Anthony Bourdain: cómo renunciar al mejor trabajo del mundo

Es lamentable que en su biografía sobre el chef estadounidense, Charles Leerhsen se enfoque tanto en el suicidio y sus adicciones, en vez de ayudarnos a comprender al hombre que ayudó a cambiar la percepción de las comidas populares y a transformar cómo la televisión habla de comida. Con todo, es bien distinta a la línea correcta y predecible del documental Roadrunner o a Bourdain: The Definitive Oral Biography, de Laurie Woolever, dos intentos de la familia de administrar la vida —y la muerte— de Bourdain.

por Rodrigo Olavarría I 6 Junio 2023

Compartir:

Desde que los chefs se convirtieron en figuras culturales inescapables, Anthony Bourdain encarnó más que una serie de ideas sobre la cocina. Desde su primer programa de televisión, A Cook’s Tour, pasando por los más elaborados No Reservations y Parts Unknown, Bourdain incitó a los televidentes a salir de sus casas, a probar platos nuevos, a tomar una cerveza al medio día y a conversar con sus vecinos de mesa. Fue esta actitud, la de alguien que aborda con deseo la exuberancia de la vida, improvisando sin esfuerzo visible un discurso elegíaco sobre un humilde plato vietnamita, conectándolo a la historia política y social del lugar, la que lo convirtió en un amado presentador televisivo y en una celebridad cada vez más cómoda en su propia fama. La biografía Down and Out in Paradise: The Life of Anthony Bourdain, de Charles Leerhsen, titulada según el clásico Down and Out in Paris and London de Orwell, cuenta la historia de cómo esto ocurrió, pero sobre todo de cómo terminó.

El excesivo foco en el fin de la vida de Bourdain, concluida por su propia mano en junio del 2018, le da a esta narración un arco determinista donde los aspectos conflictivos de la personalidad del autor de Confesiones de un chef y Crudo, son relevados de tal forma que solo explican las circunstancias de su muerte y no los matices vitales de alguien que no debería ser reducido a sus adicciones. Pero, al no haber sido autorizada por sus herederos, es de esperar que esta biografía no corra por la línea correcta y predecible del documental Roadrunner y el libro Bourdain: The Definitive Oral Biography, de Laurie Woolever, dos intentos de la familia de administrar la narrativa de la muerte del chef.

Podríamos dividir el libro en dos partes. La primera se lee casi como un fact check del mito que Anthony Bourdain construyó de sí mismo en Confesiones de un chef, su primer libro de no ficción y el que lo catapultó a la televisión. En esta primera parte abundan testimonios que buscan derribar mitos; estos provienen de examigos heridos por la distancia que Bourdain puso entre él y ellos, a medida que su fama crecía. La segunda parte funciona como una tesis —sin sutileza— que busca probar que la actriz Asia Argento, la última pareja de Bourdain, influyó directamente en el suicidio. Como podemos adivinar por la inclusión de los últimos mensajes de texto intercambiados por la pareja, este libro abunda en patéticos detalles que van de la adicción a las prostitutas al uso de esteroides, hormonas y Viagra. Tampoco se nos ahorran detalles del suicidio de Bourdain, ni el centenar de veces que gugleó el nombre de Argento en sus últimos días de vida.

Pero antes, al narrar la vida de Bourdain previa al éxito, Leerhsen elige retratarlo como un adolescente perpetuo, que se enredó ingenuamente con la heroína, uno que llevó su personalidad adictiva a sus relaciones de pareja. Nos presenta a un chef joven y talentoso que cuando pudo someterse al rigor del aprendizaje en una cocina importante, eligió un trabajo poco exigente y un estilo de vida más parecido al de Lou Reed que al del chef Paul Bocuse, uno de sus héroes. Leerhsen parece querer decir que Bourdain era un pegoteo de mitos neoyorquinos, un montón de clichés rockeros y literarios, un personaje en perpetua performance. Parte de eso debe ser cierto. Bourdain fue un muchacho de Nueva Jersey avergonzado de su origen suburbano, que soñaba llevar la vida de un bohemio del Lower East Side, tanto que en 1978 propuso a dos amigos chefs formar el equivalente a una banda de rock gastronómica, un servicio de catering que se presentaría en los mismos sitios donde tocaban los Ramones y Patti Smith.

Algunos de los pasajes más interesantes del libro ocurren cuando Leerhsen narra el desarrollo literario de Bourdain, mostrándonos cómo pasó de firmar burdos textos universitarios a publicar dos novelas que combinaban cocineros y asesinos y, por supuesto, cómo pasó de ser humillado por el editor Gordon Lish a publicar en The New Yorker.

Algunos de los pasajes más interesantes del libro ocurren cuando Leerhsen narra el desarrollo literario de Bourdain, mostrándonos cómo pasó de firmar burdos textos universitarios a publicar dos novelas que combinaban cocineros y asesinos y, por supuesto, cómo pasó de ser humillado por el editor Gordon Lish a publicar en The New Yorker. Si elegimos creer el relato tejido por Leerhsen, no podríamos decir que Anthony Bourdain fue un buen escritor o un buen chef, quizás apenas podríamos considerarlo el excelente performer de un rol que escribió para sí mismo. Y eso es injusto, pero quizás es lo que podemos esperar de un exeditor ejecutivo de Sports illustrated, biógrafo del caballo Dan Patch y coautor de un libro con Donald Trump.

¿Es necesario que el autor de una biografía admire a su objeto de estudio?

No creo que Richard Ellmann fuera un devoto de Joyce o que Reiner Stach queme incienso en el altar de Kafka. Creo que la admiración es deseable, pero no indispensable, y que una cuota de obsesión solo puede ser útil. La admiración de Leerhsen por Anthony Bourdain es palpable en buena parte del libro, pero esta no se traduce en un retrato justo o profundo. Es lamentable que Leerhsen se enfoque tanto en detalles escabrosos y tan poco en cuánto Bourdain ayudó, por ejemplo, a cambiar la percepción de las comidas populares, a convertir simples turistas en viajeros intrépidos y a transformar cómo la televisión habla de comida. En este libro no hallaremos análisis sino la celebración de logros cuantitativos como el engrosamiento de la cuenta bancaria de Bourdain y la evolución de un programa de televisión centrado en un chef dispuesto a comer cualquier cosa a uno que podía entrevistar a Barack Obama en Vietnam.

El ejemplo perfecto de esta evolución es el último episodio de Parts Unknown, emitido mientras Bourdain seguía con vida, que alcanza alturas inesperadas para la televisión de viaje, pese a la incomodidad que transmite. El episodio fue filmado en Hong Kong, donde Bourdain se reúne con Cristopher Doyle, el director de fotografía de Wong Kar Wai, con quien conversa sobre los cambios de piel de Hong Kong. Ver a Bourdain grabado por Doyle es hermoso y evoca las citas cinematográficas que caracterizaron el show, pero en este caso la sensación de estar viendo una performance de Bourdain incómodo en su propia piel es un poco asfixiante y recuerda las desesperadas líneas con que decidió abrir el episodio: “Enamorarse de Asia es una cosa. Enamorarse en Asia es otra. Ambas me ocurrieron a mí”.

 


Down and Out in Paradise: The Life of Anthony Bourdain, Charles Leerhsen, Simon & Schuster, 2022, 308 páginas, $28.900.

Relacionados

Silbando bajito

por Lorena Amaro