Rituales en nombre de la literatura

El lector en su paraíso, de Jacobo Zanella, es la materialización de un viejo impulso: la biblioteca imposible, compuesta, a su vez, de referencias imposibles. Aquí cada concepto destila elocuencia, autenticidad y retazos de ese saber colectivo y humano con el cual todavía es posible fascinarse.

por Josefa Miquel I 15 Julio 2026

Compartir:

“Piérdase en la erudición despreocupada de este libro”, advierte de entrada el autor de este libro, Jacobo Zanella, conocido como editor de Gris Tormenta. Sin aprensiones ni remilgos, salte al vacío y apueste contra la nada: asómese a lo desconocido. El paraíso del lector es el tipo de artefacto literario que vemos pulular cada cierto tiempo: una enciclopedia hecha de enciclopedias, una muñeca rusa de referencias literarias y mundos compartidos. A ratos recuerda ¿Hay alguien ahí?, de Peter Orner, o bien Escuchar la nieve, del propio Zanella. Una cantera de proyectos e ideas, una narrativa complementaria de la historia de la literatura occidental. Por sobre todo, la intuición lectora íntima, específica y enrarecida de quienes vemos en la lectura, como bien lo dijo Virginia Woolf, “una pasión humana y desinteresada”.

Surgen entonces las categorías rebuscadas y los aglutinamientos aparentemente arbitrarios, no por eso careciendo de malicia la una y de ingenio la otra: los libros no leídos, los libros inventados por Borges, los libros que han cambiado el mundo, los catalizadores de escritura, los clásicos según Calvino, la evolución de la dialéctica moderna (de Bacon y Descartes a Kafka y Beckett: ¿qué hemos hecho mal?), las conexiones personales de Foster Wallace, los equívocos entre historias y autores de Baricco, quien, por lo demás, asegura que Michael Kohlhaas le correspondía escribirlo a Dostoievski, mientras que El caballero inexistente a Kafka y El Aleph a Calvino. Hablamos por lo tanto de relatos sobre relatos, de las trastiendas de la escritura, las manías, las adicciones, las observaciones erráticas, las discusiones interminables sobre lo mejor y lo peor.

Jacobo Zanella se limita a recopilar una lista hecha de listas, pero no por ello su enumeración deja de ser personal: en esa subjetividad auténtica de la estructura por sobre la unidad, encontramos la firma inequívoca de su autor. Se trata de concebir esa biblioteca inagotable e imaginaria, que no está exenta de controversias, desgracias, secretos y humor. A ratos, de hecho, recuerda la icónica quema del barbero y el cura de Cervantes. Una invitación al lector a desear saber más, adentrarse en ese listado, subrayar sus sugerencias y revelar un resquicio a través del cual acceder al mundo, pero no cualquier mundo: los mundos dentro del lenguaje, los entretejidos que acompañan nuestra propia historia, la historia, si se quiere, de la civilización misma.

Hay quizás pocas sorpresas más gratas e íntimas que descubrir en un libro esa referencia ad hoc, tan precisa que asusta, que retrotrae a esa sabia máxima de la literatura: en ella hay algo para todos. Descubrir, sin aviso, la ampliación de un deseo, o bien, de una idea que no sabíamos que era tal hasta que la encontramos insinuada en la lectura. Por eso esta es una oda, un saludo a la bandera, un ritual antiguo de adoración y respeto a la literatura como reina, diosa y testigo.

Más que un catálogo bibliográfico, se trata de la materialización de un viejo impulso: la biblioteca imposible, compuesta, a su vez, de referencias imposibles. Es un libro que conviene leer con destacador y lápiz en mano, cada concepto de esta enciclopedia destila elocuencia, autenticidad y retazos de ese saber colectivo y humano con el cual, quienes tienen la suerte de aprender a hacerlo, es posible fascinarse. Y es que el título mismo nos previene al respecto: es un paraíso, un deleite, un placer. Hay quizás pocas sorpresas más gratas e íntimas que descubrir en un libro esa referencia ad hoc, tan precisa que asusta, que retrotrae a esa sabia máxima de la literatura: en ella hay algo para todos. Descubrir, sin aviso, la ampliación de un deseo, o bien, de una idea que no sabíamos que era tal hasta que la encontramos insinuada en la lectura. Por eso esta es una oda, un saludo a la bandera, un ritual antiguo de adoración y respeto a la literatura como reina, diosa y testigo.

Pero no se trata de saber, o peor, de aprender, sino de sanar una vieja herida: la pulsión de coleccionar, atesorar, poseer. Esta enciclopedia aboga por la curiosidad y nos exime del pecado por acumular. Sus páginas recuerdan la extinta práctica de buscar algo en un otro, de escudriñar, examinar, enlistar, ordenar. Irónicamente, en esa incesante categorización es precisamente donde surge lo infinito: el verdadero paraíso del lector.

 


El lector en su paraíso: Diccionario de una biblioteca imposible, Jacobo Zanella, Ediciones UACh, 2025, 254 páginas, $13.900.

Relacionados

La muerte de la democracia

por Pablo Riquelme

Terror y fascinación

por Javier García Bustos

Gazapos, pifias, motes, lapsus

por Vicente Undurraga