Safari: alegoría de la violencia

En su primera novela, Pablo Toro logra una narrativa plena, conectando tres historias con imprevisibles sorpresas y vueltas de tuerca, lo que refleja la pericia formal del escritor y guionista. También es una crítica severa y angustiosa de la gratuidad que la violencia adquiere en una sociedad banalizada hasta el hartazgo.

por Alejandra Ochoa I 9 Noviembre 2021

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La guerra de Irak y sus mercena­rios, la vida en un colegio privado de Santiago de Chile, la muerte de Pinochet, el Coliseo Romano y los programas de televisión son algunos de los referentes de Safa­ri, primera novela de Pablo Toro, quien hace 11 años publicó un apreciado volumen de cuentos ti­tulado Hombres maravillosos y vul­nerables (2010).

La novela se lee bien y rápido y está compuesta de tres partes, “La noche del camello”, un relato om­nisciente ambientado en Bagdad y en el campamento de Blacksto­ne, empresa que presta servicios al ejército norteamericano; “Las elecciones”, que narra en la voz del estudiante Villanueva la vida es­colar en un colegio británico san­tiaguino el año en que muere Pi­nochet, y “Safari”, relato distópico en primera persona que recrea el Coliseo en formato reality. Las tres partes tienen un primer vínculo a nivel de superficie: los personajes principales, Villanueva y Gutiérrez, transitan por todo el libro. Son dos compañeros de colegio que serán amigos, mercenarios y, finalmente, contendores. Así, la dupla masculina, que puebla tanto la literatura como el cine, funciona como una especie de doble alegó­rico, un símbolo de la ambigüedad a partir de la cual se construye la relación entre ellos.

En el colegio, ambos persona­jes son marginados: no son pino­chetistas, no forman parte del first team de rugby y serán violentados verbal y físicamente en algunos momentos. Pero lejos de una soli­daridad irrestricta, hay elementos que tensionan la naciente amis­tad: Gutiérrez consume drogas y tiene predilección por la violencia y la pornografía. Villanueva espía a su nuevo amigo, se siente intri­gado por él, pero no discute sobre sus divergencias, prefiere no decir, no reaccionar. Hay además dife­rencias de clase, porque Gutiérrez es de La Dehesa y Villanueva vive en Recoleta. En la etapa mercena­ria se profundiza la violencia del personaje, lo que se percibe en la experiencia de Villanueva: “Sintió que la violencia de Gutiérrez se desplazaba hacia él, o que se alo­jaba en él, como un huésped”. Esta relación ambivalente reaparece aumentada en la tercera parte, en un giro narrativo del espectá­culo televisivo.

La tercera parte es la más va­liosa de la novela, una morosa construcción de un futuro que tiene como base la amplificación ad infinitum de la empresa merce­naria y su violencia, aquel sistema que ampara ‘matar por quinien­tos dólares al día’.

Un segundo recurso que per­mite asegurar la continuidad de las tres partes de la novela corresponde a los sueños de los perso­najes. Pinochet es soñado: “El con­tratista Villanueva se vio asediado por imágenes y recuerdos inco­nexos de una vida anterior: una animita roja / Jarabe con codeína / la muerte de Pinochet”. El cole­gial Villanueva también sueña con el dictador: “La voz de Pinochet se estira desde las cloacas del mundo hasta el cielo enfermo”. Junto con esta figura que puebla la mente de uno de los protagonistas en las dos primeras partes, se presentan otros sueños, que prefiguran el mundo distópico de Safari.

La tercera parte es la más va­liosa de la novela, una morosa construcción de un futuro que tiene como base la amplificación ad infinitum de la empresa merce­naria y su violencia, aquel sistema que ampara “matar por quinien­tos dólares al día”. La empresa Blackstone ha tomado el control del mundo y 40 años después ge­nera emprendimientos como Safa­ri y sus leyes: un concurso de caza humana que promueve el sadismo de los espectadores, revestido de necesidad psicológica y ética. La distopía, que dialoga con Black Mirror y Los juegos del hambre, pero también con un relato como “La noche boca arriba”, de Cortázar, se construye tangencial y lentamente a través de una ambigua voz na­rrativa que parte contando sobre un supuesto ascenso y que luego describe el mundo en un diálogo imaginario y resentido con su su­perior. De esa manera, el lector va incorporándose lentamente a la lógica de este nuevo mundo. El es­pectáculo de la cacería, con Villa­nueva como participante, pondrá en escena el cuerpo violentado: la persecución, la tortura, el quiebre del enemigo, sumando Bagdad, el colegio, el reality.

Pablo Toro logra una narrativa plena, que conecta las tres histo­rias con imprevisibles sorpresas y vueltas de tuerca, reflejando la pe­ricia formal del escritor y guionis­ta. Y es también una crítica severa y angustiosa de la gratuidad que la violencia adquiere en una sociedad banalizada hasta el hartazgo.

 

Safari, Pablo Toro, Montacerdos, 2021, 296 páginas, $14.900.

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