Esas preciosas y pobres mujeres

Si en Sobre Barbara Loden Nathalie Léger duda entre “escribir a condición de ignorarlo todo o escribir a condición de no omitir nada”, en el libro En busca del cielo el reto cambia dramáticamente: allí la autora se enfrenta a la búsqueda de una lengua que sea capaz de revelar lo que la muerte de su esposo implica. Y si bien sabe que las palabras sobre “la verdad” de la muerte no existen, también tiene la certeza de que la escritura es el único lugar donde reunir todo lo que su pareja significó.

por Ángeles Quinteros I 9 Junio 2023

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Para hablar de la escritora francesa Nathalie Léger (1960) hay que hablar de la actriz y directora estadounidense Barbara Loden (1932-1980), y para hablar de Barbara Loden hay que hablar de Wanda, el personaje de su (única) película homónima, una obra de culto del cine norteamericano que, al momento de ser estrenada, en 1970, apenas se vio en su país, a pesar de ganar el León de Oro en el Festival de Venecia.

¿Quiénes son todas ellas?

Esa es la pregunta que instala el libro Sobre Barbara Loden, sin que el ejercicio se agote en una respuesta unívoca. Pero intentemos un esbozo. Nathalie Léger, además curadora y editora, ha escrito tres libros cruzados por vidas de mujeres —La exposición (2008), Sobre Barbara Loden (2012) y La Robe blanche (2018)— en los que aprovecha también de hablar un poco de sí misma, de su madre y de la dificultad para vivir a la que se enfrentan las mujeres —casi todas— en algún momento de su existencia. Dificultad para jugar el papel, cualquiera sea este, para hacer lo que una mujer tiene que hacer, para ser parte del juego y tener una voz y estar con los pies bien plantados en la tierra y sostener con dignidad las miradas ajenas.

Léger hace un repaso detallado de Wanda mientras va intercalándola con su propia vida y la vida de su directora: Loden es Wanda: escribe, dirige y protagoniza la película cuya historia se repite detrás de las cámaras, en donde ambas se unen a través de la tristeza de una vida vaciada de propósito. “Todas las mujeres se ven obligadas a ser actrices”, dice la actriz francesa Delphine Seyrig, afirmación citada por Léger que no es casual, pues en el caso de Loden y Wanda hay una dificultad esencial para desempeñar el papel que a la sociedad le acomoda. Almodóvar dijo sobre Wanda: “Una mujer errática, desorientada… esas preciosas y pobres mujeres que no le importan a nadie”. Ella renuncia a su vida —hijos, marido, casa— sin casi decidirlo, sino por una especie de inercia: no puede seguir fingiendo, no sabe actuar, cuidar de sus hijos, conseguir un trabajo ni ser útil para alguien, para algo, y comienza entonces un vagabundeo por bares, autopistas y hombres desde su pobre ciudad minera natal para terminar dejándose llevar por un ladrón, de quien se convierte en cómplice en el atraco a un banco.

Léger indaga a tientas, temblando y utilizando las palabras, según declara, como el kintsugi de su alma trizada, esa resina con polvo de oro que usan los japoneses para reparar los objetos rotos. El intento, claro está, queda corto, pero así es, en parte, la escritura de Léger: un ejercicio desesperado por rescatar a los muertos del silencio.

Su historia es a la vez el eco de la historia de Loden, quien escapó también de su precario hogar hacia Nueva York con solo 17 años, para convertirse en modelo pin-up y bailarina del Copacabana, hasta convertirse en actriz y esposa de nada menos que Elia Kazan, quien la describiría así: “De una naturaleza muy ruda, puede ser cruel, es agresiva, resistente al mal; quiere ser independiente, encontrar su propio camino”. Los finales son distintos, pero la procesión no: ambas vivieron anestesiadas, “atravesé la vida como una autista, convencida de que no valía nada, incapaz de saber quién era, yendo de un lugar a otro, sin dignidad”, asegura Loden, y esa errancia es la misma de Wanda, para quien la vida convencional (si es que eso existe) se presenta como un misterio imposible de ser develado.

¿Hay salvación posible para ellas?

Wanda sale al rescate de Loden al ser una manera de afirmar su existencia como mujer y artista, y también sale al rescate de Léger al permitirle escribir sobre su madre —“Una mujer derrotada, humillada por un hombre sin haber podido ni sabido defenderse”— para comprenderla, para entender su angustia e impotencia. ¿Es eso suficiente? Acá la escritura de Léger, una que trasciende los géneros, pues mezcla distintos registros en sus textos, se topa con la realidad, ya que los vacíos en la biografía de Loden deben ser llenados con ficción, proyecciones y suposiciones desprendidas de la propia vida de la autora, aunque la escritura de este libro ya sea un acto reivindicatorio de estas vidas marginadas, cuyo único lugar de aparición es la crónica roja, sitio donde alguna vez Loden leyó sobre el atraco al banco que dio vida a la historia de Wanda.

Si en Sobre Barbara Loden Léger duda entre “escribir a condición de ignorarlo todo o escribir a condición de no omitir nada”, en el libro En busca del cielo el reto cambia dramáticamente: allí la autora se enfrenta a la búsqueda de una lengua que sea capaz de revelar lo que la muerte de su esposo implica; y si bien sabe que las palabras sobre “la verdad” de la muerte no existen, también tiene la certeza de que la escritura es el único lugar donde reunir todo lo que su pareja significó. Entonces recopila imágenes, sensaciones, citas y pensamientos; también aquellas palabras que no se encuentran, simplemente no se han inventado aún. Esta enumeración constituye un inventario —de lo que hay y lo que no, qué es lo que queda de ese otro— y un mapa, tal como señala la cita de Jean-Loup Rivière que abre este libro de duelo: “Para saber dónde estoy, hace falta el mapa de donde no estoy”. Con las palabras que le quedan, delimita el nuevo territorio que, ahora, la viuda y el muerto comparten: “Estás acá, no ahí, ahí, acá”. Léger indaga a tientas, temblando y utilizando las palabras, según declara, como el kintsugi de su alma trizada, esa resina con polvo de oro que usan los japoneses para reparar los objetos rotos. El intento, claro está, queda corto, pero así es, en parte, la escritura de Léger: un ejercicio desesperado por rescatar a los muertos del silencio, por entenderlos y traducirlos a palabras que, con suerte, puedan salvarlos del olvido.

 


Sobre Barbara Loden, Nathalie Léger, Chai Editora, 2021, 101 páginas, $15.210.

 


En busca del cielo, Nathalie Léger, Chai Editora, 2020, 76 páginas, $15.900.

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