Demasiado visible

La persecución de un artista, las pugnas políticas en la Colombia decimonónica y la naturaleza como misterio son algunos de los elementos de Peregrino transparente, la última novela de Juan Cárdenas. La presencia de la metaficción y el acercamiento a la poesía recuerda a otras novelas históricas latinoamericanas de la última década, como Muerte súbita de Álvaro Enrigue o El año del verano que nunca llegó de William Ospina. La gran distinción, además de girar en torno a un artista ficticio, es la segunda parte de este libro, un discurso fragmentado que en sus mejores momentos evoca el lenguaje de la poesía contemporánea, pero en los peores es un cúmulo de referencias librescas y pop conectadas con más pretensión que ingenio.

por Sebastián Duarte Rojas I 27 Junio 2023

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Peregrino transparente, la nueva novela de Juan Cárdenas y la tercera que se edita en Chile tras El diablo en las provincias y Los estratos, comienza como un relato que deja ver su proceso de escritura, las notas del escritor que imagina “una especie de aventura, un wéstern, quizá, acerca de un humilde pintor de iglesias”. Desde la lectura de Peregrinación de Alpha, de Manuel Ancízar, una crónica de viaje colombiana del siglo XIX, el narrador se introduce en la vida de dos pintores que formaron parte de la Comisión Corográfica, un proyecto científico que buscaba describir la población, los recursos naturales y la cartografía del territorio entonces denominado Nueva Granada.

El primer artista de la Comisión, Carmelo Fernández, queda fascinado ante la obra de un pintor indígena de identidad desconocida que, si bien trabaja motivos religiosos clásicos, elabora sorprendentes detalles en los bordes, en los que algo parece esconderse. Su sucesor, el inglés Henry Price, es más escéptico en un principio, pero tras observar de cerca el efecto de aquellas obras repartidas en pequeñas iglesias, sucumbe ante la obsesión por encontrar al huidizo artista, a quien logra identificar como un tal Pandiguando, todo en medio de un ambiente político cada vez más agitado.

Tras una segunda parte de contenido anacrónico, las últimas 50 páginas del libro son el anunciado wéstern en que un joven abogado visita la cárcel donde se encuentra Pandiguando. Esto ocurre tras el conflicto entre dos facciones liberales, los cachacos, miembros de la élite y defensores del libre mercado, y los guaches, plebeyos organizados en protosindicatos que resultaron vencidos, muertos o encarcelados. El abogado lleva un indulto para el artista, con la condición de que se una a la Comisión Corográfica, pero luego de que este se le escapa, se convierte en el sheriff de la historia, el hombre de la ley que persigue al fugitivo a través de la indómita naturaleza neogranadina.

Toda la novela se entiende sin ese añadido y el de otros pasajes en que la voz autoral se hace demasiado visible. Como nos recuerda esa famosa máxima, suele ser mejor mostrar que decir. Y esta novela muestra —a veces con gran maestría, ya que Cárdenas es sin duda un narrador de talento—, pero luego insiste en decir, como temiendo que no seamos capaces de comprender lo que ya vimos.

El epígrafe en griego que abre la primera parte, un fragmento de Heráclito que se puede traducir como “la naturaleza ama ocultarse”, anuncia la intrincada relación entre arte y ciencia en estos pintores profesionales y de formación europea que intentan capturar lo natural, aunque siempre se les escapa algo que solo aparece en la obra de Pandiguando, quien se esconde de los pintores y del abogado (y del narrador) igual que la naturaleza.

Con esa estructura central de la persecución de un artista, además de la mirada hacia lo europeo, la presencia de la metaficción y el acercamiento a la poesía, Peregrino transparente recuerda a otras novelas históricas latinoamericanas de la última década, como Muerte súbita de Álvaro Enrigue o El año del verano que nunca llegó de William Ospina. La gran distinción, además de girar en torno a un artista ficticio, es la segunda parte de este libro, un discurso fragmentado que en sus mejores momentos evoca el lenguaje de la poesía contemporánea y, quizás, incluso a Heráclito, pero en los peores es un cúmulo de referencias librescas y pop conectadas con más pretensión que ingenio: “Dylan le pregunta a Kanye: ¿sabés cuál es el secreto de la mercancía? y Kanye dice: Yo, Yo y Yo. KanYo. Dylan sonríe: así es. Y vos, abuela, ¿sabés cuál es el secreto de la mercancía? y la abuela Fanny responde: ¿Kanye? Dylan dice: no, no, abuela. el [sic] secreto de la mercancía es tu ojo malo el pellejo grisverdoso que lo cubre el pájaro que canta oculto en el follaje del comunismo”.

Y sí, se entiende, el punto de esta parte es asemejarse a la naturaleza como Pandiguando, ocultar y oscurecer su mensaje y forzarnos a pensar en la literalidad, otro de sus temas. Pero justamente ese es el problema: que toda la novela se entiende sin ese añadido y el de otros pasajes en que la voz autoral se hace demasiado visible. Como nos recuerda esa famosa máxima, suele ser mejor mostrar que decir. Y esta novela muestra —a veces con gran maestría, ya que Cárdenas es sin duda un narrador de talento—, pero luego insiste en decir, como temiendo que no seamos capaces de comprender lo que ya vimos: “Price no lo sabe, pero en medio de su extravío acaba de dar con una de las claves de la dominación territorial del continente: la política colonial de los nombres”.

 


Peregrino transparente, Juan Cárdenas, Montacerdos, 2023, 234 páginas, $16.900.

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