata de mundos creativos muy diferentes: la típica frase de que es mejor el libro que la película no es suficiente para conformar un parámetro de análisis. Un libro puede incluir muchos más matices y reflexiones, pero lo audiovisual impone su riqueza de secuencias para que la historia revele las diferentes capas que la construyen. Sin embargo, una incomodidad con los planos y diálogos se instala a medida que avanzan los capítulos de 42 de días en la oscuridad: la historia va cayendo en lugares comunes y lecciones de los que el libro prescinde.

Por supuesto, la producción es de nivel, con gran casting, fotografía hermosa del sur, detalles de ambientación y locaciones. Parte con una recreación cercana y fidedigna. Pero entonces aparecen tres personajes centrales ficticios: un abogado venido a menos, una mujer de pueblo que sabe mucho y un trabajador ¿forestal? conectado con la policía, entre los cuales nunca se entiende bien su vínculo ni su pasado, solo que serían excolegas. Ellos van buscando las pistas, los cabos sueltos, los montajes y las posibilidades, siempre en buena onda y en la dura. Supongo que estos personajes, en especial la entrañable mujer, se basan en la señora de la que se hizo amigo Fluxá en su investigación del caso—es coautor del guion—, la mujer resuelta y no víctima que aparece en el libro.

Ellos representan lo popular, que es bueno y genuino, lo opuesto a la clase alta de la víctima. Entre coloridos carros de completos y fuentes de soda amenas, afirman una solidaridad a toda prueba. Ese es uno de los mensajes claros. Resulta extraño que otro personaje popular, real y realmente desamparado, como es la hija del delincuente inculpado, víctima del narco y el machismo, quede desdibujada en su casucha. El libro de Fluxá encontraba un mundo de gente mucho más desvalida y maleada, de mentiras y silencios brutales, de mujeres perturbadas entre matinales tristes, cuando no abusadores. Y un poder maligno y total sobre el otro, junto a la resignación tétrica.

Una buena serie sobre crimen muestra lo peor, no da lecciones. Al domesticar los conflictos, sean sociales o generacionales, algo se pierde definitivamente: esa zona de sombras que apenas nos atrevemos a mirar. Lo que podemos encontrar en el libro y que se desdibuja en la televisión.

Al centrar el desembrollo de la trama en los tres amigos, la serie deshecha tratar en profundidad la investigación policial, que el libro sí pormenoriza. Cuanto la policía más se equivoca o queda sin posibilidad de avanzar, como ocurrió groseramente en este caso, más debiera incorporarse. La inoperancia y decadencia de la policía es el motor de grandes series, clásicas y actuales. Quizá por eso tampoco parece quedar claro el supuesto móvil del crimen, punto básico que el libro busca minuciosamente: ella se quería separar, él quería a las hijas.

Otro de los personajes en que se centra el guion es la hija mayor de la víctima, de 15 años. En el libro Fluxá tiene mucho cuidado con esa intimidad. En la serie, en cambio, es ella, no el padre —magistralmente interpretado por Daniel Alcaino, aunque poco sabemos de él—, la protagonista. Se la acompaña, atormentada, pues cuando la madre desapareció estaban peleadas. Así, otro de los temas moralizantes de la serie son las relaciones filiales. El abogado tiene un hijo universitario al que le falla y que le exige. La pregunta es cómo ser padres, entiende a tu hijo, sé responsable o asume los costos de tu egocentrismo.

Al considerar que hoy se habla repetidamente de la victimización, me pregunto por el uso de una historia privada, de imaginar el dolor de una joven. Según los medios, las hijas se habrían enterado de la serie por la prensa. Me pregunto por el límite, por cuánto se puede recrear a otro que está vivo y traumado. ¿Cómo podríamos llegar a la historia por otras vías, sin usarla a ella? O al revés: si quieren hacer una serie sobre adolescentes que sufren y de padres que luchan, quizá sería mejor inventar otra (o al menos ser más respetuoso).

Esta serie correcta, estetizada, veloz, al inventar traiciona una verdad más esencial, lo mucho más compleja e inabarcable que es la realidad. Una buena serie sobre crimen muestra lo peor, no da lecciones. Al domesticar los conflictos, sean sociales o generacionales, algo se pierde definitivamente: esa zona de sombras que apenas nos atrevemos a mirar. Lo que podemos encontrar en el libro y que se desdibuja en la televisión. 

 


42 días en la oscuridad (2022), creada por Rodrigo Fluxá, dirigida por Claudia Huaiquimilla y Gaspar Antillo, basada en Usted sabe quién. Notas sobre el homicidio de Viviana Haeger de Rodrigo Fluxá, disponible en Netflix.