Bibliografía mínima

Mínimas, de Francisco Díaz Klaassen, reúne ensayos articulados a partir de tres ejes: la literatura, el tiempo y la vida. Tiene momentos altos y otros bajos, donde el libro adquiere el carácter de un cajón de sastre en el que todo cabe: reflexiones no del todo claras, un listado de sugerencias de lectura, un diario de la pandemia y afirmaciones como esta: “Desde que el tiempo es tiempo la mala literatura la han escrito exclusivamente hombres. / Afortunadamente, ya no es el caso”.

por Sebastián Duarte Rojas I 28 Mayo 2024

Compartir:

Giacomo Casanova, Benjamin Constant, ‘Abd al-Latīf, G. K. Chesterton, Joseph Roth, William Saroyan, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Ovidio, James Boswell, Stefan Zweig, Sarah Kane, Sherwood Anderson, Roberto Bolaño, Leonardo Sciascia… Estos son algunos de los nombres sobre los que más vuelve Mínimas, de Francisco Díaz Klaassen, el autor de las novelas Antología del cuento nuevo chileno (2009), El hombre sin acción (2011), La hora más corta (2016) y En la colina (2019), además del libro de cuentos Cuando éramos jóvenes (2012).

La diversidad de aquel listado inicial se debe a que en este nuevo libro, que recibió el premio Mejores Obras Literarias Inéditas, categoría ensayo, Díaz Klaassen mapea los que llama sus circuitos, el tipo de agrupaciones privadas de libros y autores cuyas conexiones “parecen caprichosas y anacrónicas”, pero que en realidad tenemos todos los lectores: “Un autor puede llevarnos a otro (porque lo menciona, porque su escritura tiene con la de él alguna conexión evidente); pero también pasa a menudo que somos nosotros quienes los llevamos a estar juntos (puede ser que nos hayamos hecho con los dos volúmenes al mismo tiempo) y el azar en la literatura no es menos válido, o fundamental, que cualquier patrón motivado”.

La estructura de Mínimas es fragmentada, compuesta por pasajes de diversa extensión, pero siempre titulados. Algunos de estos títulos se reiteran con números para continuar las ideas o temáticas, a veces de corrido, a veces decenas de páginas después. Varios de los pasajes más extensos funcionan como ensayos casi independientes del resto del libro, incluyendo un par en los que aborda obras poco conocidas en la actualidad, como La llave de Oriente de al-Latīf o El libro de las maravillas del mundo de Mandeville. El libro con el que este más dialoga es Historia de mi vida, de Casanova, el famoso libertino italiano cuyo apellido se convirtió en un adjetivo común para los seductores. Pero la lectura del autor intenta ir más allá de esa fama que reduce al personaje.

La autobiografía de Casanova también funciona, en cierta medida, como modelo para Mínimas, en la medida en que este libro tiene un poco de diario de vida/lectura tras el inicio de la pandemia del covid.

La autobiografía de Casanova también funciona, en cierta medida, como modelo para Mínimas, en la medida en que este libro tiene un poco de diario de vida/lectura tras el inicio de la pandemia del covid. Quizá por eso, los ejes que lo atraviesan son la literatura, el tiempo y la vida. Sobre todo, trata acerca de la manera en que aquellos elementos se entrecruzan: “Releer es una afirmación forzosa de que todavía se existe, pero también de que se ha existido. Uno bien pudiese decir: leí este libro en este punto de mi vida, según indica mi cronología personal, y lo releo ahora, en este otro; entre esos dos momentos he vivido, y porque he vivido soy el mismo”.

En general, cuando el libro se luce es en los momentos en que traza paralelismos y ecos entre obras de autores y contextos muy distintos, o cuando logra capturar ideas de manera clara y cuidada, como: “La realidad en la literatura es como el punto de fuga en el dibujo―una referencia en la que converge todo pero de la que ese mismo todo está siempre alejándose”. Pero estos se ven opacados por otros, como un alegato paradójicamente pueril contra la literatura infantil, o el ataque a los escritores contemporáneos desde una pose de modestia impostada, o las entradas en que el intento de sonar provocador lleva a afirmaciones cuestionables, como “Chile cambió”:

Desde que el tiempo es tiempo la mala literatura la han escrito exclusivamente hombres.

Afortunadamente, ya no es el caso.

El título Mínimas intenta convencernos de que estas no serían máximas, al tiempo que alude a la naturaleza aforística de la obra. Este es un género en que la disparidad es difícil de evitar, eso es cierto, pero queda la impresión de que al libro le hizo falta una poda para que lo que nos llevemos tras leerlo sea más que un listado de sugerencias de lectura.

 


Mínimas, Francisco Díaz Klaassen, Alfaguara, 2023, 236 páginas, $16.000.

Relacionados

Un presidente fuera de control

por Pablo Riquelme

Las vueltas del centro

por Iván Poduje

Elogiemos ahora a James Agee

por Rodrigo Olavarría