“La mafia de los pobres”

“¿Cómo se crea un monstruo humano? ¿Cómo se crean tantos? ¿Cómo se crea una sociedad monstruosamente violenta?”. Estas son las preguntas que se viene haciendo hace más de una década el periodista Óscar Martínez, que ha intentado darles respuesta en cinco libros que son una exploración por determinar los bordes y el espesor de un fenómeno criminal que ha convertido a El Salvador, un país de 6,3 millones de habitantes, en una profunda fosa común.

por Jorge Rojas G. I 2 Agosto 2023

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¿Cómo se crea un monstruo humano? ¿Cómo se crean tantos? ¿Cómo se crea una sociedad monstruosamente violenta?”.

Estas son las preguntas que se viene haciendo hace más de una década el periodista Óscar Martínez, de 40 años y jefe de redacción de Elfaro.net. Ha intentado darles respuesta en cinco libros que son una exploración por determinar los bordes y el espesor de un fenómeno criminal que ha convertido a El Salvador, un país de 6,3 millones de habitantes, en una profunda fosa común: “Nos matamos como una epidemia”, dice en Los muertos y el periodista.

Martínez utiliza la divagación para “hilvanar” un conjunto de historias donde la muerte es protagonista y, de paso, mostrar los dilemas del periodismo cuando se trata de narrar el crimen organizado: “Si aquella noche del domingo 16 de abril de 2017 yo no hubiera aparecido en el cantón Santa Teresa, quizá Herber no habría sido asesinado a machetazos en la cara; quizá Wito no habría sido decapitado; quizá Jesica no habría tenido que huir. A Rudi, a ese sí, creo que lo habrían matado de cualquier forma”, escribe en el primer párrafo.

Y es que Rudi, de 13, 14 o tal vez 15 años, no podía tener otro destino: en un país donde hubo 103 homicidios por cada 100.000 habitantes durante el año 2015, los finales trágicos son predecibles. Si no te persigue la pandilla rival, lo hace el Estado, y a Rudi lo buscaban ambos.

Rudi se había convertido en el único sobreviviente de una facción de la mara Barrio 18, cuyo nombre apenas podía pronunciar, luego que un grupo de policías asesinara al resto de sus compañeros, aun cuando ya estaban rendidos. Martínez, que suele investigar con la rigurosidad y paciencia con la que los doctores de antes auscultaban a sus pacientes, dedujo rápido que aquello había sido una masacre. Y durante varios meses se reunió con Rudi para conocer su testimonio, mientras este huía por el monte, durmiendo en “abrevaderos de cerdos”: “Hoy hablé con un muchacho que va a ser asesinado”, escribió en su libreta durante aquel primer encuentro.

Óscar Martínez plantea una lectura desmitificada de las pandillas, que está lejos de responder al imaginario de ‘cartel’ que proyecta el crimen organizado en México o Colombia. ‘La mafia de los pobres’, lo llama él. Niños que casi nada conocen del origen ‘metalero’ que alguna vez tuvieron las maras cuando nacieron en Los Angeles, Estados Unidos, a fines de la década del 70, y que hoy, 30 años después de haber sido deportadas a El Salvador, sus miembros más jóvenes apenas saben por qué asesinan.

¿Qué es la violencia extrema?”, se pregunta Martínez.

Y lo dice porque en El Salvador hay cuerpos multibaleados, cruelmente desmembrados y quemados para que nadie pueda reconocerlos. También hay metáforas para digerir la barbarie: “Cuando a alguien le retiran los brazos, piernas y cabeza, lo han asesinado haciéndole un ‘corte de chaleco’; cuando a alguno le impactó un disparo de escopeta en la cabeza, deshaciéndosela, ‘le destaparon el coco’; si lo lanzaron a un pozo, lo pusieron a ‘tomar agua’; y si quedó boca arriba en algún monte, quedó ‘contando estrellas’”.

A través de Rudi, Óscar Martínez plantea una lectura desmitificada de las pandillas, que está lejos de responder al imaginario de “cartel” que proyecta el crimen organizado en México o Colombia. “La mafia de los pobres”, lo llama él. Niños que casi nada conocen del origen “metalero” que alguna vez tuvieron las maras cuando nacieron en Los Angeles, Estados Unidos, a fines de la década del 70, y que hoy, 30 años después de haber sido deportadas a El Salvador, sus miembros más jóvenes apenas saben por qué asesinan: “A saber por qué salió este gran desvergue”, le dijo Rudi alguna vez.

En este libro también hay otros personajes, testigos que distorsionan la voz como Darth Vader para no ser identificados, sicarios, policías corruptos y una madre que busca limpiar el nombre de su hijo fallecido, al que la policía confundió con un delincuente cuando unos pandilleros se escondieron en su casa. En todas estas historias, Martínez intenta explicar las decisiones que le han permitido narrar la violencia: “Uno no salva a nadie”, concluye.

Los muertos y el periodista no es un relato sobre cómo los jóvenes desplazados por la guerra civil formaron las pandillas en Estados Unidos. De eso Martínez se hizo cargo en El niño de Hollywood. El ejercicio acá es una catarsis. O una especie de terapia que no solo puede interpretarse como un viaje personal por “la esquina más violenta del mundo”, sino también como una travesía colectiva hacia el averno, un recorrido por la memoria. Su memoria: desenterrar de su cabeza los cuerpos de aquellos que fueron asesinados, para entender y explicar cómo vivieron y por qué partieron.

 

Fotografía: Óscar Martínez durante su conferencia en la Cátedra Abierta UDP en homenaje a Roberto Bolaño.

 


Los muertos y el periodista, Óscar Martínez, Anagrama, 2021, 232 páginas, $20.000.

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