Ciudades virales e imposibles

Variaciones, el conjunto de relatos de Fernando Pérez Villalón, se compone de dos partes: la primera está formada por 24 cuentos acerca de los efectos de un virus en la vida urbana; la segunda, por 27 historias sobre mundos y lenguas creados a partir del alfabeto. Desde un tono de ironía y desolación, esta cuidada serie de cuentos tensiona el relato realista y constituye una buena propuesta narrativa, la que se suma a la obra poética del autor.

por Alejandra Ochoa I 15 Junio 2022

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Variaciones, de Fernando Pérez Villalón, es un conjunto de breves relatos estructurado en dos secciones: “Visiones virales” y “Alfabeto de ciudades”; ambas se centran en la idea musical del título, una base común y sus posibles derivaciones. Se trata de 24 relatos que exploran cómo un virus innominado transforma la vida urbana, y 27 que crean mundos y lenguas a partir de cada letra del alfabeto.

“Al principio —arranca el libro— a muchos la idea de quedarse en casa para disminuir el contagio les pareció intolerable. Se habló de claustrofobia, confinamiento, encierro y hasta cárcel”. Con este inicio en clave realista, cada uno de los 24 relatos se abre a otros mundos posibles, introduciendo elementos fantásticos que especulan sobre la duración de una pandemia y sus consecuencias. Es un acertado juego creativo, que proyecta impensados futuros para los habitantes de una urbe cualquiera, en la que el virus lleva ya muchos años de existencia. En una secuencia a ratos distópica, Pérez Villalón va relatando historias en las que la cuarentena prolongada inhibe el deseo sexual, acrecienta el anhelo de soñar o muta los cuerpos; otras en las que se buscan remedios inusitados para el virus o emergen nuevas religiones.

La ciudad aparece representada como un afuera amenazante; la vida se vive en interiores seguros. Sobresale el relato XXIII, uno de los últimos de la sección, porque es el único escrito en primera persona y porque en él se amplifican las secuelas del encierro. El personaje deja de desplazarse, se recluye, se inmoviliza y se repliega sobre sí mismo para concluir diciendo: “Adiós a la boca, los ojos y las orejas. Dejé de respirar y me confiné al pensamiento. Ahí encerrado en mí mismo, sin tiempo ni espacio, estaría a salvo”. Una suerte de imbunche que representa la aniquilación física y existencial, que resulta inquietante en su automutilación.

Es un acertado juego creativo, que proyecta impensados futuros para los habitantes de una urbe cualquiera, en la que el virus lleva ya muchos años de existencia. En una secuencia a ratos distópica, Pérez Villalón va relatando historias en las que la cuarentena prolongada inhibe el deseo sexual, acrecienta el anhelo de soñar o muta los cuerpos; otras en las que se buscan remedios inusitados para el virus o emergen nuevas religiones.

En la segunda sección del libro, el desarrollo serial alfabético juega con la creación de un crisol de mundos sobre la base de la diferenciación lingüística. En la mayoría de ellos aparece un viajero, un extranjero que intenta calzar en espacios y lenguas extrañas, lo que entronca con lo señalado por el propio autor, en el sentido de que estos relatos se enlazan con la tradición del cuento corto, entre cuyos representantes está Calvino y sus Ciudades invisibles, serie de relatos de viaje que Marco Polo comparte con Kublai Kan, emperador de los tártaros.

En la ciudad B la comunicación se juega a partir de una gama de silencios; en D por la cantidad de lenguas; en otras es imposible la afirmación, hablar del pasado o la referencia al otro. En la ciudad G se perpetúa una educación sexista que incomunica a mujeres y hombres. Las lenguas son descritas desde una perspectiva especializada, emerge el discurso de los lingüistas y de los antropólogos, quienes son citados para describir y teorizar sobre lenguas tonales, usos del subjuntivo, inflexiones, alusiones. Se produce un efecto contrastado entre la construcción de mundos que se perciben como lejanos en el tiempo y el discurso científico contemporáneo.

Si en la primera parte se distingue el uso de una sutil ironía, la que ciertamente permite revisitar prácticas y costumbres que dábamos por seguras, mirando con renovados ojos nuestras rutinas interrumpidas —aunque también proyectando sombras de aniquilación y muerte en un futuro distópico que se vislumbra demasiado cercano—, en la segunda el tono dominante es de desolación, la que tamiza la creación de urbes atemporales, inaccesibles y finalmente clausuradas para el viajero, porque la lengua ya no comunica sino que expulsa: es imposible entonces la idea de comunidad.

Pérez Villalón trabaja con cuidado la seriación y arma un conjunto que cumple la programación del título. Los breves relatos de ambas secciones se comunican entre sí, hay un juego de resonancias en la exploración de diversas formas de vida urbana y un interés por tensionar y superar el relato realista, ofreciendo una primera propuesta narrativa bien estructurada, que se suma a su previa producción poética.

 


Variaciones, Fernando Pérez Villalón, Saposcast, 2021, 136 páginas, $12.000.